Termina una semana inolvidable para el alperovichismo. Pocas veces se lo vio tan incómodo. Casi fuera de lugar. Prácticamente desubicado.
Los multitudinarios actos que durante la tarde del jueves hicieron de la plaza Independencia el paseo de la Memoria dejaron descolocado al Ejecutivo provincial. Ya no sólo los partidos de izquierda, los movimientos obreros y las agrupaciones piqueteras lo fustigan. Ahora, los organismos de derechos humanos más identificados con la gestión de Cristina Fernández -la única jefa de José Alperovich- reprobaron que el mandatario tucumano haya nombrado en sus equipos a ex funcionarios de la dictadura y a ex integrantes del bussismo.
Es, en definitiva, el mismo cuestionamiento que supo hacer Néstor Kirchner cuando frenó por teléfono la asunción de Francisco Sassi Colombres en la Corte porque -reprochó el difunto ex presidente- había sido fiscal de Estado del régimen militar. El papelón ya es histórico: hicieron que la Legislatura aprobara el pliego del hoy interventor de la Caja Popular para luego pedirle a él que lo rompiera.
Mal pronóstico
Durante la semana llovieron indicios de que el gobernador sabía que los actos para condenar el golpe de estado de 1976, a 35 años de su concreción, no iban a ser particularmente favorables.
El martes, en Monteros, no habló durante el homenaje a los hermanos Arancibia, que compartió con el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni. Y el miércoles, después del acto en la "Escuelita" de Famaillá, eludió a la prensa, pese a su discurso políticamente correcto.
Pero el pronóstico no estipulaba que también fuera a llover puertas adentro del peronismo. la diputada kirchnerista Stella Maris Córdoba le apuntó al titular del Ente de Cultura, Mauricio Guzman, ex funcionario del gobierno de Antonio Bussi (1995-1999). Y el diputado Gerónimo Vargas Aignasse recriminó que se cobijara en acoples al edil Javier Morof, ex defensor de Bussi, y al director de Arquitectura y Urbanismo, Miguel Brito, ex legislador de FR. "No se pueden mezclar ideas, pensamiento e historia sólo por creer que se va a sacar un votito más", fulminó el parlamentario, por estas horas más cercano al amayismo que a la Gobernación, como reveló el columnista Miguel Velárdez.
Pasado no pisado
Los embates exhiben una gestión que repara poco en el pasado político de la dirigencia a la que asocia porque su propia historia en el peronismo es tan escasa como paracaidística. El núcleo duro del oficialismo tuvo militancia en partidos de centro y de izquierda que enfrentaban electoralmente al PJ, el cual hoy es gerenciado como estructura electoral que les permite mantenerse en el poder. Con el kirchnerismo, el asunto no es muy distinto.
Hasta el año pasado, a Alperovich le encantaba oír las especulaciones sobre sus chances de ser candidato a vicepresidente de la Nación. Su entorno hasta se dio el lujo, el 9 de julio pasado, de filtrar que, en una charla privada en el hotel donde almorzaron, el gobernador le había manifestado a Néstor y a Cristina (cuyas "imágenes" en las encuestas de aquel momento hacían llorar a los oficialistas) que él quería quedarse en Tucumán.
Ahora que el kirchnerismo ganó en Catamarca y tiene final abierto en Chubut (dicho en términos alperovichistas, "ahora que Cristina ya no es mochila"), también debe provocar comezón que en Capital Federal mencionen a los gobernadores Juan Manuel Urtubey y Gerardo Zamora como posibles vicepresidenciables. Con Salta y con Santiago del Estero limita la incomodidad del Gobierno vernáculo, cuyo vicegobernador -en abuso de licencia-, Juan Manzur, repite ante los medios que Alperovich ya le dijo a la Presidenta que él dejará el Ministerio de Salud federal para buscar la reelección del cargo que no ejerce. La Casa de Gobierno quiere renovar pasaporte "K" con el formulario equivocado.
Pura precariedad
Si el oficialismo ha quedado mal parado en el plano político, en el terreno institucional, directamente, se le mueve el piso.
El corajudo fallo de la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo ha rebautizado a la composición actual de la Junta Electoral Provincial, que ahora se llama "nula" y se apellida "inconstitucional". Pero el alperovichismo no logra ubicarse. Entonces, dice en la misma oración que se allana a lo que dispone la Justicia y, a la vez, apela la sentencia, todavía sin mayor argumento que la rabieta. Como los tiempos de la Justicia no son los mismos que los de la política, los tucumanos probablemente llegarán a los comicios de agosto con un organismo de control comicial denunciado por la mismísima Justicia de ser un exceso de la Convención Constituyente de 2006. Y de estar integrado por un inconcebible predominio del estamento político (hoy, netamente oficialista).
Ahora bien, no sólo son organizaciones las jaqueadas por la resolución de los camaristas Rodolfo Novillo y Carlos Giovanniello. El fallo fulmina la disposición según la cual no puede exigirse a los funcionarios candidatos que pidan licencia de sus cargos durante la campaña. El mismo Gobierno que le dio rango constitucional a ese atentado contra la ética, claro, defenderá el proselitismo rentado ante la Corte.
