10 Abril 2011 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La noticia llegó vía telefónica y a través de terceros. Una sensación de parálisis gobernó por un momento en el Palacio de Hacienda, el lunes pasado. Del optimismo a un baño de realidad. "Rechazaron íntegramente la propuesta", se escuchó del otro lado de la línea. El interlocutor se refería a la propuesta de financiación presentada por la Argentina ante el Club de París para regularizar la deuda que tiene el país.
A la ya conocida oposición de Alemania y Japón, para dar financiamiento sin un acuerdo contingente con el FMI, se suma ahora el encono de EEUU y el Reino Unido. Según fuentes del sector financiero, la negativa cruzó el terreno financiero y se instaló en el campo diplomático. "Los recientes desplantes con Washington, por el material incautado en el avión en Ezeiza y con Londres por la cuestión Malvinas, encresparon los ánimos en la otra parte", confió un importante banquero. El ministro de Economía, Amado Boudou, sólo atinó a explicar que falta mucho para un acuerdo y trazó un horizonte de negociación hacia fin de año. ¿Otro ilusionismo? El foro diplomático pronostica severos problemas para la Argentina en los próximos años. "Vamos hacia un aislamiento muy crítico. Estas son las consecuencias de la diplomacia piquetera del kirchnerismo", deslizaron ex-diplomáticos de carrera.
La insistencia del Gobierno en llevar adelante un manejo diplomático casi al borde del grotesco, complica las relaciones internacionales, como en el caso de la negociación con el Club de París.
El episodio abrió una profunda grieta en la Casa Rosada. No sólo recreó viejos reproches entre el ministro de Economía y el canciller sino que varios ministros y legisladores oficialistas aprovecharon la ocasión para disparar a discreción contra Boudou y contra Timerman, colocando a ambos en la plataforma de salida del gabinete.
El ambiente internacional no está propenso para soportar los dislates diplomáticos de la Argentina y mucho menos a hacer concesiones financieras, a un país que hace alarde de crecimiento económico y despilfarra dinero. Pero la Casa Rosada, desafiando los postulados copernicanos, sigue creyendo que es el centro del universo y mira para otro lado. Mientras el mundo se prepara para luchar contra la inflación y se acaba la era del dinero fácil, la gestión Kirchner baila en la cubierta del Titanic.
Sin crédito, sin inversiones, importando el doble de combustibles que el año pasado, con ajustes de salarios por encima del 30%, con caída de precios de la soja, con baja productividad, con precios relativos por encima del mercado internacional, los problemas están a la vuelta de la esquina. Uno de ellos pasa hoy por la ecuación tipo de cambio-inflación.
¿Cómo frenar entonces el aluvión de dólares que ingresará en el segundo trimestre del año con la venta de las cosechas de soja y maíz, sin que esto afecte a la economía y genere más inflación?
De continuar sosteniendo el tipo de cambio con emisión monetaria para esterilizarla luego con emisión de deuda, obligará al Banco Central a subir las tasas, para enfrentar la inflación, lo que llevará a frenar la economía, previo a las elecciones. ¿Se animará el gobierno a esto? Parece poco probable.
Si opta por dejar flotar el dólar, generará una baja del tipo de cambio y un aumento de precios en dólares para bienes locales. A la inflación criolla, le agrega la importada, con menos empleo. ¿Tomará el gobierno esta opción previo a octubre? Parece menos probable.
El gobierno debe corregir cuanto antes todos los desvíos en las variables económicas, lo que requiere de medidas impopulares. Lo más probable es que el gobierno siga la fiesta, vaciando todas las alcancías a su paso, acumulando presión en la olla hasta octubre. ¿Después? Si gana las elecciones, tendrá legitimidad absoluta para hacer un ajuste más duro. Si pierde en octubre... "que el ajuste lo haga el que viene". Ya se mira a 2012.
A la ya conocida oposición de Alemania y Japón, para dar financiamiento sin un acuerdo contingente con el FMI, se suma ahora el encono de EEUU y el Reino Unido. Según fuentes del sector financiero, la negativa cruzó el terreno financiero y se instaló en el campo diplomático. "Los recientes desplantes con Washington, por el material incautado en el avión en Ezeiza y con Londres por la cuestión Malvinas, encresparon los ánimos en la otra parte", confió un importante banquero. El ministro de Economía, Amado Boudou, sólo atinó a explicar que falta mucho para un acuerdo y trazó un horizonte de negociación hacia fin de año. ¿Otro ilusionismo? El foro diplomático pronostica severos problemas para la Argentina en los próximos años. "Vamos hacia un aislamiento muy crítico. Estas son las consecuencias de la diplomacia piquetera del kirchnerismo", deslizaron ex-diplomáticos de carrera.
La insistencia del Gobierno en llevar adelante un manejo diplomático casi al borde del grotesco, complica las relaciones internacionales, como en el caso de la negociación con el Club de París.
El episodio abrió una profunda grieta en la Casa Rosada. No sólo recreó viejos reproches entre el ministro de Economía y el canciller sino que varios ministros y legisladores oficialistas aprovecharon la ocasión para disparar a discreción contra Boudou y contra Timerman, colocando a ambos en la plataforma de salida del gabinete.
El ambiente internacional no está propenso para soportar los dislates diplomáticos de la Argentina y mucho menos a hacer concesiones financieras, a un país que hace alarde de crecimiento económico y despilfarra dinero. Pero la Casa Rosada, desafiando los postulados copernicanos, sigue creyendo que es el centro del universo y mira para otro lado. Mientras el mundo se prepara para luchar contra la inflación y se acaba la era del dinero fácil, la gestión Kirchner baila en la cubierta del Titanic.
Sin crédito, sin inversiones, importando el doble de combustibles que el año pasado, con ajustes de salarios por encima del 30%, con caída de precios de la soja, con baja productividad, con precios relativos por encima del mercado internacional, los problemas están a la vuelta de la esquina. Uno de ellos pasa hoy por la ecuación tipo de cambio-inflación.
¿Cómo frenar entonces el aluvión de dólares que ingresará en el segundo trimestre del año con la venta de las cosechas de soja y maíz, sin que esto afecte a la economía y genere más inflación?
De continuar sosteniendo el tipo de cambio con emisión monetaria para esterilizarla luego con emisión de deuda, obligará al Banco Central a subir las tasas, para enfrentar la inflación, lo que llevará a frenar la economía, previo a las elecciones. ¿Se animará el gobierno a esto? Parece poco probable.
Si opta por dejar flotar el dólar, generará una baja del tipo de cambio y un aumento de precios en dólares para bienes locales. A la inflación criolla, le agrega la importada, con menos empleo. ¿Tomará el gobierno esta opción previo a octubre? Parece menos probable.
El gobierno debe corregir cuanto antes todos los desvíos en las variables económicas, lo que requiere de medidas impopulares. Lo más probable es que el gobierno siga la fiesta, vaciando todas las alcancías a su paso, acumulando presión en la olla hasta octubre. ¿Después? Si gana las elecciones, tendrá legitimidad absoluta para hacer un ajuste más duro. Si pierde en octubre... "que el ajuste lo haga el que viene". Ya se mira a 2012.







