Para algunos políticos es más barato hacer imprimir votos para los sublemas adictos que ensayar otro tipo de ayuda para contenerlos. Claro que mandar a hacer millones de votos, a razón de $ 14.000 el millón, conlleva un sentido más profundo que la mera solidaridad electoral. En el oficialismo se deslizó que José Alperovich facilitó la impresión de 16 millones de votos para algunos candidatos a legisladores, mientras que Julio Miranda aportó 22 millones de votos para otros aspirantes a llegar a la Legislatura.
Esa cantidad de boletas supone cubrir una superficie de casi 2 millones de metros cuadrados con votos del Frente Fundacional. Bajo tanto papel podría desaparecer un barrio populoso, el microcentro o el parque 9 de Julio. Entre Alperovich y Miranda han impreso tantos votos como para entregar más de 40 boletas a cada uno de los 870.000 electores de Tucumán.
¿Por qué tanto exceso? Esa montaña de papel desnuda intenciones y esconde estrategias. El senador y el gobernador quieren ayudar a los suyos, obvio; pero la pregunta es a quién y para qué. Se trata de otra pulseada entre ambos que apunta más allá del 29 de octubre. Intentan construir una estructura de poder propia favoreciendo a sus adláteres. Uno lo hace para no depender de las decisiones del otro; y el restante, para seguir imponiendo sus exigencias.
El tema es que el tácito código político obliga a silenciar sus diferencias por ahora. Sin embargo, Alperovich no pudo frenarse, tentado por la desesperación de desembarazarse del mote de mirandista que lo acosa. Hasta el concepto de "oficialista" lo incomoda. Seguramente, luego del escrutinio la relación entre los dos no será la misma.Además, no es raro que Alperovich apuntale a sublemas adictos ya que tiene que contar con una mayoría leal en la Cámara. También, a mayor cantidad de sublemas trabajando por el lema crece la posibilidad de aumentar el número de sufragios para el binomio oficialista. Cabe interrogar si Miranda quiere lo mismo o si está pensando también en su futuro político, con o sin Alperovich en el gobierno.
Es que en el PJ aún miran con cierta desconfianza al ex ministro de Economía. Temen que Alperovich, una vez electo, se olvide de los justicialistas, por lo que interpretan que la única forma de acotar su margen de maniobra pasa por ampliar la base peronista en la Cámara.
Precisamente, para romper ese posible cerco es que Alperovich imprimió 16 millones de boletas. Y por el contrario, para consolidar esa valla y evitar sorpresas ingratas es que Miranda hizo imprimir sus 22 millones de votos.
Apostaron a sublemas que les permitan ampliar sus bases de sustentación y de negociación política.
Por eso es vital para Miranda que la Legislatura sea manejada por una mayoría peronista -la de sus sublemas-, especialmente si el oficialismo resulta derrotado. Allí se haría fuerte para contrarrestar eventualmente cualquier embestida de investigación por parte de sus sucesores. De algo tiene que aferrarse en caso de que Alperovich pierda. Si esto sucede, la candidatura a senador en primer término será para Miranda. Por los fueros, claro.
Por ahora, el gobernador y el senador son socios políticos. El resultado de la elección dirá si esa alianza se rompe y en favor de quién. La pelea por el poder se desarrolla en forma subterránea, dibujando sonrisas obligadas en estos actores que se miran de reojo. Es que uno quiere heredar -con una historia radical en la espalda- el espacio que el otro conquistó a partir de recorrer un largo camino en el justicialismo.
Lo único cierto es que el poder no se comparte. Allí no hay sociedad ni pacto que valga. El darwinismo político -donde el más fuerte se nutre del débil- va a dejar sólo a uno de ellos en pie.
18 Junio 2003 Seguir en 
Por Juan Manuel Asis







