24 Junio 2003 Seguir en 
BUENOS AIRES.- No le habrá sido difícil advertir al director del Fondo Monetario, Horst Köhler, que entre el despacho presidencial y el del ministro de Economía, existe una diferencia de matices con relación al alcance -de mediano o largo plazo- del laborioso acuerdo con el organismo multilateral. Néstor Kirchner no se siente dispuesto a tratar de forzar al Congreso para que encare las reformas estructurales demandadas, mientras que Roberto Lavagna piensa que los legisladores deberían comenzar a hacerlo y que tan solo algunos de esos cambios bastarían para el acuerdo de largo plazo antes de finalizar el año. En este caso, habría más seguridad para acordar con los acreedores cautivos por la insolvencia. En realidad, la visita de Köhler no es negociadora, sino con el fin de echar una ajeada sobre la situación. Con esa finalidad, durante el último fin de semana el titular del FMI hizo diversas declaraciones de tono comprensivo y de preocupación sobre la crisis social, que le han abierto puertas suficientes en Buenos Aires. El organismo internacional desea llegar a buen puerto, pero las doctrinas en que se asienta su gestión siguen estando lejos de lo que en nuestro país se dice en épocas de elecciones.
Los porteños
Kirchner corre el riesgo de tener problemas en el Congreso si fuerza ese tratamiento y, en consecuencia, aparecería debilitado el poder que está construyendo en compensación del que las urnas no de le dieron. Las elecciones legislativas y de gobernadores que ahora comienzan ponen en aprietos a los diputados y senadores que tratan de renovar sus mandatos. Esa misma prudencia presidencial se repite en la ambigua definición que mantiene el Presidente respecto de la reelección del alcalde porteño, Aníbal Ibarra, cuyo apoyo lo ejerce livianamente el jefe del Gabinete, Alberto Fernández. El problema en este caso consiste en la tradicional dificultad que los jefes del poder central tienen para imponerse en el distrito Federal, donde en la última ocasión fue amplio ganador Guillermo López Murphy, mientras que las simpatías de Ibarra por el ARI de Elisa Carrió no le impidieron la derrota, quedando tercero Kirchner.
Imprudencia
El poder no se va a construir desde el partido, sino con la sociedad?, afirma el ministro del Interior, Aníbal Fernández, señalando así que las inquietudes de Kirchner apuntan a no comprometerse con las dificultades de su partido a costa de la confianza pública. Esa es precisamente la causa del silencio con que hasta ahora observa la inflamable situación en Santiago del Estero, reducto de otro de los patriarcados políticos residuales del viejo populismo. Algo imprudente, el sensible ministro de Justicia, Gustavo Beliz, amenazó con la intervención del Poder Judicial, tropezando rápidamente con su colega del Interior, quien interpretando a Kirchner respondió que ?el gobierno no formula hipótesis de intervención para Santiago del Estero?. (De nuestra Sucursal)
Los porteños
Kirchner corre el riesgo de tener problemas en el Congreso si fuerza ese tratamiento y, en consecuencia, aparecería debilitado el poder que está construyendo en compensación del que las urnas no de le dieron. Las elecciones legislativas y de gobernadores que ahora comienzan ponen en aprietos a los diputados y senadores que tratan de renovar sus mandatos. Esa misma prudencia presidencial se repite en la ambigua definición que mantiene el Presidente respecto de la reelección del alcalde porteño, Aníbal Ibarra, cuyo apoyo lo ejerce livianamente el jefe del Gabinete, Alberto Fernández. El problema en este caso consiste en la tradicional dificultad que los jefes del poder central tienen para imponerse en el distrito Federal, donde en la última ocasión fue amplio ganador Guillermo López Murphy, mientras que las simpatías de Ibarra por el ARI de Elisa Carrió no le impidieron la derrota, quedando tercero Kirchner.
Imprudencia
El poder no se va a construir desde el partido, sino con la sociedad?, afirma el ministro del Interior, Aníbal Fernández, señalando así que las inquietudes de Kirchner apuntan a no comprometerse con las dificultades de su partido a costa de la confianza pública. Esa es precisamente la causa del silencio con que hasta ahora observa la inflamable situación en Santiago del Estero, reducto de otro de los patriarcados políticos residuales del viejo populismo. Algo imprudente, el sensible ministro de Justicia, Gustavo Beliz, amenazó con la intervención del Poder Judicial, tropezando rápidamente con su colega del Interior, quien interpretando a Kirchner respondió que ?el gobierno no formula hipótesis de intervención para Santiago del Estero?. (De nuestra Sucursal)







