28 Junio 2003 Seguir en 
El problema del consumo de drogas parece ser más grave de lo que suele pensarse. "A cualquier hora se ve a los chicos con la bolsita de pegamento en las esquinas, y cada vez son más chiquitos", dijo una vecina que, por temor, no quiso identificarse.La directora del CAPS del barrio Juan XXIII ("La Bombilla"), María Cristina Acosta de Albaca, aseguró que esa apreciación no es errada. "Llega un montón de gente a pedirnos ayuda, pero lamentablemente es muy poco lo que podemos hacer", dijo.
Marcela Olivera, una de las dos agentes sanitarias del CAPS, agregó que en sus recorridas por la zona ve a muchos chicos bajo el efecto de drogas, y que inclusive llegan al centro asistencial madres y padres con signos de haber consumido. También, en algunos casos, asisten armados, supuestamente para evitar ser asaltados en el camino.
Las profesionales hicieron un proyecto para emplazar en el viejo edificio del Instituto Cardiovascular, que quedó vacío con el traslado del Siprosa, un centro de rehabilitación para adictos, y en donde estaba la ENET 5, un instituto de alfabetización y capacitación para los recuperados. Pero nunca les prestaron atención.
"El problema en este barrio no se soluciona llenando de policías las calles, sino con trabajo estable para los adultos y con educación y salud para todos", afirmó la médica que lleva 12 años en el CAPS.
Ella explicó que hasta hace unos años, la gente más humilde del barrio se las rebuscaba con la jardinería y con el servicio doméstico, entre otras cosas, pero que ahora esas actividades decayeron mucho y las opciones laborales se acotaron terriblemente.
Profesionales
En el CAPS trabajan siete personas, y una de ellas, la psicóloga, lo hace sin percibir un sueldo porque no sale su nombramiento. Otras dos personas reciben planes sociales, y el resto cobra sueldos mínimos.
"Estamos tratando de que nos reconozcan como zona desfavorable, porque no es fácil trabajar acá. No cualquiera va a venir a hacerlo, y eso está demostrado en el hecho de que no hay asistente social porque no hay quien quiera hacerse cargo", dijo Acosta de Albaca.
En el centro asistencial no hay ni teléfono ni radio, y cuando tienen urgencias deben ir hasta la avenida Belgrano e implorarle a algún remisero que entre a "La Bombilla" para trasladar al paciente.
Marcela Olivera, una de las dos agentes sanitarias del CAPS, agregó que en sus recorridas por la zona ve a muchos chicos bajo el efecto de drogas, y que inclusive llegan al centro asistencial madres y padres con signos de haber consumido. También, en algunos casos, asisten armados, supuestamente para evitar ser asaltados en el camino.
Las profesionales hicieron un proyecto para emplazar en el viejo edificio del Instituto Cardiovascular, que quedó vacío con el traslado del Siprosa, un centro de rehabilitación para adictos, y en donde estaba la ENET 5, un instituto de alfabetización y capacitación para los recuperados. Pero nunca les prestaron atención.
"El problema en este barrio no se soluciona llenando de policías las calles, sino con trabajo estable para los adultos y con educación y salud para todos", afirmó la médica que lleva 12 años en el CAPS.
Ella explicó que hasta hace unos años, la gente más humilde del barrio se las rebuscaba con la jardinería y con el servicio doméstico, entre otras cosas, pero que ahora esas actividades decayeron mucho y las opciones laborales se acotaron terriblemente.
Profesionales
En el CAPS trabajan siete personas, y una de ellas, la psicóloga, lo hace sin percibir un sueldo porque no sale su nombramiento. Otras dos personas reciben planes sociales, y el resto cobra sueldos mínimos.
"Estamos tratando de que nos reconozcan como zona desfavorable, porque no es fácil trabajar acá. No cualquiera va a venir a hacerlo, y eso está demostrado en el hecho de que no hay asistente social porque no hay quien quiera hacerse cargo", dijo Acosta de Albaca.
En el centro asistencial no hay ni teléfono ni radio, y cuando tienen urgencias deben ir hasta la avenida Belgrano e implorarle a algún remisero que entre a "La Bombilla" para trasladar al paciente.
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