Pelear contra el olvido y el silencio

Por estas horas, los santiagueños se preguntan por qué la maquinaria del olvido se puso en marcha. (Por Facundo Pereyra).

15 Junio 2003
En el expediente, hasta ahora, aparecieron sólo los sobrinos o cuñados del poder. Pero a los hijos se los menciona sólo por el encubrimiento.
Por estas horas, ante este panorama, los santiagueños se preguntan por qué la maquinaria del olvido se puso en marcha de esta manera, tratando de llevarse todo por delante.
Nadie encuentra explicaciones para la maraña de encubrimientos que se tejió en torno de las muertes de Leyla y de Patricia. Porque, si no fueron los hijos del poder los asesinos, ¿para qué se plantan pistas y testigos dudosos, cuando no totalmente falsos?
El panorama judicial sigue bajo un manto demasiado oscuro. La prórroga del secreto del sumario que dictó el jueves el juez Dardo Herrera profundizó el desconcierto y no hay datos concretos sobre los motivos que lo llevan a citar a ciertas personas y a dejar de lado a otras que pueden resultar muy esclarecedoras.
Tampoco se hallan las razones de la sospechosamente deficiente actuación policial. Desde la desaparición de Leyla, al encuentro de los cuerpos y las pesquisas en torno de los sospechosos, la investigación hizo agua por todos lados. Y por ello se responsabiliza al comisario general (r) Musa Azar, ex jefe de la Inteligencia del Gobierno y mano derecha del caudillo Carlos Juárez.
En ese contexto, la presión sobre la prensa termina siendo tan comprensible como reprochable. Los policías, uniformados y de civil, revolotean sobre los grupos de reporteros; y las presiones desde el Gobierno y el justicialismo por la difusión del caso, terminan por dejar en claro que si alguna vez se llega a la verdad, será porque los santiagueños y los medios de comunicación no se callaron.

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