La presidenta de la Nación simplificó demasiado y acaba de decir que los jóvenes que se manifiestan en la Puerta del Sol madrileña y en 60 ciudades españolas reclaman "lo que nosotros hemos hecho". Según indicó Cristina Fernández, debido a ello la Argentina atraviesa "años felices" y si bien admitió que "faltan hacer cosas", volvió a insistir en que "estamos en el camino correcto", lo que presagia la idea de la llamada profundización del modelo como un nuevo round de reformas a realizar en un tercer mandato. Los elementos puestos en juego por la Presidenta dan mucha tela para cortar, ya que encadenan situaciones que han tenido en vilo por estos días a políticos, gremialistas, empresarios y analistas, deseosos de saber cuáles serán los matices y el ritmo que se le imprimirá al rumbo elegido, si finalmente CFK es reelecta.
¿Qué cosa es la movilización de los "indignados" españoles y hasta dónde es adecuado comparar su protesta con el "que se vayan todos" vernáculo de 2001 y cómo puede seguir la historia de los argentinos, de acuerdo a que el modelo se radicalice o, previo ajuste, se modere en su populismo? Esta ha sido la pregunta que buscaron responder casi todos, por estos días. En primer lugar, lo de España es que ni siquiera ellos mismos tienen muy en claro cuál es el fondo ideológico de las manifestaciones de descontento que se están extendiendo a Europa y en menor medida a América, por lo cual es bastante difícil transpolar. Lo más concreto es que esos jóvenes decidieron ponerle límite a la clase política desde su investidura de "personas corrientes que se levantan por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos".
Manifestaron que algunos son "más progresistas, otros más conservadores, unos creyentes, unos con ideologías definidas y otros apolíticos, pero todos preocupados, indignados por el panorama político, económico y social, por la corrupción de los políticos, empresarios y banqueros y por la indefensión del ciudadano de a pie".
Las observaciones de terceros se limitan a describir que el movimiento del 15-M es apolítico, que defiende los derechos básicos (vivienda, trabajo, cultura, salud, educación, participación, libre desarrollo personal y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz) y por lograr "un cambio en el sistema económico y gubernamental (que) no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad" y enfatizan que ésta fue una movida que se difundió por afuera de los canales tradicionales y gracias a las redes sociales.
El centro de la cuestión es que estos jóvenes contestatarios repudian la "partidocracia", a la que consideran incapaz de solucionar su principal problema que es el desempleo, que a los menores de 30 años impacta en 43% y no en 20% como es el promedio del paro español. La situación de final incierto, que algunos emparentan con el mayo francés del año 68 mientras que otros la señalan como una continuidad casi festiva de los sucesos de la plaza de Al-Tahrir en El Cairo, refleja en España la frustración de muchos jóvenes, todos ellos hijos de desempleados de la década del ?80, quienes han sido bien formados, gracias a los consejos y esfuerzos económicos de sus padres, en las mejores universidades españolas y extranjeras.
Pero si bien hay elementos en común con 2001, pocas cosas encajan con la realidad socioeconómica argentina de hoy. Como la Presidenta lo ha señalado, "lo que nosotros hemos hecho" tiene aún deudas, no con los que más tienen y aspiran a tener, como en España, sino en el caso argentino con quienes más alejados del bienestar están. En este punto, la inflación que el Gobierno niega porque le permite recaudar más para subsidiar más es un elemento a eliminar, ya que pulveriza la esperanza de los más postergados.
El desempleo, que está en un dígito en la Argentina gracias a la nube de empleados públicos que se ha incorporado en los últimos años, mantiene aún situaciones de informalidad que le baja la calidad a cualquier número. El tema de la desocupación y los menores de 30 años también es un punto en común entre España y la Argentina, aunque las estadísticas locales hacen foco en la vulnerabilidad de los jóvenes "ni ni" (ni trabajan ni estudian) que llegan a casi un millón.
"El hecho de que estos jóvenes se encuentren al margen de dos mecanismos tradicionales de integración social (el mercado de trabajo y el sistema educativo) genera consecuencias (aumento general de la violencia y la inseguridad, consumo de estupefacientes, problemas de salud, entre otros) que exceden a lo laboral y a lo educativo", ha descripto un informe de un Instituto de la Fundación Mediterránea que señaló que la mitad de este grupo "vulnerable" es pobre, mientras que 18% son indigentes, quienes también reclaman, como dijo Cristina, "inclusión social". Si hubiere otro turno para el kirchnerismo, el punto a resolver por la Presidenta es cómo hacer para llegar a ese estado de inclusión con más de lo mismo, que es el concepto que conlleva la palabra "profundización" y es lo que se ha debatido en estos días, a partir de que salieron a la luz las palabras del viceministro de Economía, Roberto Feletti sobre lo que llamó la "radicalización del populismo".
Fue una pregunta sobre el rol de la juventud que le hizo la revista Debate, la que le dio pie a Feletti para volcar una opinión hacia el futuro, lo que provocó un terremoto entre empresarios e inversores: "Son los jóvenes empleados, los que pudieron cambiar su vida a través del trabajo, quienes van a liderar este cambio. El populismo -al que muchos critican- debería radicalizarse. Uno de los problemas del populismo es que no era sustentable, ya que no podía apropiarse de factores de renta importantes. Esto cambió. Un proceso de estas características necesariamente debería profundizarse. Ganada la batalla cultural contra los medios, y con un posible triunfo electoral en ciernes, no tenés límites", dijo el viceministro con una honestidad que hasta para los oídos del propio Gobierno en campaña sonó bastante brutal.
En el almuerzo que compartíó el jefe de Feletti, Amado Boudou, con la UIA se habló del tema y cuentan que se lo vio nervioso al jefe del Palacio de Hacienda para bajarle el tono a la situación, porque los industriales -brotados- querían saber de qué se trataba eso de "apropiarse de factores de renta importantes" y otros conceptos que aunque no estaban en la frase polémica, aludían, a que si bien en el país se habían creado condiciones de macroeconomía que restituyeron la autonomía nacional las decisiones de negocios se seguían adoptando de manera "libremercadista" y que "esto tiene que empezar a cambiar".
Los interrogantes de los presentes aludían hasta dónde puede aguantar el modelo sin hacerle un service (no lo llaman "ajuste" para no irritar al Gobierno) que incluya una baja del gasto público, eliminación parcial y progresiva de los subsidios y una menor emisión para domar la suba de precios (tampoco se permiten la palabra "inflación"), el arreglo con el Club de París, la vuelta al FMI y/o a los mercados voluntarios de deuda para recomponer las reservas que al año próximo amenazan flaquear y una reforma impositiva que mejore la competitividad, un eufemismo para no parecer realmente adictos, ya que el término devaluación está vedado también en su propio lenguaje, pese a que sufren por el tipo de cambio que se ha comido la suba de los precios internos y que tienen fuertes aumentos de costos en dólares.
Preocupada, una de las fuentes presente en ese almuerzo, dijo dos cosas graves: "Los industriales no sabemos si la Presidenta tiene conocimiento de todo lo que deberá encarar antes de ir por más o si le están vendiendo una historia acaramelada que la puede llevar a chocarse". Y sobre Boudou y sus explicaciones: "Después de escucharlo relativizar lo dicho por su número dos, la mayoría sonrió, pero salió a comprar dólares".
En verdad, el escozor de las palabras de Feletti pudo haber sido apenas un disparador más de un fenómeno de fuga de capitales que ya se venía verificando desde el primer trimestre, dólares que son la perfecta contracara de los ingresos por exportaciones, ya que todo lo que entra se va por otra ventanilla. En los últimos días, el paralelo tomó una brecha superior a 5% ($ 4,32 a $ 4,11) en relación al dólar de las casas de cambio, mientras que en el tercer mercado, el del "contado con liqui" (liquidación), que funciona con una compra de títulos o acciones en pesos en Buenos Aires, con venta casi simultánea de los mismos valores en Nueva York y retiro de los dólares allí, alcanzó los $ 4,43. Es decir que hay quienes están dispuestos a perder 8 dólares de cada 100, si con eso ganan en tranquilidad.
