El colapso populista

Como si en los últimos 40 años el país no hubiera sufrido crisis, la dirigencia parece llevar a la Argentina a una nueva tragediaMIGUEL áNGEL ROUCO | columnista de dyn

03 Abril 2011
Por Miguel Angel Rouco - Columnista de DYN

BUENOS AIRES.- A veces, las coincidencias temporales son meramente casuales. Otras, representan el cierre de un ciclo. Y otras, la reiteración de errores que luego la historia tiene que sepultar, lamentablemente con un manto trágico.

Además, esas tragedias se transforman en costosas reparaciones que conllevan el alza de precios y sobreprecios, por la amenaza y el riesgo de una o varias réplicas.

El mundo vive por estos días varios episodios que la historia pudo haber evitado si es que se la hubiese escrutado. Hace 25 años, potencias occidentales lanzaban un ataque aéreo sobre Libia con el fin de impactar sobre el dictador Muamar Gaddafi, en represalia por el devastador atentado a un avión de la ex-PAN AM en el aeropuerto de Lockerbie, Escocia, donde murieron más de 100 personas. A partir de allí, el integrismo ganó adeptos y llevaron al mundo a una amenaza constante con guerras, ataques, alzas de precios en insumos básicos y pérdidas multimillonarias. Un cuarto de siglo después, el coronel volvió a sus andanzas y ahora la emprendió contra su propia población, harta de la prepotencia y el atropello del poder. Esto obligó a una coalición internacional a intervenir en el conflicto que aún se desarrolla y que lleva el precio del petróleo por encima de U$S 100 y el costo de los alimentos a máximos históricos, según la FAO.

En otro acontecimiento, la tragedia de Japón y las consecuencias sobre la central Fuckushima dejaron al descubierto no sólo las fallas de diseño de planta nuclear, sino también la admisión de los operadores de la obsolescente usina y la falta de mantenimiento.

Aquí otra vez la historia, aunque con matices. Hace 25 años volaba por los aires Chernobyl, en una tragedia que cobró cientos de víctimas y con consecuencias muy costosas. Años después los expertos coincidieron que la falta de mantenimiento fue el detonante del reactor, al igual que en el caso japonés.

Pero esa vez, en Ucrania, la tragedia tuvo causas mucho más importantes que la falta de mantenimiento adecuado. Junto con Chernobyl volaba por los aires el imperio soviético, producto del dirigismo político, económico y la corrupción. Chernobyl era la consecuencia previsible del colapso dirigista. Ya no alcanzaba con la represión, el ocultamiento de la pobreza, de la inflación o del desabastecimiento. El soviet terminó por implosionar dejando paso a una ardua tarea aun pendiente: la Perestroika.

Hoy, 25 años después, y mientras festeja sus 80 años Mijail Gorbachov puede ver a Rusia entre las potencias emergente porque supo cambiar a tiempo. Las coincidencias pueden sonar raras, pero la historia está para eso para enseñarnos los errores y para no volver a cometerlos. Esto es válido para todas las naciones pero en particular, para la Argentina que está condenada a tropezar varias veces con la misma piedra, aun desafiando cualquier atavismo bíblico. Como si en los últimos 40 años, el país no hubiera sufrido crisis, la dirigencia regente está llevando a la Nación a una nueva tragedia económica.

Otra vez la historia. En estos días, se cumplen 20 años del inicio de la ley de Convertibilidad un sistema que había intentado poner freno a una inflación crónica que había sido generada por un populismo macabro que devoró todo a su paso.

La Argentina ya había padecido de inflación e hiperinflación en los años 70 y en los 80, debido al frenesí populista montado sobre el déficit fiscal y la emisión monetaria y con consecuencias devastadoras. Sin embargo, la dirigencia política argentina reincidió y la Convertibilidad fue arrasada por el tsunami populista que a fuerza de déficit fiscal y emisión de deuda quebró la economía por tercera vez en 40 años.

Pero está claro que la mediocracia argentina no presta atención a la historia y va camino a su cuarta quiebra.

Hoy la economía argentina presenta un déficit fiscal insostenible y una emisión monetaria descontrolada. Ambas magnitudes superan largamente no sólo los ingresos fiscales sino el crecimiento de la economía, desafiando cualquier estudio científico. Naturalmente que la economía tiene sus reglas y de no mediar factores exógenos, las consecuencias serán otra vez costosas.

Los tiempos se acortan. La liberación de los precios de los hidrocarburos, en medio de una inflación superior a un 25% y con el barril de petróleo por encima de los U$S 100, significa más combustible en la hoguera y más presión a la economía, por el efecto de traslación económica que tiene el precio de los carburantes sobre las cadenas de comercialización.

Si a esto se le añade la discusión paritaria que plantea una puja distributiva del ingreso nacional, entonces la presión va en aumento y el riesgo de explosión está más cerca.

El Gobierno nacional cree suficiente que la puesta en escena del secretario general de la CGT, Hugo Moyano, firmando un acuerdo salarial de un 24%, puede poner un techo a la pelea salarial, en un contexto donde la mayoría de los trabajadores percibe un tercio de los salarios que cobran los camioneros. La historia da cuenta de lo contrario.

Casualidades, caprichos del destino o meramente repetición de errores, la historia termina siendo un espejo. El modelo K ha demostrado que no es nuevo: déficit fiscal, emisión monetaria, inflación y puja distributiva. El populismo dirigista ha fracasado en los últimos 40 años y sólo es fruto de la voracidad de poder y de la corrupción. Feliz cumpleaños, Gorbachov.

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