Dentro de dos semanas, los tucumanos pondrán fin al bombardeo político en las calles y en la televisión. El ciclo de elecciones provinciales despegadas de la presidencial ubica a Tucumán en el tercer turno. Córdoba reeligió a José Manuel de la Sota el domingo pasado y la Casa Rosada sonrió. El PJ ganó el primer test match después del 27 de abril, y el segundo se librará en Tierra del Fuego, el domingo próximo.
Con el antecedente cordobés, el oficialismo necesita ganar como fuere en el tercer duelo político. Dentro del margen de acción que le permitió la Constitución de 1990, la administración mirandista estiró los plazos hasta el límite.En todo ese tiempo, el senador José Alperovich desplegó una incesante tarea proselitista -él reconoce que lo hace desde hace un año-. Ahora enfrenta la prueba final, con un Presidente que está empeñado en construir su propio poder y que no titubea en demoler lo que se le opone.
La interferencia de la administración federal en los comicios tucumanos no es un invento de Néstor Kirchner. Este vuelve a volcar el aparato estatal en la pelea provincial.
Carlos Menem encumbró a Ramón Ortega para impedir que Antonio Bussi llegara al poder en 1991. Entonces le urgía robustecer su base política en el país, en momentos en que arrancaba el plan de convertibilidad.
Cuatro años después, el Gobierno central insinuó tibiamente que la Provincia sufriría las consecuencias de su desconexión con el PJ. Sin embargo, prevaleció el corte de boleta inducido en contra del binomio Olijela Rivas-José Carbonell y el desencanto con el peronismo. Ganó Bussi en julio de 1995.
La victoria de la Alianza en 1999 no aisló al Gobierno de Julio Miranda, porque el sindicato de gobernadores peronistas tuvo en jaque a un presidente débil como Fernando de la Rúa.
Cercanías incómodas
Kirchner está empeñado en dibujar un mapa monocolor en el país. El tercer eslabón de la cadena es Tucumán. Y el vicepresidente Daniel Scioli llegó para mostrar que el favor presidencial alcanza a Alperovich. Filmó un aviso televisivo para la campaña y habló con la prensa en la casa del senador, lejos de Miranda.
El dato no es anedóctico porque dice a las claras que Alperovich no quiere cargar con el legado de Miranda, pese a que contribuyó a construirlo desde el 99.
Kirchner le renovará el crédito al senador en la Casa Rosada, sin la presencia de Miranda. Será también la hora de remarcar las ventajas de estar al lado del partido gobernante. El inmenso desgaste de Miranda espanta.
La salida de Carlos Menem del ballottage no influyó para que se recompusiera la fórmula tucumana. Por eso, el menemista Fernando Juri respira aliviado y practica la pesca deportiva y política.
El santacruceño transó también con la realidad en Tierra del Fuego, al avalar al menemista Carlos Manfredotti -viejo amigo de Miranda en el Senado- en su proyecto reeleccionista. La cercanía del poder central puede ser también un factor condicionante de primer orden para el candidato oficialista.
En efecto, Kirchner, con un criterio ideológico diferente del de la década anterior, propone edificar un eje entre Brasil y Argentina, en reemplazo del que privilegiaba a Estados Unidos. Y en ese viraje puede caer el esquema protector del azúcar, que los brasileños quieren derrumbar a toda costa, lo que generaría graves consecuencias económicas y sociales para Tucumán y el norte del país.
Luiz Inácio "Lula" da Silva, con sus exigencias, no hace otra cosa que perseverar en una política de Estado. Para Alperovich, el de Kirchner puede terminar siendo el abrazo del oso. La senadora Cristina Fernández de Kirchner, en la sesión del 6 de marzo pasado, votó por la insistencia de la ley que resguardaba al azúcar de la embestida brasileña.
Eduardo Duhalde la había vetado porque fastidiaba al vecino todopoderoso. Ahora se comprobará si el Presidente comparte el voto que emitió la influyente senadora durante la campaña electoral, o si sacrifica a una economía regional en aras de una nueva visión de la política exterior.
Las contrapresiones
La coalición multipartidaria que sostiene a Esteban Jerez resulta algo difícil de entender en los marcos de la política actual.
En el Gobierno kirchnerista existen recelos respecto de Esteban Jerez, a quien los jerarcas del PJ tucumano describen como un fiscal que fabricó causas judiciales para proyectarse en la política. Creen que se repite el caso del ex juez cordobés Guillermo Johnson, quien hoy es diputado nacional del PJ.
Ante ese cuadro, en Buenos Aires, otros hombres del peronismo explicaron a colaboradores de Kirchner que Jerez es un elemento que aglutina a distintas fuerzas de diferente signo ideológico, que plantean básicamente la reconstrucción de las instituciones republicanas. Si esos razonamientos perforaron la coraza, es algo que se verá con el curso de los hechos.
Ricardo López Murphy nacionalizó la contienda, al permanecer dos días en la provincia. El economista liberal fustigó a Antonio Bussi desde la centroderecha. Asoció al jefe de Fuerza Republicana y a Miranda con el régimen político que Jerez debe vencer dentro de 15 días. Y de paso, pidió el voto para este y para los candidatos de Recrear.
Del mismo modo que los peronistas disidentes, el ex candidato presidencial avaló el heterogéneo frente jerecista porque asigna mayor valor a la lucha contra la corrupción que a las diferencias ideológicas. Con una provincia normalizada, las disyuntivas serán otras, al cabo de cuatro años. FR no ahorra los ataques en contra de Jerez, mientras Alperovich no es castigado con igual intensidad. Ricardo Bussi acometió contra López Murphy porque jugó su ascendiente en favor del ex fiscal anticorrupción.
La Casa de Gobierno ya laudó políticamente por la postulación de Antonio Bussi a la intendencia de esta ciudad. Los mirandistas participaron en 1999 de la ofensiva que trabó el acceso del ex gobernador a la Cámara de Diputados. Se le imputaba inhabilidad moral. Este cargo se esfumó en 2003 por razones de estrategia electoral y no por un replanteo jurídico del asunto.
Al oficialismo le conviene despolarizar la elección y empujar lo más abajo posible a Jerez. Osvaldo Cirnigliaro crece en la franja del peronismo descontento con los manejos del mirandismo. El destino del ex fiscal lo sellará el comportamiento de las clases media y media alta.