Pero, más allá de las cuestiones económicas que involucran los dichos de Feletti y los miedos empresarios, el "no tenés límites" del viceministro es lo que ha hecho pensar a muchos que la "profundización de un proceso de estas características", que tal como lo describe el funcionario sería algo inevitable, debería ser complementada con una ofensiva contra las instituciones y contra las libertades, como la de expresión.
¿Qué cosa es la movilización de los "indignados" españoles y hasta dónde es adecuado comparar su protesta con el "que se vayan todos" vernáculo de 2001 y cómo puede seguir la historia de los argentinos, de acuerdo a que el modelo se radicalice o, previo ajuste, se modere en su populismo? Esta ha sido la pregunta que buscaron responder casi todos, por estos días. En primer lugar, lo de España es que ni siquiera ellos mismos tienen muy en claro cuál es el fondo ideológico de las manifestaciones de descontento que se están extendiendo a Europa y en menor medida a América, por lo cual es bastante difícil transpolar. Lo más concreto es que esos jóvenes decidieron ponerle límite a la clase política desde su investidura de "personas corrientes que se levantan por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos".
Manifestaron que algunos son "más progresistas, otros más conservadores, unos creyentes, unos con ideologías definidas y otros apolíticos, pero todos preocupados, indignados por el panorama político, económico y social, por la corrupción de los políticos, empresarios y banqueros y por la indefensión del ciudadano de a pie".
Las observaciones de terceros se limitan a describir que el movimiento del 15-M es apolítico, que defiende los derechos básicos (vivienda, trabajo, cultura, salud, educación, participación, libre desarrollo personal y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz) y por lograr "un cambio en el sistema económico y gubernamental (que) no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad" y enfatizan que ésta fue una movida que se difundió por afuera de los canales tradicionales y gracias a las redes sociales.
El centro de la cuestión es que estos jóvenes contestatarios repudian la "partidocracia", a la que consideran incapaz de solucionar su principal problema que es el desempleo, que a los menores de 30 años impacta en 43% y no en 20% como es el promedio del paro español. La situación de final incierto, que algunos emparentan con el mayo francés del año 68 mientras que otros la señalan como una continuidad casi festiva de los sucesos de la plaza de Al-Tahrir en El Cairo, refleja en España la frustración de muchos jóvenes, todos ellos hijos de desempleados de la década del ?80, quienes han sido bien formados, gracias a los consejos y esfuerzos económicos de sus padres, en las mejores universidades españolas y extranjeras.
Pero si bien hay elementos en común con 2001, pocas cosas encajan con la realidad socioeconómica argentina de hoy. Como la Presidenta lo ha señalado, "lo que nosotros hemos hecho" tiene aún deudas, no con los que más tienen y aspiran a tener, como en España, sino en el caso argentino con quienes más alejados del bienestar están. En este punto, la inflación que el Gobierno niega porque le permite recaudar más para subsidiar más es un elemento a eliminar, ya que pulveriza la esperanza de los más postergados.
El desempleo, que está en un dígito en la Argentina gracias a la nube de empleados públicos que se ha incorporado en los últimos años, mantiene aún situaciones de informalidad que le baja la calidad a cualquier número. El tema de la desocupación y los menores de 30 años también es un punto en común entre España y la Argentina, aunque las estadísticas locales hacen foco en la vulnerabilidad de los jóvenes "ni ni" (ni trabajan ni estudian) que llegan a casi un millón.
"El hecho de que estos jóvenes se encuentren al margen de dos mecanismos tradicionales de integración social (el mercado de trabajo y el sistema educativo) genera consecuencias (aumento general de la violencia y la inseguridad, consumo de estupefacientes, problemas de salud, entre otros) que exceden a lo laboral y a lo educativo", ha descripto un informe de un Instituto de la Fundación Mediterránea que señaló que la mitad de este grupo "vulnerable" es pobre, mientras que 18% son indigentes, quienes también reclaman, como dijo Cristina, "inclusión social". Si hubiere otro turno para el kirchnerismo, el punto a resolver por la Presidenta es cómo hacer para llegar a ese estado de inclusión con más de lo mismo, que es el concepto que conlleva la palabra "profundización" y es lo que se ha debatido en estos días, a partir de que salieron a la luz las palabras del viceministro de Economía, Roberto Feletti sobre lo que llamó la "radicalización del populismo".
