La afección se presenta, a veces, con síntomas similares a la hiperkinesia

02 Abril 2011
"Los padres deambulamos de especialista en especialista hasta dar con el diagnóstico. Hay mucho desconocimiento del trastorno. Necesitamos pediatras informados para que los chicos puedan recibir el tratamiento adecuado a edad temprana", dice Mariana Sigstad, madre de un adolescente autista y también representante legal del Instituto Leo Kanner, centro educativo terapéutico.

Cuando por fin se llega al diagnóstico, la lucha se traslada a encontrar un colegio que lo reciba. "Nos contestan con evasivas: que el cupo para discapacitados está cubierto o que no están preparados para tener un chico así ...", lamentan Sigstad y Pablo Chaile, padre de un niño con TGD. "Los padres queremos una integración constante y real para nuestros hijos. No nos interesa una educación paralela sino que puedan ingresar en la escuela común, porque los chicos aprenden más con sus pares", remarcaron.

Una de las grandes dificultades es llegar al diagnóstico certero. Según la docente de Educación Especial Yolanda Zotto y la terapeuta María José Cuenca, muchos niños son diagnosticados como hiperkinéticos, cuando en realidad esta es una de las formas en que puede presentarse el autismo. "Uno tiene la idea de que el autista es un chico encerrado en su mundo, que se hamaca y aletea. Pero en la mayoría de los casos se presenta como un niño hiperactivo, movedizo y que hace berrinches. Por eso se lo confunde con el Síndrome de Déficit Atencional y le recetan estimulantes. Oras veces el autismo se presenta en forma mixtas", explican.

La educación es la clave del tratamiento. "A los chicos se les enseña a jugar, a compartir, a hablar con los demás, a desarrollar habilidades sociales como esperar el turno. En el instituto los chicos reciben educación física, arte, música, huerta, jardinería y apoyo interdisciplinario para favorecer la integración escolar.

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