Nada de vértigo. El tour que experimentó San Martín, así como el de la famosa banda irlandesa en La Plata, fue de 360 grados, si se toma en cuenta la derrota con Ferro. Del 0-1 en Caballito a la victoria de ayer hubo una virtud tremendamente importante: la efectividad. Al "santo" le costó justificar con situaciones la victoria, pero el resultado le tapó la boca a cualquier lírico empedernido: 2 a 0 a Merlo.
Al inicio del partido, nadie se hizo cargo en el local de llevar la voz cantante. Salvo alguna llegada de Merlo, a través de Diego Sequeira o Maximiliano Conti, el show parecía la entrada de un plato fuerte. El equipo de La Ciudadelano lograba asociarse y llegar al área contraria. Es más, una jugada entre Ibáñez y Oviedo que terminó en córner, fue aplaudida por la tribuna como si hubiera sido el gol de Diego a los ingleses. O sea, no pasaba nada de nada. El trámite era un canto a lo chato y aburrido. Había mucho silencio dentro del escenario.
Entonces, si el volumen de juego practicado en la semana no era el indicado, los experimentos del laboratorio de Carlos Roldán eran la solución. Sobre el cierre de la etapa, Gabriel Bustos y Lucas Oviedo analizaron un tiro libre frente al arco enemigo. "Chaca" se la movió al ocho y éste se la picó a un solitario Gustavo Ibáñez. Leandro De Muner cortinó la marca y dejó al "Ratón" libre de molestias. El impacto no fue el mejor; salió mordido, pero tras un par de rebotes la pelota ingresó ahí, donde más le gusta al hincha. El 1 a 0 era un premio excesivo pero galardonaba el trabajo del pizarrón.
No conforme con el clásico hit desplegado por Ibáñez, la hinchada pidió el bis y los protagonistas le dieron el gusto. Una mano prácticamente amateur de García le permitió a Bustos cantar la canción que más le gusta: "el penal". El 10 le pegó con fuerza al palo derecho de Darío Capogrosso, que llegó a tocar el disparo pero no para anular el 2 a 0 anfitrión. Listo, tema cerrado.
El segundo tiempo, sinceramente, merece pocas líneas. Hubo intentos sin ideas del visitante y contras fallidas del local. Ahora la gira continuará en Chacarita.
Al inicio del partido, nadie se hizo cargo en el local de llevar la voz cantante. Salvo alguna llegada de Merlo, a través de Diego Sequeira o Maximiliano Conti, el show parecía la entrada de un plato fuerte. El equipo de La Ciudadelano lograba asociarse y llegar al área contraria. Es más, una jugada entre Ibáñez y Oviedo que terminó en córner, fue aplaudida por la tribuna como si hubiera sido el gol de Diego a los ingleses. O sea, no pasaba nada de nada. El trámite era un canto a lo chato y aburrido. Había mucho silencio dentro del escenario.
Entonces, si el volumen de juego practicado en la semana no era el indicado, los experimentos del laboratorio de Carlos Roldán eran la solución. Sobre el cierre de la etapa, Gabriel Bustos y Lucas Oviedo analizaron un tiro libre frente al arco enemigo. "Chaca" se la movió al ocho y éste se la picó a un solitario Gustavo Ibáñez. Leandro De Muner cortinó la marca y dejó al "Ratón" libre de molestias. El impacto no fue el mejor; salió mordido, pero tras un par de rebotes la pelota ingresó ahí, donde más le gusta al hincha. El 1 a 0 era un premio excesivo pero galardonaba el trabajo del pizarrón.
No conforme con el clásico hit desplegado por Ibáñez, la hinchada pidió el bis y los protagonistas le dieron el gusto. Una mano prácticamente amateur de García le permitió a Bustos cantar la canción que más le gusta: "el penal". El 10 le pegó con fuerza al palo derecho de Darío Capogrosso, que llegó a tocar el disparo pero no para anular el 2 a 0 anfitrión. Listo, tema cerrado.
El segundo tiempo, sinceramente, merece pocas líneas. Hubo intentos sin ideas del visitante y contras fallidas del local. Ahora la gira continuará en Chacarita.