Fue una pregunta sobre el rol de la juventud que le hizo la revista Debate, la que le dio pie a Feletti para volcar una opinión hacia el futuro, lo que provocó un terremoto entre empresarios e inversores: "Son los jóvenes empleados, los que pudieron cambiar su vida a través del trabajo, quienes van a liderar este cambio. El populismo -al que muchos critican- debería radicalizarse. Uno de los problemas del populismo es que no era sustentable, ya que no podía apropiarse de factores de renta importantes. Esto cambió. Un proceso de estas características necesariamente debería profundizarse. Ganada la batalla cultural contra los medios, y con un posible triunfo electoral en ciernes, no tenés límites", dijo el viceministro con una honestidad que hasta para los oídos del propio Gobierno en campaña sonó bastante brutal.
En el almuerzo que compartíó el jefe de Feletti, Amado Boudou, con la UIA se habló del tema y cuentan que se lo vio nervioso al jefe del Palacio de Hacienda para bajarle el tono a la situación, porque los industriales -brotados- querían saber de qué se trataba eso de "apropiarse de factores de renta importantes" y otros conceptos que aunque no estaban en la frase polémica, aludían, a que si bien en el país se habían creado condiciones de macroeconomía que restituyeron la autonomía nacional las decisiones de negocios se seguían adoptando de manera "libremercadista" y que "esto tiene que empezar a cambiar".
Los interrogantes de los presentes aludían hasta dónde puede aguantar el modelo sin hacerle un service (no lo llaman "ajuste" para no irritar al Gobierno) que incluya una baja del gasto público, eliminación parcial y progresiva de los subsidios y una menor emisión para domar la suba de precios (tampoco se permiten la palabra "inflación"), el arreglo con el Club de París, la vuelta al FMI y/o a los mercados voluntarios de deuda para recomponer las reservas que al año próximo amenazan flaquear y una reforma impositiva que mejore la competitividad, un eufemismo para no parecer realmente adictos, ya que el término devaluación está vedado también en su propio lenguaje, pese a que sufren por el tipo de cambio que se ha comido la suba de los precios internos y que tienen fuertes aumentos de costos en dólares.
Preocupada, una de las fuentes presente en ese almuerzo, dijo dos cosas graves: "Los industriales no sabemos si la Presidenta tiene conocimiento de todo lo que deberá encarar antes de ir por más o si le están vendiendo una historia acaramelada que la puede llevar a chocarse". Y sobre Boudou y sus explicaciones: "Después de escucharlo relativizar lo dicho por su número dos, la mayoría sonrió, pero salió a comprar dólares".
En verdad, el escozor de las palabras de Feletti pudo haber sido apenas un disparador más de un fenómeno de fuga de capitales que ya se venía verificando desde el primer trimestre, dólares que son la perfecta contracara de los ingresos por exportaciones, ya que todo lo que entra se va por otra ventanilla. En los últimos días, el paralelo tomó una brecha superior a 5% ($ 4,32 a $ 4,11) en relación al dólar de las casas de cambio, mientras que en el tercer mercado, el del "contado con liqui" (liquidación), que funciona con una compra de títulos o acciones en pesos en Buenos Aires, con venta casi simultánea de los mismos valores en Nueva York y retiro de los dólares allí, alcanzó los $ 4,43. Es decir que hay quienes están dispuestos a perder 8 dólares de cada 100, si con eso ganan en tranquilidad.
Pero, más allá de las cuestiones económicas que involucran los dichos de Feletti y los miedos empresarios, el "no tenés límites" del viceministro es lo que ha hecho pensar a muchos que la "profundización de un proceso de estas características", que tal como lo describe el funcionario sería algo inevitable, debería ser complementada con una ofensiva contra las instituciones y contra las libertades, como la de expresión.







