Patas para arriba

El Día del Trabajador llega con frustraciones por las historias de siempre. El alperovichismo cierra todos los caminos. Amaya, en la mira de los "sijosesistas".

El Día del Trabajador ya llegó. No es una conmemoración sencilla en la Argentina, donde el poder sindical ha sido factótum de cambios y de transformaciones en la vida económica y social del país. En esta oportunidad, llega en tiempos electorales, pero lo reciben con más preocupación que algarabía. No es para menos porque el trabajo se ha travestido. Se pone traje de subsidios y corbatas precarias. Pero el "hábito no hace al monje": las estadísticas confirman que cada vez hay más tucumanos con trabajo. Se llegó a una marca sorprendente como es el 5% de desocupación -a fines de 2010-; pero los planes han hecho la mayor parte del milagro. 

El gobernador lo tiene muy claro y, lo que es peor, las encuestas que le trajo esta semana su consultor favorito confirman esta realidad. Cuentan los "sijosesistas" que Hugo Haime le mostró cifras que son verdaderos sedantes para los comicios del 28 agosto. Pero también hay algunas columnas que le crispan los nervios. La "gente" -rara entelequia- ha empezado a exigir. Así como ya no alcanzan los cordones cuneta y se exige asfalto consolidado para el barrio; han empezado a reclamar yugo seguro y no subsidios que se disfrazan de trabajo. José Alperovich ha mirado con el ceño fruncido esos números porque la solución no es hacer los deberes y pedir más planes al gobierno nacional. Al fin y al cabo los sondeos no hacen otra cosa que transparentar el sentir de la "gente" y corroborar lo que muchas veces advierten distintas instituciones, pero que el Gobierno prefiere obviar.

Este 1 de Mayo llega cuando la historia de Miriam Elizabeth Vega sacude de tristeza a muchos tucumanos. La mujer no pudo llegar a su lugar de trabajo el miércoles pasado. El problema no fue un trastorno por su embarazo. No llegó porque la muerte se le atravesó en el camino. Nadie sabe si el ómnibus en el que viajaba para conseguir unos pesos en la cosecha de limón estaba en condiciones de transportarla. Será difícil saber si el colectivo funcionaba correctamente. Lo que no admite dudas es que cada vez que la parca se mete donde no debe queda al descubierto que los mecanismos -o la burocracia- funcionan a pesar de los esfuerzos que hacen todos -agentes públicos y privados- para frenar la marcha de cualquier maquinaria. Repasemos algunas frases después de la tragedia del río Lules. 

Daniel Peñaflor aún no toma conciencia de que su mujer y su futuro hijo no volverán más a su casa. Los golpes que le pegó la vida lo liberan de tapujos y de miedos: "yo vi que pagaban coimas en los controles. Por la misma ventanilla, los choferes estiraban la mano, y el ?milico? recibía el dinero. No recuerdo los uniformes; el color podría variar, de verde, azul, de todo. La última vez que vi esto fue hace un par de semanas". El director de Transporte de la provincia se salió de las casillas cuando se enteró de estas declaraciones y también se soltó. Recordó una reunión que tuvo hace tres años -vale subrayar el tiempo transcurrido- con la Asociación Tucumana de Citrus. 

El funcionario recordó que en aquella oportunidad un directivo citrícola lo mandó a controlar autos rurales. "Por algo, cuando una ART hace auditorías ellos esconden los vehículos. Si no tomamos conciencia de lo que hacemos y bajamos los costos con fletes baratos, sin seguro, bueno... seamos un poco más civilizados", espetó Viaña. "Sí se detiene a los colectivos, pero ellos esquivan los controles. Hay que ver en la ruta cuando se le hace señas y el chofer no para. ¿Qué vamos a hacer? ¿Perseguirlo?", agregó. Por último advirtió: "se han tolerado amenazas, porque esta gente va con tijeras y machetes; el transportista predispone al cosechero contra los inspectores porque le secuestrarán el vehículo".

Pasan los años y los gobiernos. La historia se repite casi con perfección. Da lo mismo que el Gobierno circule por la derecha, por la izquierda o por el centro. Los vehículos van en condiciones precarias. Los controles adelgazan de tal manera que parecen invisibles. Se habla de coimas y se habla de amenazas. Las denuncias brillan por su ausencia y la Justicia elige mirar para otro lado. Hay culpables, hay trabajo precario, hay contrataciones espurias, hay mentiras, hay trampas, hay obsecuencia y hay sumisión. Todo por $ 2. Hasta que la muerte los separa. Ese -este- es el momento en que cada una de las partes le echa la culpa a la otra. La conmoción dura un tiempo y luego vuelve a la normalidad. La ilegalidad y la irresponsabilidad los une por unos pesos. Esta normalidad incluye también -entre muchas cosas- el trabajo en negro, las ventas de drogas ilegales y de DVD truchos. La "ley del prepo" siempre gana y se impone en todos estos casos.

