El deterioro de los monumentos

14 Junio 2011
Se suele decir con frecuencia que un buen plato de comida entra por los ojos. Significa que si este tiene una atractiva presentación predispondrá al comensal a disfrutarlo. Del mismo modo, si se luce desaliñado cuando se tiene una entrevista laboral es probable que alguien mejor vestido, aunque sea menos capaz, se quede con el puesto. Otro tanto sucede con una casa o una ciudad. Si ofrecen un aspecto exterior de suciedad no invitarán a una persona a ingresar. La escultura es una de las primeras manifestaciones artísticas del hombre que cumplía diversas funciones: religiosa, la funeraria, la conmemorativa, la didáctica y la ornamental. Esta última cumple un lugar destacado en el embellecimiento de una ciudad.

Ya sea por acción de la naturaleza, por vandalismo o por falta de mantenimiento, varias de las estatuas más valiosas de San Miguel de Tucumán están deterioradas. Por ejemplo, la de Hipólito Yrigoyen, realizada por la artista porteña Ernestina Azlor, discípula de Rivera y Orozco, tiene manchas oscuras chorreadas y el pedestal está pintado con grafitis. El apellido del dos veces presidente de los argentinos está puesto incorrectamente. La obra de mármol travertino fue inaugurada el 25 de enero de 1942. Los monumentos a Alberdi y a la Libertad de Lola Mora, ambos inaugurados en 1904, se hallan averiados. El primero tiene una capa de tierra y desde hace tiempo, en el complejo escultórico, a la mujer que simboliza la República le faltan los dedos de su mano. El techo que lo cubre también está dañado. En cuanto a La Libertad, el mármol de Carrara sufre las inclemencias del tiempo y la acción excrementicia de las aves y un grafiti de percibe en su rostro.

Tampoco se salva del daño la estatua de Belgrano que fue un regalo que les hizo en 1883 a sus comprovincianos Julio A. Roca cuando presidía la Nación. Es una obra de Francisco Cafferata que se emplazó en la plaza Independencia y en 1904, le cedió el lugar a la obra de Lola Mora. A la obra le faltan las espuelas y le aserraron el sable; leyendas hechas con felpones ensucian el pedestal.

Un descuido similar padece "Parábola", la hermosa escultura del tucumano Pompilio Villarrubia Norri que estuvo en la plaza Independencia entre 1910 y 1928, cuando la llevaron a la plazoleta Gramajo Gutiérrez ubicada frente al Cementerio del Oeste. Se debería buscar un mejor emplazamiento para esta obra por la cual su autor recibió elogios de la crítica.

De todas ellas, La Libertad es la que tiene mejor suerte porque será restaurada por tercera vez desde 1996. En 2002, el equipo restaurador de expertos de la UTN y la UNT, dirigido por Beatriz Cazzaniga, aconsejó que el personal municipal hiciese un control minucioso y mensual, tanto de la vegetación circundante como de los pájaros, para evitar la acción destructiva de la superficie producida por las patas de las aves. Por otro lado, sugirió que la estatua podía ser trasladada para su protección a un ámbito cerrado y poner en su lugar una réplica.

Esta realidad refleja la ausencia de una política de mantenimiento integral y efectivo de los principales monumentos. Si se los restaura y luego no se efectúa una conservación constante, estos volverán a deteriorarse rápidamente con el riesgo de que en algún momento el daño sea irreversible. Si desde la escuela se enseñara a querer a Tucumán, posiblemente no habría tanto vandalismo con este patrimonio que todos deberíamos cuidar.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios