Se espera una mayor distribución de plata entre julio y octubre

Afirman que la prioridad de la gestión es sostener las tarifas en el área metropolitana donde se concentra la mayor cantidad de votos

19 Junio 2011
El primer semestre del año se cierra con tan sólo seis elecciones provinciales. La última será el próximo 26, en Tierra del Fuego. De las otras cinco, cuatro fueron favorables al oficialismo (Catamarca, Salta, La Rioja y Neuquén), mientras que Chubut desentonó con los planes nacionales. Si uno busca analizar el efecto político en la distribución de los fondos para obras públicas, puede esperar que esa distribución se acelere a partir del mes que viene.

Sucede que el calendario electoral marcará dos turnos en julio muy importantes para el kirchnerismo desde el punto de vista del caudal político: los de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Santa Fe. En agosto se repite el esquema con los comicios en Córdoba y en Tucumán. No obstante, el mayor peso electoral se concentra en octubre, mes en el que habrá elecciones en 11 provincias (entre ellas Buenos Aires), además de las presidenciales del 23 de ese mes.

"No creo que Cristina Fernández cierre totalmente el grifo a los gobernadores, pero ya ha marcado ciertas prioridades por dónde pasa su política fiscal", señala a LA GACETA el analista político, Carlos Germano. Y esa política se focaliza más en los subsidios que se derraman en el área metropolitana más que las obras en el interior del país.

"Hay una fuerte necesidad de sostener los subsidios que el Gobierno nacional destina para sostener las tarifas de electricidad y de gas (además del costo del transporte) en el Gran Buenos Aires y en la Capital Federal", destaca el experto. Sólo en esa zona residen hay más de 12 millones de votos, acota. Germano insiste en que no hay ninguna señal de que ese escenario se modifique durante el resto del año, porque es una de las prioridades de gestión para sostener el poder político e institucional de la Argentina.

El analista político precisa que, en cierta medida, los gobernadores aliados no tienen tantos problemas para realizar una austera campaña electoral para sostenerse en el Gobierno. "Y aún más claro se ve que la oposición no está lo suficientemente sólida para afrontar una maquinaria oficialista muy bien armada", dice.

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