Mitos y verdades sobre la dinámica reciente de la industria argentina
Según Finsoport, no hubo un cambio estructural en la industria argentina. No se fortalecieron los sectores competitivamente débiles y ahora se enfrentan en condiciones de inferioridad frente a la caída del tipo de cambio real y la más agresiva competencia externa. Esto explica el estado de pánico que alimenta la desordenada contención de importaciones.
19 Junio 2011 Seguir en 
La industria manufacturera argentina ha constituido uno de los sectores que impulsaron el crecimiento de nuestra economía con posterioridad al derrumbe del régimen de Convertibilidad. Durante los últimos años, se formularon algunos reparos respecto de la dinámica que describen los datos del Indec. Al respecto, el indicador de la Unión Industrial Argentina mostró una contracción en torno del 6% en 2009, una recuperación/crecimiento similar al observado por el Indec en 2010 y una expansión superior a 9% en el primer cuatrimestre de este año, señala la consultora Finsoport.
Independientemente de la cuestión estadística, se han elaborado diferentes relatos respecto de la dinámica del sector. El de mayor consenso oficial reside en la idea de que el sostenimiento del tipo de cambio real en un nivel "competitivo" constituyó una política clave en aras de alcanzar un cambio estructural en el sector industrial argentino. En ese contexto, Finsoport propone analizar el sector, dejando de lado los "mitos" e intentando alcanzar las "verdades", agrupando a los diferentes sectores en tres subgrupos: Exportadores (Alimentos, Derivados del Petróleo, Químicos, Metales básicos, Equipamiento médico y Automóviles), Formadores de Precios (Tabaco, Madera, Papel, Edición y Minerales no metálicos) y Amenazados por Importaciones (Textiles, Indumentaria, Maquinaria, Equipamiento eléctrico, Equipos de radio y TV y Muebles).
En el primer caso, dice la firma encabezada por el economista Jorge Todesca, se trata de actividades que han logrado situarse relativamente sobre el "estado del arte global" en términos de tecnología, escala y diseño. Por ende, dado que estos sectores pueden destinar su producción a satisfacer la demanda interna o al consumo externo, el precio en moneda nacional de estos bienes queda definido por el tipo de cambio nominal y por la cotización internacional de los productos. En la etapa pos Convertibilidad, logró expandir su relevancia al interior del sector industrial, superando los volúmenes de producción alcanzados en el mejor año de la década de 1990 (1998).
El otro bloque
En el caso de los Formadores de precios, indica Finsoport, atienden principalmente al mercado interno y que, por su carácter de fabricantes de bienes diferenciados y/o por la débil competencia de las importaciones, cuentan con la capacidad de establecer los precios de venta domésticos. Entre 2003 y 2007, estas ramas mostraron aumentos acumulados en sus volúmenes de producción de dos dígitos. Luego, hasta 2010, la tasa de expansión se desaceleró, reflejando la caída de la demanda interna entre fines de 2008 y de 2009. Y se recuperaron a ritmos de crecimiento en torno de 10%. Al igual que lo señalado para los sectores Exportadores, las ramas Formadoras de precios lograron aumentar su incidencia en el sector manufacturero en el período pos Convertibilidad, superando en 2010 los volúmenes de producción alcanzados en 1998.
El tercer subgrupo
Finalmente, el segmento de Amenazados por Importaciones reúne a ramas que se abocan a atender al mercado interno, como consecuencia de su déficit de competitividad-precio (costo salarial) y no-precio (escalas y tecnologías de producción) respecto de la industria brasileña y de los fabricantes asiáticos, a nivel global.
Para este grupo, la evolución del tipo de cambio nominal afecta al precio de las importaciones y, de ese modo, al precio de referencia del mercado local. Entre 2003 y 2007, aprovechó la significativa suba en el tipo de cambio real generada por el derrumbe de la Convertibilidad, para sustituir importaciones en el mercado interno. Pero, hasta 2010, los volúmenes de producción permanecieron estancados (Indumentaria o Equipamiento eléctrico) o se contrajeron (Textiles y Maquinaria).
Contrariando la hipótesis de cambio estructural, la existencia de un tipo de cambio real competitivo resultó insuficiente para evitar que sectores de empleo y conocimiento intensivos redujeran su incidencia en la producción manufacturera en los últimos años, indica Finsoport. Esta dinámica heterogénea y ausente de cambio estructural se vincula con diversos fenómenos macroeconómicos:
La debilidad de numerosas ramas Amenazadas por importaciones determina una elevada dependencia para el proceso de crecimiento de los bienes foráneos, lo que a su vez se vincula con la baja en el superávit comercial.
Las dificultades que muestran los sectores empleo intensivos explican la reducida elasticidad empleo/producto que exhibe la industria, en particular, y nuestra economía, en general, que ha consolidado la tasa de desocupación en un nivel estructural próximo a 7%.
