La droga en las escuelas

Que los niños usen estupefacientes debe preocupar a toda nuestra sociedad.

15 Junio 2003
Una expresión que se puso de moda en los últimos tiempos en nuestra sociedad y que se escucha tanto en boca de los padres como en los hijos es "pasarla bien". En un sentido más profundo, esta expresión refleja lo superfluo del mundo en que vivimos, donde se evita a menudo enfrentar los problemas que nos plantea la existencia, buscando fórmulas que nos permitan escapar de aquello que nos incomoda o nos agobia. De ese modo, los argentinos, y en particular los tucumanos, tratamos de "zafar" de los compromisos, de las responsabilidades, y cuando se presenta un inconveniente "nos lavamos las manos" o le echamos la culpa al otro. De manera que los valores esenciales de nuestra comunidad parecen haber caído en un estrepitoso descrédito que será, sin duda, difícil recuperar.
La droga, esa sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno, es una de las formas de escapismo de la sociedad para no ver o asumir la realidad. Desde hace ya varios años, se sabe que Tucumán dejó de ser un lugar de tránsito para convertirse en un lugar de consumo. También se conoce que se ha incrementado el consumo de droga entre los jóvenes y lo más alarmante es que se han detectado en lo que va del año numerosos casos en las escuelas y colegios, tanto privados como estatales. La ministra de Educación ha mostrado su preocupación porque los niños y los adolescentes se drogan ahora en los baños y en los alrededores de los establecimientos con porros de marihuana y con cocaína.
En la provincia es muy poco lo que se ha hecho en materia de prevención; más bien se ha retrocedido. A fines de 2001, la Dirección de Prevención de Adicciones quedó reducida a un simple servicio hospitalario con menos presupuesto, menos personal y con posibilidades mucho más limitadas. Pese a ello, el servicio externo de los hospitales Avellaneda, Padilla y Obarrio, atiende en Tucumán a alrededor de 900 adictos al mes, con unos 25 profesionales y con mucho sacrificio, pero la mayoría de los pacientes acude allí por orden judicial. De manera que existe una gran franja de adictos sin tratamiento o que no han sido detectados porque la provincia carece de estadísticas claras y serias, no sólo en este asunto, que debería ocupar ya un lugar importante entre las prioridades. Actualmente, hay una sola ONG que hace tratamientos de adictos e intenta instrumentar alguna campaña de prevención. Uno de los responsables de la ONG y ex director provincial de Prevención de Adicciones, reveló que, respecto de años anteriores, los aportes con que cuentan (de la Nación, Consejo del Menor, Caja Popular y Cofaral) son muy exiguos y sólo alcanzan para becar a jóvenes de escasos recursos.
Lo cierto es que el hecho de que la droga se haya instalado ya en las escuelas es sumamente grave porque está indicando un fuerte deterioro del tejido social; está mostrando un sistema educativo en crisis; la incomunicación en el hogar y la falta de control sobre los niños y los adolescentes. Si bien el Estado tiene una amplia responsabilidad en la formación de los ciudadanos, esta comienza en el hogar.
Esta realidad pone de relieve la poca preocupación de nuestra clase gobernante por cuidar la salud mental de nuestros niños y jóvenes. La adicción a la droga no se combate con promesas, bolsones o planes sociales, sino con un sistema educativo sólido que involucre a los padres. La presencia de 37.800 candidatos tucumanos que aspiran a apropiarse de algún bolsón del poder está reflejando una ausencia de vergüenza y también una adicción a "pasarla bien", en este caso, a costa de los demás.
Tucumán se ha destacado tristemente por sus miles de chicos desnutridos y analfabetos. Si permitimos que la droga termine de enfermarlos y matarlos, esta sociedad se volverá inviable y no habrá lugar para la esperanza.

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