BUENOS AIRES.- La quinta semana de gobierno le ofreció al presidente Néstor Kirchner el primer gran "fruto" de su gestión. El patagónico logró en 35 días lo que no consiguieron, por separado, Fernando de la Rúa ni Eduardo Duhalde: echar a Julio Nazareno de la Corte Suprema de Justicia.
Tal vez la fruta cayó madura porque el santacruceño eligió el mejor camino para ir por ella.
Embarcó al Parlamento en un proceso de juicio político con todas las de la ley y apuntó de manera "individual", en lugar de tirar al bulto de la Corte como hicieron sus antecesores.
La renuncia de Nazareno no resuelve todos los males del país, ni mucho menos. Pero sí consolida la vocación de cambio exhibida por el jefe del Estado en temas fundamentales que hacen a la credibilidad, a las instituciones y, en definitiva, a la posibilidad de una República distinta.
Todo hace prever que el Ejecutivo buscará ir por más. Y que sólo saciará su sed cuando la denominada mayoría automática menemista quede absolutamente desarticulada.
La dimisión de Nazareno, jaqueado por un proceso de juicio político promovido desde la Casa Rosada por cadena nacional, repercutió sobre la ya abultada imagen positiva del jefe del Estado que, en su primer mes de gobierno, demostró haber sintonizado con algunos de los varios reclamos de la sociedad.
Una visita clave
La deserción del riojano del alto tribunal de Justicia compartió cartel con otros hechos que surcaron el aire político local. La presencia de Horst Köhler en Argentina fue, a comienzos de semana, una visita clave para el Gobierno.
Kirchner reiteró que Argentina sólo estará en condiciones de pagar si su economía crece; dio señales de que su Gobierno ofrecerá reglas de juego claras y explicó que su administración no está dispuesta a realizar ajustes que repercutan negativamente sobre la población. De parte de Köhler, Kirchner escuchó el mismo casete que el FMI se ha colocado desde hace años a la hora de hablar de la Argentina.
Seguridad jurídica, plan económico sustentable, reformulación de la banca pública y aumento de tarifas de los servicios privatizados engrosaron nuevamente los reclamos del Fondo que, a pesar de las exigencias de siempre, se mostró dispuesto a firmar con el Gobierno de Kirchner un acuerdo por tres años.
La visita y las definiciones de Köhler le dieron una bocanada de oxígeno al oficialismo que, en los próximos meses, deberá desembolsar más de U$S 6.000 millones de dólares por vencimientos con organismos internacionales de crédito.En la Rosada saben que la vitalidad de la administración Kirchner podría debilitarse si no se llega a acuerdos razonables con el Fondo. Más allá de sus dichos de no pagar con el hambre del pueblo, Kirchner sabe que la Argentina tiene que llegar a coincidencias con los acreedores para recuperar la preciada herramienta del crédito, perdida desde los días del risueño "default" de Adolfo Rodríguez Saá.
Mientras, algunos funcionarios han comenzado a dar indicios de que en la primera quincena de julio podría haber un paquete de medidas económicas.
Nadie se atreve a delinear las características que tendría el eventual lanzamiento, pero el tema preocupa al empresariado.
Desde ese sector se le endilga a Kirchner haber dedicado su primer mes de gobierno a generar "poder político propio", postergando las cuestiones económicas.Reniegan en ese plano, por el hecho de no haber sido recibidos siquiera una vez por el primer mandatario, a quien le adjudican cierto desprecio por el empresariado, sea del origen que sea.
Reclamo empresarial
"Estamos esperando señales. No creemos que el Presidente pueda seguir mucho tiempo más así, desconectado de la economía y de las empresas si es, como dice, que quiere aumentar la producción y el trabajo", argumentan empresarios que tienen inversiones por miles de millones.
Sin pensar tanto en la economía, sino en el valor del dólar, el Gobierno lanzó medidas para ponerles un cepo a los capitales especulativos. Durante 180 días, los capitales deben estar en el país y eso disminuye la posibilidad de la timba. Sin embargo, la medida -convalidada por el FMI- no gustó en el Tesoro de Estados Unidos.Más allá de estos chisporroteos, parece estar claro que, así como el primer mes Kirchner se dedicó a la política, en lo sucesivo deberá atender cuestiones urgentes de la economía que, lentamente, comenzó a experimentar un peligroso retroceso.
En el terreno político, en tanto, el jefe del Estado se cansó esta semana de hacer gestos en favor de la reelección de Aníbal Ibarra.
El tema, sumado a otros movimientos en el interior del país, ha generado malestar interno en el PJ y promete abrir heridas en un futuro no muy lejano. Mientras Kirchner apoya a Ibarra -aunque no de manera explícita-, Felipe Solá, un sector del menemismo y algunos duhaldistas jugarán en favor de Mauricio Macri.
Tal vez porque ya percibe un choque en el futuro es que Eduardo Duhalde mandó un mensaje claro a los suyos desde Roma: "en los distritos donde el PJ no tiene candidato, voy a acompañar la decisión que tome Néstor. Donde sí el PJ tiene postulantes, voy a jugar a ganador".
En el duhaldismo nadie es ajeno a la estrategia oficial que busca amplificar la base de sustentación del Gobierno, hoy asentada sobre el duhaldismo y una enorme porción de la opinión pública que lo apoya en un 80 %.
Los movimientos de Kirchner hacia Ibarra, Hermes Binner, Angel Mazza, Rubén Marín, Luis D?Elía, Víctor De Gennaro y algunos provinciales es una muestra de lo que busca el jefe del Estado en esa carrera destinada a construir "poder real propio".
Pero, como en todo, hay posibles riesgos. ¿Cómo podría repercutir sobre Kirchner una eventual derrota de Ibarra en la Capital a manos de Macri, a sólo unos pocos meses de haber asumido el gobierno? Sin ir más lejos, ¿cómo podría afectar al Presidente una eventual derrota de Carlos Manfredotti en Tierra del Fuego, luego de haberle enviado a Daniel Scioli y a Aníbal Fernández en plan de campaña? Es cierto que Kirchner no dijo en esa pelea esta boca es mía, pero Scioli es su vice y Fernández, ministro del Interior. Deberá Kirchner, entonces, moverse con cautela para no derrapar en su ruta hacia la construcción de estructura propia.
Una tarea que, hasta el momento, le ha salido a la perfección. (DyN)