Polos opuestos


Mientras estas cosas ocurren en la provincia, la oposición política, que podría hacer fuerza para cambiar y transformar situaciones, está muy preocupada. Es lógico: el reloj le juega en contra y tiene que armar urgente los acoples, porque ni siquiera es capaz de construir poder.

El alperovichismo, por el contrario, sólo quiere votos a cualquier costo. En el Oeste se busca que ningún referente quede afuera. Por eso, hasta las esposas de los intendentes están como candidatas. De esa manera, el gobernador se asegura de que los jefes municipales trabajen para las listas de legisladores y no se circunscriban a sus propios intereses. Al mismo tiempo, desde la Casa de Gobierno trataron de juntar el agua y el aceite. Así, viejos contrincantes aparecen juntos, como Alejandro Martínez y Roque Alvarez, en Tafí Viejo; Juan Antonio Ruiz Olivares y Alberto Olea, en Monteros. En Concepción tampoco habrá disputas ciegas, e Iván Llorens Dip y Osvaldo Morelli caminarán unidos, al igual que Raúl Hadla y Roque Cativa en Juan Bautista Alberdi. Los acoples también responden a cierta lógica para que los departamentos sumen votos sin complicaciones. Por eso, Roberto Palina va con Oscar Godoy y Reinaldo Jiménez -el hijo del ministro "Pirincho"- con Ramón Sierra Morales.

En el Este, el laberinto de candidaturas se hace más complicado, porque muchos de los posibles postulantes son de Capital. En ese lote figuran Gregorio García Biagosch, Beatriz Mirkin, Silvia Rojkés de Temkin, José León y José Teri. No hay que olvidar que en esta misma sección echaron raíces el histórico José Alberto Cúneo Vergés y la sempiterna Olijela del Valle Rivas.

Pena capital

La capital será una guerra hasta el último día. Pero hay dos acoples a los que se los sigue con más atención que a los barra trompeadores de Atlético. Uno es el que arma el diputado Germán Alfaro y el otro es el de Gerónimo Vargas Aignasse. Hay competidores que suman y restan, para ver si salen a la cancha.

Cuando miran las encuestas, en la Casa de Gobierno se detienen más de un minuto en el renglón de Amaya e inmediatamente lanzan la consigna: "maten al Colorado". En el gobierno provincial comentan que hay una jugada en la que lo vieron al intendente cuando hacían la seña del macho jugando al truco. Demasiados viajes a Buenos Aires. Demasiadas horas haciendo lobby en Buenos Aires no les cae bien a los alperovichistas. Antes eran ansiosos: ahora juegan y esperan. Pero la orden -que obviamente no se dicta ni se escribe- es minar el poder del intendente de capital. La teoría de los hombres de José es que Germán Alfaro va a trabajar fuerte para ser el presidente del Concejo Deliberante. Desde ese búnker, va a manejar la intendencia y, a partir de allí, el intendente se ocupará de armar su campaña, "Amaya gobernador". Parecen los desvelos de algún trasnochado, pero con las encuestas en la mano de Haime nadie descarta que Amaya pueda soñar con ese tipo de juego. Los pasos del intendente no son sigilosos y la atenta mirada de los alperovichistas nunca está distraída.

La obsesión electoral une a opositores y a oficialistas, y los aleja de las buenas costumbres. Todavía la Municipalidad de San Miguel de Tucumán mantiene una cuenta pendiente: no puede dar a conocer cuánto se gastó en la remodelación de la plaza Urquiza. Unos dicen que se acerca a $ 3 millones. Pero no termina de quedar claro. Algunos funcionarios, en voz incomprensiblemente baja, explican que una suma cercana a esa pagó EDET en condonación por una deuda que tenía con el municipio. A ello deberían sumarse los gastos por la iluminación que se hicieron a través de una licitación pública y los de la vereda perimetral que es costosa pero se hizo como obra por administración. Entonces la suma será más de $ 3 millones. Los propios concejales oficialistas se preguntan por estos números; pero, como no quieren pelearse con nadie en tiempos electorales, les sugieren a los opositores que pidan informes, que hasta ahora nadie contesta.

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