En los últimos meses, de ser una ciudadela casi inquebrantable, La Bombonera se transformó para Boca en un escenario embrujado. Rivales de fuste y otros desprovistos de jerarquía, especialmente tras la exitosa era de Carlos Bianchi, comenzaron a llevarse victorias de una cancha que inspiraba respeto -en la mayoría- y hasta cierto temor en algunos de los rivales del "xeneize". Desde 2009, Boca sufrió muchas amarguras en su propia casa. Y el arranque del Clausura confirmó esa tendencia: en los tres partidos anteriores, sólo contra All Boys pudo conseguir un empate. Cuando la paridad contra Estudiantes parecía inamovible, la cabeza de Viatri le devolvió una sonrisa. Boca fue más que Estudiantes, otra vez con Riquelme como timonel del equipo. Fue triunfo contra un calificado oponente, el regalo más deseado en su cumpleaños 106. Y, de paso, quebró el maleficio en el campo donde celebró algunas de sus grandes conquistas.
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