Permanentes o transitorios. El debate sobre la condición laboral de los trabajadores de los sectores azucarero y citrícola puso en las últimas semanas al borde de fracturas internas a los referentes empresarios de las dos principales actividades económicas de Tucumán. Está claro que cada año a los empresarios les resulta más complicado negociar salarios o condiciones de trabajo con sus referentes sindicales. En realidad, casi ni se negocia; se cumplen formalismos, se esgrimen posiciones en largas ponencias, se debate, pero poco se acuerda, especialmente en instancias oficiales, cuando las partes son convocadas por los organismos de Trabajo (Ministerio nacional o Secretaría provincial). Los paritarios laborales suelen concurrir a las audiencias con mandato de defender a ultranza lo que las bases resolvieron en asambleas. La sensación en la mayoría de los gremios es que cualquier estimación de inflación para este año -oficial o privada- terminará quedándose corta, y, en función de esa incertidumbre, van por más, por todo si es posible.
¿Les importan a los sindicalistas los argumentos empresarios sobre suba de costos en pesos y en dólares, aumento de la presión fiscal, o caída de la rentabilidad, para respaldar planteos de moderación en los reclamos laborales? Les importan mientras no interfieran en sus demandas, o sea relativamente poco.
Peor aún es cuando uno de los frentes negociadores se muestra desunido, o sin haber aclarado los puntos que sus paritarios pretenden defender, o directamente cuando ni entre ellos hay consenso sobre las propuestas en debate. Este año, en el sector azucarero había industriales que estaban dispuestos a conceder una suba salarial significativa, mientras que otros, en especial quienes responden a las empresas más grandes del sector, propiciaban que el incremento no superara los valores que estableció la CGT, en torno del 24%. Tampoco había consenso entre los dueños de los ingenios sobre los cambios que Fotia les pedía en el convenio colectivo de la actividad, para lograr que al menos un 25% de los trabajadores de las empresas azucareras sean incorporados en categoría de permanentes. La idea no les caía mal a la mitad más uno de los ingenios tucumanos, que tienen empleados permanentes de sobra, pero sí generó el rechazo de los industriales que sólo contratan trabajadores transitorios, que imaginaban que sus costos se irían por las nubes si esta demanda era aceptada. Tanta era la oposición que provocó esta pretensión de Fotia, que la dirigencia sindical tuvo que salir a gestionar ingenio por ingenio la aprobación del reclamo, y había logrado el compromiso de la mayoría de los ingenios de atender la cuestión. Pero evidentemente lo que a algunos industriales les parece razonable -permanencia e incremento salarial- a otros no les cierra, y operan para dilatar el acuerdo.
Por el lado del sector citrícola, la paritaria fue menos traumática que en la actividad azucarera, pero tampoco en este caso los sindicalistas atendieron los puntos que esgrimieron los empresarios para justificar la propuesta de morigerar la mejora salarial de la actividad. En este sector, que produce el mejor limón del mundo, también quedaron evidencia diferencias sobre formas de contratación de personal, ya que las industrias y empaques más fuertes denunciaron que el trabajo en negro en el sector las perjudica, mientras que grupos que representan a productores salieron a insistir que en la actividad no hay trabajo informal.
Sin dudas hoy negociar con los gremios les resulta más difícil a las empresas que hace unos años, de manera que una opción saludable para que los referentes laborales no se lleven todo lo que pretenden tal vez sería que la patronal muestre unidad, o consenso, o convicción sobre lo que se pretende defender.
¿Les importan a los sindicalistas los argumentos empresarios sobre suba de costos en pesos y en dólares, aumento de la presión fiscal, o caída de la rentabilidad, para respaldar planteos de moderación en los reclamos laborales? Les importan mientras no interfieran en sus demandas, o sea relativamente poco.
Peor aún es cuando uno de los frentes negociadores se muestra desunido, o sin haber aclarado los puntos que sus paritarios pretenden defender, o directamente cuando ni entre ellos hay consenso sobre las propuestas en debate. Este año, en el sector azucarero había industriales que estaban dispuestos a conceder una suba salarial significativa, mientras que otros, en especial quienes responden a las empresas más grandes del sector, propiciaban que el incremento no superara los valores que estableció la CGT, en torno del 24%. Tampoco había consenso entre los dueños de los ingenios sobre los cambios que Fotia les pedía en el convenio colectivo de la actividad, para lograr que al menos un 25% de los trabajadores de las empresas azucareras sean incorporados en categoría de permanentes. La idea no les caía mal a la mitad más uno de los ingenios tucumanos, que tienen empleados permanentes de sobra, pero sí generó el rechazo de los industriales que sólo contratan trabajadores transitorios, que imaginaban que sus costos se irían por las nubes si esta demanda era aceptada. Tanta era la oposición que provocó esta pretensión de Fotia, que la dirigencia sindical tuvo que salir a gestionar ingenio por ingenio la aprobación del reclamo, y había logrado el compromiso de la mayoría de los ingenios de atender la cuestión. Pero evidentemente lo que a algunos industriales les parece razonable -permanencia e incremento salarial- a otros no les cierra, y operan para dilatar el acuerdo.
Por el lado del sector citrícola, la paritaria fue menos traumática que en la actividad azucarera, pero tampoco en este caso los sindicalistas atendieron los puntos que esgrimieron los empresarios para justificar la propuesta de morigerar la mejora salarial de la actividad. En este sector, que produce el mejor limón del mundo, también quedaron evidencia diferencias sobre formas de contratación de personal, ya que las industrias y empaques más fuertes denunciaron que el trabajo en negro en el sector las perjudica, mientras que grupos que representan a productores salieron a insistir que en la actividad no hay trabajo informal.
Sin dudas hoy negociar con los gremios les resulta más difícil a las empresas que hace unos años, de manera que una opción saludable para que los referentes laborales no se lleven todo lo que pretenden tal vez sería que la patronal muestre unidad, o consenso, o convicción sobre lo que se pretende defender.







