Momento de decisión

El votante evalúa qué le conviene más.

26 Junio 2003
Por Carlos Abrehu

Cuando se celebran las elecciones de renovación de gobernador, el votante decide si el partido que ejerce el poder permanecerá conduciendo el Estado o si debe dejar de hacerlo.
El domingo, en consecuencia, no se juzgará a Néstor Kirchner, ni a su incipiente administración, aunque el pronunciamiento cívico no puede dejar de rozarlo. Si el resultado fuera positivo , ganaría también, porque se involucró en la campaña. Y si no lo fuera, una eventual derrota lo salpicaría, cosa que es poco probable.La ciudadanía ceñirá su examen a los resultados de la gestión del Frente Fundacional (FF), que dirige el destino de la provincia desde 1999, con el gobernador Julio Miranda. Y resolverá también si le renueva o no el crédito al FF, que ahora postula al senador José Alperovich para la gobernación. En definitiva, si apuesta al continuismo o al cambio de caras y de partidos gobernantes.
La Casa de Gobierno hace un descomunal esfuerzo para que el continuismo se imponga. Paga el medio aguinaldo en término, y disuadió -con distintos métodos- a las organizaciones piqueteras para que no alteren la paz pública.
Tampoco escatimó el generoso reparto de bolsones de mercaderías a través de los sublemas adictos con los votos respectivos, y hasta llegó a instruir a las autoridades carcelarias para que eviten sanciones y roces que desaten motines. "Hasta el 29 no debe volar ni una mosca", sería la consigna. Preparó, en fin, el clima social. No quiere que se repitan los tumultos de las etapas finales de Ramón Ortega y de Antonio Bussi.
En el terreno político, el oficialismo mantiene la iniciativa y trabaja infatigablemente para despolarizar los comicios. Al ex fiscal Esteban Jerez desea sumergirlo lo más hondo que se pueda.
Desde las filas del Frente Unión por Tucumán se sugiere que al mirandismo le conviene la victoria de Antonio Bussi en esta ciudad. Su crecimiento debería restarle votos a Jerez en la capital, que desde hace 20 años le es hostil al peronismo. Ricardo Bussi saldría ganancioso de todo eso.
El líder de Fuerza Republicana dejó de ser el cuco que atormentaba al peronismo en las elecciones de 1999, cuando batalló para bloquearle el acceso a la Cámara de Diputados, aduciendo "inhabilidad moral". Miranda dijo en la Casa de Gobierno que no había que proscribirlo en 2003.
Con todo, Jerez fue quien más conspiró contra su propia chance con el anuncio de su renuncia, que luego retiró. En su derredor se sostiene que en las últimas semanas recuperó presencia con el trabajo coordinado con los distintos sublemas de diferente color.
La coalición oficialista contiene sus tensiones por la necesidad de retener el gobierno. El gabinete de Alperovich no se anuncia para no que no salgan prematuramente a luz las divergencias internas.
Con sus anuncios de mano dura, el senador se enemistó en Bella Vista con el caudillo local Angel Córdoba, quien se pasó al bando de Osvaldo Cirnigliaro (Frente Anticorrupción). Antes había causado revuelo en Concepción con su aval a Iván Llorens Dip -candidato a intendente-. En esa ciudad se deslizó que el ex radical Amado Deguer (Partido de los Trabajadores) estaría también bendecido por Alperovich. Pero en Leales sumó el apoyo de Alberto Herrera, que cambió de opinión y de alianzas. Cirnigliaro espera captar el voto del peronista desencantado con Alperovich, mercado al que dedicó preferente atención.
La propaganda muestra blancos diferenciados. El oficialismo acude en forma constante al eslogan de Tucumán, orden, trabajo y producción. Por contraste, Jerez y Cirnigliaro apelan a sus trayectorias de honestidad. El electorado madurará su decisión hasta el domingo sobre si cabe el continuismo o el cambio de políticas y de hombres.

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