Manuel Belgrano, creador de la Bandera

20 Junio 2011
Es quizás uno de los próceres más citados a la hora de hablar de la patria, de la libertad, de la decencia, del coraje, de la entrega desinteresada, pero uno de los menos imitados en sus nobles acciones. El 3 de junio pasado se cumplieron 241 años de su nacimiento y hoy se evocan 191 años de la muerte de Manuel Belgrano, creador de la Bandera Argentina. Abogado, periodista, vocal de la Primera Junta surgida el 25 de mayo de 1810, había estudiado leyes en Salamanca, Madrid y Valladolid. Espectador de la Revolución Francesa (1789), se empapó de las ideas de libertad, igualdad, fraternidad.

Consciente de que era necesario tener una enseña propia para fortalecer el espíritu de los soldados, creó la Bandera y el 27 de febrero de 1812, la hizo enarbolar en las barrancas del río Paraná. La primera vez que la enseña se izó en Buenos Aires fue el 23 de agosto de 1812, en la torre de la iglesia de San Nicolás de Bari, donde actualmente está emplazado el Obelisco. La Asamblea de 1813 dispuso que su uso se hiciese en secreto porque el gobierno no deseaba insistir en ese momento con símbolos independentistas. Luego de la declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816, en San Miguel de Tucumán, la bandera azul, celeste y blanca fue adoptada como símbolo por el Congreso el 20 de julio de 1816. El Congreso le agregó el sol el 25 de febrero de 1818. Ciento veinte años después, el 8 de junio de 1938, el presidente de la Nación, Roberto M. Ortiz, promulgó la ley 12.361, que establece que el 20 de junio se celebre el Día de la Bandera y lo declara feriado nacional en homenaje al prócer, muerto el 20 de junio de 1820.

Luego de la Batalla de Tucumán, Belgrano se encariñó Tucumán. Se enamoró y tuvo una hija con la tucumana Dolores Helguero. En octubre de 1819 regresó muy enfermo; solicitó una ayuda económica al gobierno provincial y le fue negada. "Yo quería a Tucumán como a la tierra de mi nacimiento, pero han sido aquí tan ingratos conmigo que he determinado irme a morir a Buenos Aires, pues mi enfermedad se agrava cada día más", le dijo a su amigo José Balbín.

"¿Qué otra cosa son los individuos de un gobierno, que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigirlos del modo que conforme al interés público... Me hierve la sangre, al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por la patria... Sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida, ése es el premio al que aspiro... Nadie me separará de los principios que adopté cuando me decidí a buscar la libertad de la patria amada, y como éste sólo es mi objeto, no las glorias, no los honores, no los empleos, no los intereses, estoy cierto de que seré constante en seguirlos... Deseo ardorosamente el mejoramiento de los pueblos. El bien público está en todos los instantes ante mi vida", afirmaba.

Quién no siente emoción al cantar: "Alta en el cielo un águila guerrera, audaz se eleva en vuelo triunfal, azul un ala del color del cielo, azul un ala del color del mar..." La Bandera es el máximo símbolo de una nación. Condensa los ideales de libertad, de independencia, de amor por esta tierra. Sería positivo si alguna vez los pensamientos de Belgrano se hicieran carne en una buena parte de la clase dirigente, más preocupada en atornillarse al poder para conservar sus privilegios, que en trabajar desinteresadamente por el bien común.

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