Lamentablemente, en lugar de realizar una política industrial integral y orientada a que los sectores de menor competitividad superen sus falencias, el Gobierno robustece el mecanismo de licencias no automáticas, acota Todesca. En los primeros meses de este año, esa medida logró incrementar ostensiblemente la producción de ramas como Textiles y Metalmecánica. Sin embargo, si no ataca las falencias estructurales de esos sectores, esa política sólo alcanzará efectos transitorios. Más aún, en la medida en que genera represalias por parte de nuestros socios comerciales, ese instrumento puede debilitar la dinámica de los sectores industriales exportadores (como Aceites vegetales o Automotores), alerta el informe de Finsoport.
Independientemente de la cuestión estadística, se han elaborado diferentes relatos respecto de la dinámica del sector. El de mayor consenso oficial reside en la idea de que el sostenimiento del tipo de cambio real en un nivel "competitivo" constituyó una política clave en aras de alcanzar un cambio estructural en el sector industrial argentino. En ese contexto, Finsoport propone analizar el sector, dejando de lado los "mitos" e intentando alcanzar las "verdades", agrupando a los diferentes sectores en tres subgrupos: Exportadores (Alimentos, Derivados del Petróleo, Químicos, Metales básicos, Equipamiento médico y Automóviles), Formadores de Precios (Tabaco, Madera, Papel, Edición y Minerales no metálicos) y Amenazados por Importaciones (Textiles, Indumentaria, Maquinaria, Equipamiento eléctrico, Equipos de radio y TV y Muebles).
En el primer caso, dice la firma encabezada por el economista Jorge Todesca, se trata de actividades que han logrado situarse relativamente sobre el "estado del arte global" en términos de tecnología, escala y diseño. Por ende, dado que estos sectores pueden destinar su producción a satisfacer la demanda interna o al consumo externo, el precio en moneda nacional de estos bienes queda definido por el tipo de cambio nominal y por la cotización internacional de los productos. En la etapa pos Convertibilidad, logró expandir su relevancia al interior del sector industrial, superando los volúmenes de producción alcanzados en el mejor año de la década de 1990 (1998).
El otro bloque
En el caso de los Formadores de precios, indica Finsoport, atienden principalmente al mercado interno y que, por su carácter de fabricantes de bienes diferenciados y/o por la débil competencia de las importaciones, cuentan con la capacidad de establecer los precios de venta domésticos. Entre 2003 y 2007, estas ramas mostraron aumentos acumulados en sus volúmenes de producción de dos dígitos. Luego, hasta 2010, la tasa de expansión se desaceleró, reflejando la caída de la demanda interna entre fines de 2008 y de 2009. Y se recuperaron a ritmos de crecimiento en torno de 10%. Al igual que lo señalado para los sectores Exportadores, las ramas Formadoras de precios lograron aumentar su incidencia en el sector manufacturero en el período pos Convertibilidad, superando en 2010 los volúmenes de producción alcanzados en 1998.
El tercer subgrupo
Finalmente, el segmento de Amenazados por Importaciones reúne a ramas que se abocan a atender al mercado interno, como consecuencia de su déficit de competitividad-precio (costo salarial) y no-precio (escalas y tecnologías de producción) respecto de la industria brasileña y de los fabricantes asiáticos, a nivel global.
Para este grupo, la evolución del tipo de cambio nominal afecta al precio de las importaciones y, de ese modo, al precio de referencia del mercado local. Entre 2003 y 2007, aprovechó la significativa suba en el tipo de cambio real generada por el derrumbe de la Convertibilidad, para sustituir importaciones en el mercado interno. Pero, hasta 2010, los volúmenes de producción permanecieron estancados (Indumentaria o Equipamiento eléctrico) o se contrajeron (Textiles y Maquinaria).
Contrariando la hipótesis de cambio estructural, la existencia de un tipo de cambio real competitivo resultó insuficiente para evitar que sectores de empleo y conocimiento intensivos redujeran su incidencia en la producción manufacturera en los últimos años, indica Finsoport. Esta dinámica heterogénea y ausente de cambio estructural se vincula con diversos fenómenos macroeconómicos:
La debilidad de numerosas ramas Amenazadas por importaciones determina una elevada dependencia para el proceso de crecimiento de los bienes foráneos, lo que a su vez se vincula con la baja en el superávit comercial.
Las dificultades que muestran los sectores empleo intensivos explican la reducida elasticidad empleo/producto que exhibe la industria, en particular, y nuestra economía, en general, que ha consolidado la tasa de desocupación en un nivel estructural próximo a 7%.
Lamentablemente, en lugar de realizar una política industrial integral y orientada a que los sectores de menor competitividad superen sus falencias, el Gobierno robustece el mecanismo de licencias no automáticas, acota Todesca. En los primeros meses de este año, esa medida logró incrementar ostensiblemente la producción de ramas como Textiles y Metalmecánica. Sin embargo, si no ataca las falencias estructurales de esos sectores, esa política sólo alcanzará efectos transitorios. Más aún, en la medida en que genera represalias por parte de nuestros socios comerciales, ese instrumento puede debilitar la dinámica de los sectores industriales exportadores (como Aceites vegetales o Automotores), alerta el informe de Finsoport.







