El presidente Néstor Kirchner avisó que no va a venir. Hasta después de los comicios no se va a asomar al subtrópico. Contra todos los pronósticos, anuncios y ruegos. Las estimaciones sobre los costos electorales que representará para el Frente Fundacional la ausencia del jefe de Estado en el último tramo de la campaña ya están en el ruedo de la polémica política. La oposición celebra. El oficialismo minimiza. En definitiva, no puede ponerse en duda que el Poder Ejecutivo Nacional apoya abiertamente a la fórmula de José Alperovich y de Fernando Juri. Pero, de igual modo, parece difícil eludir que la decisión del patagónico de faltar a la cita en Tucumán representa el mayor cimbronazo político contra el oficialismo en lo que va de la campaña.
Que el sismo tenga epicentro en el mismo peronismo es otro indicio de que la política a menudo se rige también por las leyes de la física. El vacío que dejó la oposición, inválida hasta aquí para perturbar al Gobierno, fue ocupado por el propio justicialismo.La excusa de los problemas en la agenda del santacruceño es débil en extremo. Cada sector del PJ vernáculo tiene una explicación sobre el faltazo. Y eso es lo preocupante para el Gobierno tucumano. Hubiera sido mejor que existiera apenas un solo motivo.
Un hombre del riñón kirchnerista, adepto a conservar recortes de diarios, manifiesta que Kirchner no viene porque el mirandismo no hace juego con la camisita de renovador que se puso este año. "La lucha contra la corrupción va a ser implacable", dijo en el discurso de asunción. Y al patagónico le habrían dicho que esos versos no riman con aparecer acompañado por los inquilinos de Casa de Gobierno de la provincia de los chicos muertos de hambre.
Esto permite entender mejor por qué el senador se enoja tanto cuando le preguntan por sus socios políticos o su entorno, como pasó en la Unsta, donde negó tener compromisos a futuro.
Un alperovichista ubérrimo reniega de que Kirchner sea un mal pagador de favores. "Cuando necesitó a José para pelearle al menemismo era capaz de venir a pie y no paraba de levantarle la mano -añora-. Ahora que tiene que devolver la gauchada, muestra la hilacha". El poder es poderoso, pero no necesariamente agradecido.
En el mirandismo agregan un dato no menor. Una cuestión de faldas. Refiere a la madrugada en la que no se expulsó del Senado a Luis Barrionuevo, tras los incidentes de los comicios de Catamarca. La voz acusadora fue la de Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de la comisión de Asuntos Constitucionales. El acusado contestó imprecando contra ella y su marido. A la hora de votar, Alperovich apoyó al hombre que dijo que la plata no se hace trabajando. "Desaire con desaire se paga", arriesga el funcionario risueño.
Cierto es que a Barrionuevo lo salvó el duhaldismo, principal socio de los patagónicos. Pero en este mentidero, lo real es que a Kirchner le sobran las excusas para no venir a la provincia y ese no es un buen síntoma. En especial para el gobernador Julio Miranda, quien si no consigue inmunidad, ya sea como diplomático o como parlamentario, deberá fijar domicilio en Tribunales.
El mirandismo, a raíz de la inacción opositora, generó su propia contradicción en la provincia. La figura de Osvaldo Cirnigliaro crece en proporción al nerviosismo del oficialismo. "Renzo" se presenta como el único candidato a gobernador peronista y la prédica hace mella. Los votos que se lleven él y la jerecista Olijela Rivas pueden causar daños irreparables.
De allí, tal vez, la indignación de Alperovich en Concepción, donde tildó de traidores a los ediles que no acompañan a su candidato a intendente, Iván Llorens Dip. A la luz de su pasado radical, oportunamente recordado por el secretario de Información Pública, Ariel Fernández, debería sosegar esos reclamos. Por el consejo de uno de sus asesores, referido a que un hombre con poder no puede mostrar enojo. Y también por aquel refrán de que no debe mentarse la soga en la casa del ahorcado.
16 Junio 2003 Seguir en 
Por Alvaro José Aurane







