El duelo por la gobernación de Tucumán está en la recta final. La pelea se plantea, en desigualdad de condiciones, entre el oficialismo y las distintas vertientes de la oposición.
En las dos primeras elecciones posteriores a la asunción de Néstor Kirchner vencieron los aparatos gobernantes en Formosa y en Córdoba. Gildo Insfrán se aseguró la mayoría de los convenciones para reformar la Constitución formoseña. De esa manera despejará los obstáculos para su reelección indefinida. José Manuel de la Sota consiguió que se lo reelija en Córdoba.
Tierra del Fuego será hoy el escenario de la tercera prueba del peronismo. Y dentro de siete días, les llegará a los tucumanos el turno de optar entre el cambio de signo político y la continuidad.
El presidente Kirchner se comportó de diferente modo ante cada caso, pero siempre tuvo clara la meta de homogeneizar políticamente el país. Sólo en Formosa, días antes de la elección, se inmiscuyó en forma personal . Insfrán es uno de los leales, que se jugó a fondo por el santacruceño.
Trato diferente
El jefe del Estado no repitió esa actitud en Córdoba, ni tampoco en Tierra del Fuego. El vicepresidente Daniel Scioli y dos ministros llegaron hasta ese Estado, en gira proselitista, en apoyo del oficialista Carlos Manfredotti.
De todos modos, si hubiera segunda vuelta en ese Estado sureño, Kirchner intervendrá seguramente para consolidar a Manfredotti. El Presidente tampoco se apersonó en Tucumán para apuntalar en el terreno al binomio José Alperovich-Fernando Juri.
Estableció, de esa forma, una diferencia sustantiva con el trato que le dio a Insfrán.La circunstancia no le quita, de ningún modo, valía política al anuncio oficial de que Tucumán no será sacrificada en la integración económica con Brasil.
Roberto Lavagna fue el portavoz del mensaje que tranquilizó a los actores de la economía azucarera del norte en un año de alta sensibilidad electoral. Alperovich consiguió ese resultado tras una entrevista con el Presidente en la Casa Rosada. Y la foto de la cita enriquecerá la campaña publicitaria del Frente Fundacional (FF).
Ricardo Bussi (Fuerza Republicana) y Osvaldo Cirnigliaro (Frente Anticorrupción) detectaron que el gesto de Kirchner tendía a robustecer la chance de Alperovich. Por eso, ambos políticos denunciaron el sentido electoralista que tuvo la audiencia.
En la coalición jerecista se evaluó que Kirchner excluyó a Tucumán de su agenda porque no quiso aparecer con figuras cuestionadas por sus acciones de gobierno. Se dice que los actos sospechados de corrupción están a contrapelo de la prédica presidencial.
Kirchner, en rigor, está abocado a disciplinar la tropa peronista, con criterio pragmático, porque necesita gobernar sin tormentas intestinas en el PJ, durante los primeros dos años de su labor. En ese tramo prevalecerán las dificultades sociopolíticas y el ordenamiento de la economía.
Según describió el analista Natalio Botana en "La Nación" del jueves anterior, el Presidente oscila entre las inclinaciones reformistas en el orden nacional y la intención de conservar un poder hegemónico en las provincias. Dentro de ese cuadro, Tucumán es una pieza más.
Luces y sombras
El oficialismo, por regla general, tiende a retener el poder. Y sólo lo perdió cuando estaba en quiebra política. Así sucedió con Ramón Ortega en 1995 y con Antonio Bussi en 1999.
El mirandismo se esforzó por enfriar los conflictos sociales en los meses clave de la campaña y por encarrilar el retiro de los bonos del mercado.
La contrapartida es el inmenso desgaste acumulado a lo largo de estos cuatro años. Esa certeza hizo que Alperovich se despegara de Miranda. Por ahora, no emergerán las tensiones entre ambos, ya que su mayor preocupación es impedir que se repitan los finales de Ortega y de Bussi.
El mirandismo basa su capital electoral en la masa de ciudadanos que depende de los planes sociales de distinto nombre y de la asistencia con bolsones. Algunos operadores oficialistas calculan que serían 150.000, por lo menos.
La captura de votantes radicales e independientes por el Partido de los Trabajadores y por sublemas que van con el Frente Fundacional cierran la tenaza. Con esa porción de voluntades, Miranda y Alperovich esperan que les alcance para derrotar a sus competidores.
La oposición despliega sus planes con diferentes perspectivas. El ex fiscal Esteban Jerez busca que la nacionalización de la campaña electoral le adicione oxígeno. Al cura Luis Farinello, que lo avaló explícitamente el jueves pasado, se sumará esta semana la diputada Elisa Carrió.
La ex candidata presidencial de Alternativa para una República de Iguales (ARI) focalizará su discurso en el combate contra la corrupción administrativa. Adolfo Rodríguez Saá completará el desembarco de figuras. Ricardo López Murphy inició ese desfile de ex candidatos presidenciales.
La coincidencia de políticos disímiles se cimenta en un diagnóstico simple: en Tucumán hay que reconstruir las instituciones, tras el régimen mirandista. El domingo próximo se sabrá qué capacidad de arrastre tuvieron aquellos referentes en una elección doméstica. Desde el Frente Unión por Tucumán se confía en mantener una presión constante sobre el oficialismo en una semana decisiva.
Cirnigliaro y Bussi endurecieron sus discursos, en forma progresiva, en contra de Alperovich. Esa tendencia no disminuirá conforme se acerque el término de la labor proselitista.
Nadie descarta una intensificación de los golpes bajos, en forma de libelos anónimos. Los últimos que se repartieron en esta capital y en ciudades del interior hicieron blanco en los socios de Jerez. Estos atribuyeron la maniobra a los nervios de algunos dirigentes del oficialismo, en comentarios reservados.
En la faz subterránea de Tucumán se traman los cortes de boleta. La extensión y densidad de estos es algo que puede arruinar los mejores cálculos de comité y las proyecciones de las encuestas.
Esa pesadilla de los operadores partidarios se agigantará a medida que se aproxime el domingo. La combinación de votos de candidatos de diferentes siglas reflejará los compromisos y las simpatías de los ciudadanos, pero también la quiebra de las identidades partidarias.







