Preocupa el escrutinio

La transparencia de la información disipará dudas.

19 Junio 2003
Por Carlos Abrehu

La legislación electoral de Tucumán es un mal ejemplo para el país. Sin embargo, goza de excelente salud institucional porque al oficialismo le permitió retener el poder ,y a fracciones de la oposición, quedarse con parte de la torta. Esa situación explica por qué subsiste la Ley de Lemas, pese a que sus fallas son visibles para todos.
Ricardo López Murphy calificó de "ejemplo más grosero y lacerante" de la patología electoral argentina a la experiencia tucumana de los lemas. El jefe de Recrear abordó ayer ese problema en Buenos Aires, mientras en la provincia afloran los primeros efectos palpables de la fragmentación extrema de los partidos.
Para el votante común el cuarto oscuro será un laberinto. Sólo en esta capital estarán disponibles 155 boletas electorales, por lo que optar por una de ellas se volverá una tarea dificultosa.
El modo de distribución de las listas no es un dato insignificante ni neutro en sus consecuencias. Así, en las elecciones de 1991, 1995 y 1999 algunos candidatos a legisladores salieron electos, entre otras razones, porque sus sufragios se encontraban más a mano del ciudadano que los de sus competidores. Estar cerca de la puerta de entrada del cuarto oscuro daba una considerable ventaja comparativa.
Con esos antecedentes, el Frente Anticorrupción (FA) planteó a la Junta Electoral Provincial que se ordenen los votos por lemas. De ese modo, la coalición de Osvaldo Cirnigliaro espera neutralizar los efectos de las picardías. Otro recurso usual es la incorporación de fotografías en los votos, y obedece a la necesidad de facilitar la identificación de los postulantes en medio de la confusión general.
Con todo, el problema mayor radica en el control del escrutinio. Lo que ocurrió en la madrugada del lunes 7 de junio de 1999 dejó enseñanzas en las filas de la oposición. La informatización del sistema de cómputos, lejos de aventar las sospechas, adicionó preocupaciones a los cuadros políticos que compiten con el mirandismo. El mismo funcionamiento de la Junta Electoral Provincial es observado con lupa, aunque hasta ahora ninguno de los partidos haya objetado sus decisiones.

Las diferencias
Ante ese organismo, el radical José Luis Avignone -apoderado de un sublema del Frente Unión por Tucumán- solicitó que en las escuelas se peguen copias de los resultados obtenidos en las mesas, tras la conclusión del acto electoral del 29. Sucede que el acceso a esos datos posibilita a los candidatos de las diferentes listas conocer su ubicación en el tablero del lema.
Ocurre que dentro de un mismo paraguas partidario pueden existir sublemas bendecidos y otros enfrentados con los intereses políticos que representan los apoderados del lema. La salvaje lucha por la coexistencia que libran las distintas fracciones destruye las reglas de convivencia y de solidaridad partidaria o aliancista. Frente a eso, todas las precauciones parecen pocas.
Las dudas, sin embargo, no se acaban en ese tramo del proceso poselectoral. Los más suspicaces no ocultan sus aprensiones respecto de hipotéticas maniobras con los telegramas que se giran a la Junta Electoral Provincial con las cifras provisorias de las mesas. Creen que esos artilugios facilitarían la caída de algunos y el encumbramiento de otros.
La transparencia estaría amenazada por las distintas suposiciones. El modo más eficaz de disipar las sombras es dotar de la mayor claridad a los distintos procedimientos electorales. La difusión de la información cierta a los distintos sectores en juego descomprimiría las tensiones y contribuirá a que se sostenga la credibilidad de las instituciones. La maraña de sublemas dificulta las tareas, pero está a prueba la democracia.

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