Cuenta regresiva
La oposición, lentamente, comienza a desperezarse. El radicalismo, en principio, sacudirá algunas estanterías la semana que viene cuando José Cano anuncie que abrirá el juego para sumar acoples a su candidatura a gobernador. El remezón político que ha significado el triunfo judicial de la causa impulsada por Alejandro Sangenis y Rodolfo Burgos, referentes del Movimiento Popular Tres Banderas, le ha dado nuevos bríos al espectro político donde orbita el centenario partido. La UCR comparte la mesa con el MP3 en la Multisectorial Cívica, ese espacio que tuvo al radical Ariel García como uno de sus principales impulsores para sumar a peronistas disidentes, y que encontró a no pocos integrantes del Acuerdo Cívico y Social como feroces detractores.
Esta semana, Cano le habría manifestado a sus socios políticos que promover listas únicas es hacerle el juego al alperovichismo. En verdad, lo que el senador está diciendo es que quiere una buena elección en 2011 para que sea posible aspirar a una mejor en 2015. Porque dispersar los votos en varias nóminas de legisladores también entraña un riesgo: sentar menos parlamentarios que los que obtendría concentrando los sufragios en una sola opción (o en unas pocas). Pero no menos cierto es que Cano será el apellido del desempeño que logre el Acuerdo Cívico y Social el 28 de agosto. El será el mariscal de la buena o de la mala actuación porque, en definitiva, es el rostro de los votos que, en los últimos comicios, han sacado a su espacio de la insignificancia electoral. Consciente de ello, cuanto menos ensayará un acercamiento con Esteban Jerez, el otro opositor que, junto con Osvaldo Cirnigliaro, "aparece" en los sondeos gubernamentales.
En esas encuestas que mezquina el gobernador, de paso, aunque la coalición que lidera la UCR es la mejor posicionada entre las fuerzas adversarias al oficialismo, no menos cierto es que su distancia respecto de FR no es mayúscula. Precisamente, el bussismo también se quitó el polvillo y salió esta semana a pegarle a la UCR tucumana donde más le duele: ella, al igual que otras fuerzas de centro y de izquierda, se prestaron al reclutamiento alperovichista de fuerzas políticas que le dieran una pátina de pluralismo y legitimidad a su funesta convención constituyente.
A 22 semanas de la votación, la solidez no se asoma aún como una virtud de los opositores. Pero, cuando se los compara con el oficialismo, surge una concesión obligada. La enclenque anticonstitución de 2006 y la dudosa convicción kirchnerista hace que el alperovichismo se encamine hacia las elecciones, más que nunca, flojo de papeles.
Los multitudinarios actos que durante la tarde del jueves hicieron de la plaza Independencia el paseo de la Memoria dejaron descolocado al Ejecutivo provincial. Ya no sólo los partidos de izquierda, los movimientos obreros y las agrupaciones piqueteras lo fustigan. Ahora, los organismos de derechos humanos más identificados con la gestión de Cristina Fernández -la única jefa de José Alperovich- reprobaron que el mandatario tucumano haya nombrado en sus equipos a ex funcionarios de la dictadura y a ex integrantes del bussismo.
Es, en definitiva, el mismo cuestionamiento que supo hacer Néstor Kirchner cuando frenó por teléfono la asunción de Francisco Sassi Colombres en la Corte porque -reprochó el difunto ex presidente- había sido fiscal de Estado del régimen militar. El papelón ya es histórico: hicieron que la Legislatura aprobara el pliego del hoy interventor de la Caja Popular para luego pedirle a él que lo rompiera.
Mal pronóstico
Durante la semana llovieron indicios de que el gobernador sabía que los actos para condenar el golpe de estado de 1976, a 35 años de su concreción, no iban a ser particularmente favorables.
El martes, en Monteros, no habló durante el homenaje a los hermanos Arancibia, que compartió con el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni. Y el miércoles, después del acto en la "Escuelita" de Famaillá, eludió a la prensa, pese a su discurso políticamente correcto.
Pero el pronóstico no estipulaba que también fuera a llover puertas adentro del peronismo. la diputada kirchnerista Stella Maris Córdoba le apuntó al titular del Ente de Cultura, Mauricio Guzman, ex funcionario del gobierno de Antonio Bussi (1995-1999). Y el diputado Gerónimo Vargas Aignasse recriminó que se cobijara en acoples al edil Javier Morof, ex defensor de Bussi, y al director de Arquitectura y Urbanismo, Miguel Brito, ex legislador de FR. "No se pueden mezclar ideas, pensamiento e historia sólo por creer que se va a sacar un votito más", fulminó el parlamentario, por estas horas más cercano al amayismo que a la Gobernación, como reveló el columnista Miguel Velárdez.
