Prevenir y reprimir

El Estado confunde los roles y duda en las acciones.

28 Junio 2003
Por Roberto Delgado

El ministro de Gobierno, Manuel Pedernera, quedó entrampado con un discurso extemporáneo sobre la prevención del crimen. Fue cuando propuso entregar dinero o planes sociales a las familias de los presos, para evitar que caigan en el delito. Tal idea, lanzada sin prudencia en una sociedad muy sensibilizada frente al homicidio cometido en barrio Echeverría por un recluso con permiso de salida, removió más una dolorosa herida. Hoy la familia de la víctima le reprocha al funcionario por ese exceso y la comunidad se pregunta cuál es el concepto de seguridad de las autoridades cuando la violencia reina en muchos barrios.

Buenos y malos
La gente suele tener una visión maniquea de la seguridad. Hace más de un siglo, el criminalista italiano Cesare Lombroso dividía al mundo entre buenos y malos (gente normal y criminales) y sugería que había un modelo y un ámbito que producía a los delincuentes. De esta teoría se agarran los que judicializan la pobreza y sostienen que de un hogar de marginales sólo pueden salir delincuentes. Estas ideas cobran fuerza en momentos de intensa crisis y de inseguridad, como ahora. Y se sostienen en el hecho de que personas empujadas a la marginalidad terminan delinquiendo por costumbre o porque no les queda más remedio.
Frente a la teoría de Lombroso se encuentran las que se centran primero en el libre albedrío de las personas, y luego en el delito como un hecho social. Cuanto más injusta sea una sociedad, más violencia puede esperarse en ella, y por lo tanto más delito. En estas teorías se sostienen los funcionarios cuando hablan -como Pedernera- de contención social. Esto es muy comprensible cuando se ven los frutos del abandono social, que estallan cada tanto; como ocurrió anteanoche en "La Bombilla", donde los menores salen a drogarse y a atacar a sus propios vecinos. Los pocos asistentes sociales dicen que el Estado no hace nada para prevenir estas conductas y que, por lo tanto, se termina justificando, de algún modo, la teoría de Lombroso: los chicos crecen en un ambiente sin contención y van en camino a convertirse en delincuentes.Si el Estado no hace nada para prevenir conductas delictivas, ¿cómo puede escudarse en el respeto a la ley para otorgar los permisos judiciales al homicida Pedro Pedrozo?

Círculo vicioso
Pedernera, como ex juez correccional, confundió su rol: enredó su visión de magistrado legalista con su tarea como ministro ejecutivo, al que la comunidad sacudida por la crisis y por la violencia le pide respuestas ya, no utópicos planes de largo plazo.
Y si bien no cayó -como hicieron siempre los ministros políticos ante las explosiones de violencia- en el apuro de mandar a la Policía a "reventar" las villas miseria, hasta ahora no ha podido romper el círculo vicioso que desde hace muchos años envuelve este tema: no hay juez de ejecución de sentencia (a pesar de que está pedida esta figura en la reforma del Código de Procedimientos, de hace 12 años); no hay adecuado control de la conducta de los presos porque esa tarea la cumple el jefe de la cárcel, que es un funcionario político; no hay asistentes sociales para evaluar cómo se encuentran los liberados o con permiso de trabajo extramuros; las reducciones de penas se aplican masivamente todos los años, y los legisladores ignoraron puntualmente todos los proyectos enviados para cambiar esta situación.
Sobre todos estos puntos se debería ser muy ejecutivo: apurar ya para que se comience a trabajar en serio, a fin de que haya normas claras que respetar. Después, con argumentos sólidos y con una política de seguridad en serio, podrá comenzar a hablarse de prevención del delito. No durante la explosión de la violencia.

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