Especulaciones y calculadoras de mano son las herramientas del momento. Hacen furor. Si al lado usted descubre que alguien está haciendo sumas y restas, seguro que no es un contador público; es uno de los miles de candidatos que analiza sus chances para el domingo.
En 96 horas más cesará esa especulación. Ya n se hablará sobre si Renzo le resta a Alperovich; si Jerez suma a radicales y republicanos; si Bussi aglutina a peronistas y a radicales descontentos o si Alperovich tiene un voto cautivo y busca arrimar a los independientes. El escrutinio despejará las dudas y el sistema D?Hont hará lo suyo; matará miles de ilusiones y provocará algunas sonrisas; en los electos, claro.
En estos últimos días, todos los candidatos arrojaron cifras y porcentajes, beneficiosas para sí y perjudiciales para los adversarios. Obvio. Un 40% por acá, un 27% por allá, que con 180.000 votos se gana, que aquel no alcanza los 60.000 sufragios, que con 4.500 soy legislador, que con 3000 llego a concejal. Pero entre tantos ceros hay ciudadanos que no son considerados como tales. Los que elucubran triunfos propios y derrotas ajenas consideran al ciudadano como un voto desprovisto de alma. Es un número en favor o en contra, nada más. Sólo tienen que arrimarlo a la cantera propia para que sume.
Hay formas de atraparlo, por las buenas o por las malas. Se puede apelar a la política clientelista, propia de los oficialismos de turno; a la pasión partidaria -un sentimiento en extinción- o al discurso que llame a la reflexión, típico de las fuerzas opositoras. Uno de estos caminos lleva al triunfo; sólo hay que sopesar cuál de todos estos cala más hondo en nuestra sociedad para entrever quién puede imponerse en la elección provincial.El clientelismo es la vía del que tiene recursos. Es más efectivo en manos del oficialismo -porque maneja la estructura del Estado- que en la oposición, ya que se supone que el adversario tiene menos medios que el gobierno de turno para moverse. Eso justifica la apelación al pensar, a reflexionar y a exhortar al cambio. Nada es nuevo. En ese esquema, para analizar quién tiene más chances de ganar el domingo hay datos sociales que no pueden obviarse. La pobreza se ensañó con Tucumán. Más de medio millón de comprovincianos vive bajo la línea de pobreza, y dentro de ese cuadro un elevado porcentaje está en la indigencia. Se vive y se muere con dos pesos.
El índice de mortalidad infantil es dramático, igual que la deserción escolar; la desocupación supera el 15% y la subocupación casi llega al 14%. Para todas estas personas castigadas por la crisis la elección del domingo, más que una ocasión para modificar el cuadro social, es una oportunidad para ganar unos pesos y seguir subsistiendo. Son los que desgraciadamente, para ellos y para el conjunto, alimentan las prácticas clientelistas. Este sistema perverso se alimenta a sí mismo; es un círculo vicioso que no se puede interrumpir.
Y es peor cada día, como si a los dueños del poder les interesara mantener esta realidad mientras prometen miles de puestos de trabajo, modelos productivos revolucionarios, reducción de impuestos e inversiones a granel. Cada cuatro años las promesas son mejores, más pulidas y trabajadas, pero Tucumán siempre está en retroceso.
¿Quién se impondrá? El triunfo estará en las manos de miles de ciudadanos-voto. Lo cierto es que habrá comprados y convencidos, al margen de las ofertas electorales. Parece una tontería, pero el que tenga 200.000 clientes o bien el que convenza a un poco más de 200.000 ciudadanos, ese será el ganador el domingo. Lo que le convenga a Tucumán será otra historia, y tal vez no se escriba en las páginas que están por empezar a llenarse en pocos días.
25 Junio 2003 Seguir en 
Por Juan Manuel Asis