Pasado no pisado
Los embates exhiben una gestión que repara poco en el pasado político de la dirigencia a la que asocia porque su propia historia en el peronismo es tan escasa como paracaidística. El núcleo duro del oficialismo tuvo militancia en partidos de centro y de izquierda que enfrentaban electoralmente al PJ, el cual hoy es gerenciado como estructura electoral que les permite mantenerse en el poder. Con el kirchnerismo, el asunto no es muy distinto.
Hasta el año pasado, a Alperovich le encantaba oír las especulaciones sobre sus chances de ser candidato a vicepresidente de la Nación. Su entorno hasta se dio el lujo, el 9 de julio pasado, de filtrar que, en una charla privada en el hotel donde almorzaron, el gobernador le había manifestado a Néstor y a Cristina (cuyas "imágenes" en las encuestas de aquel momento hacían llorar a los oficialistas) que él quería quedarse en Tucumán.
Ahora que el kirchnerismo ganó en Catamarca y tiene final abierto en Chubut (dicho en términos alperovichistas, "ahora que Cristina ya no es mochila"), también debe provocar comezón que en Capital Federal mencionen a los gobernadores Juan Manuel Urtubey y Gerardo Zamora como posibles vicepresidenciables. Con Salta y con Santiago del Estero limita la incomodidad del Gobierno vernáculo, cuyo vicegobernador -en abuso de licencia-, Juan Manzur, repite ante los medios que Alperovich ya le dijo a la Presidenta que él dejará el Ministerio de Salud federal para buscar la reelección del cargo que no ejerce. La Casa de Gobierno quiere renovar pasaporte "K" con el formulario equivocado.
Pura precariedad
Si el oficialismo ha quedado mal parado en el plano político, en el terreno institucional, directamente, se le mueve el piso.
El corajudo fallo de la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo ha rebautizado a la composición actual de la Junta Electoral Provincial, que ahora se llama "nula" y se apellida "inconstitucional". Pero el alperovichismo no logra ubicarse. Entonces, dice en la misma oración que se allana a lo que dispone la Justicia y, a la vez, apela la sentencia, todavía sin mayor argumento que la rabieta. Como los tiempos de la Justicia no son los mismos que los de la política, los tucumanos probablemente llegarán a los comicios de agosto con un organismo de control comicial denunciado por la mismísima Justicia de ser un exceso de la Convención Constituyente de 2006. Y de estar integrado por un inconcebible predominio del estamento político (hoy, netamente oficialista).
Ahora bien, no sólo son organizaciones las jaqueadas por la resolución de los camaristas Rodolfo Novillo y Carlos Giovanniello. El fallo fulmina la disposición según la cual no puede exigirse a los funcionarios candidatos que pidan licencia de sus cargos durante la campaña. El mismo Gobierno que le dio rango constitucional a ese atentado contra la ética, claro, defenderá el proselitismo rentado ante la Corte.
Cuenta regresiva
La oposición, lentamente, comienza a desperezarse. El radicalismo, en principio, sacudirá algunas estanterías la semana que viene cuando José Cano anuncie que abrirá el juego para sumar acoples a su candidatura a gobernador. El remezón político que ha significado el triunfo judicial de la causa impulsada por Alejandro Sangenis y Rodolfo Burgos, referentes del Movimiento Popular Tres Banderas, le ha dado nuevos bríos al espectro político donde orbita el centenario partido. La UCR comparte la mesa con el MP3 en la Multisectorial Cívica, ese espacio que tuvo al radical Ariel García como uno de sus principales impulsores para sumar a peronistas disidentes, y que encontró a no pocos integrantes del Acuerdo Cívico y Social como feroces detractores.
Esta semana, Cano le habría manifestado a sus socios políticos que promover listas únicas es hacerle el juego al alperovichismo. En verdad, lo que el senador está diciendo es que quiere una buena elección en 2011 para que sea posible aspirar a una mejor en 2015. Porque dispersar los votos en varias nóminas de legisladores también entraña un riesgo: sentar menos parlamentarios que los que obtendría concentrando los sufragios en una sola opción (o en unas pocas). Pero no menos cierto es que Cano será el apellido del desempeño que logre el Acuerdo Cívico y Social el 28 de agosto. El será el mariscal de la buena o de la mala actuación porque, en definitiva, es el rostro de los votos que, en los últimos comicios, han sacado a su espacio de la insignificancia electoral. Consciente de ello, cuanto menos ensayará un acercamiento con Esteban Jerez, el otro opositor que, junto con Osvaldo Cirnigliaro, "aparece" en los sondeos gubernamentales.
En esas encuestas que mezquina el gobernador, de paso, aunque la coalición que lidera la UCR es la mejor posicionada entre las fuerzas adversarias al oficialismo, no menos cierto es que su distancia respecto de FR no es mayúscula. Precisamente, el bussismo también se quitó el polvillo y salió esta semana a pegarle a la UCR tucumana donde más le duele: ella, al igual que otras fuerzas de centro y de izquierda, se prestaron al reclutamiento alperovichista de fuerzas políticas que le dieran una pátina de pluralismo y legitimidad a su funesta convención constituyente.
A 22 semanas de la votación, la solidez no se asoma aún como una virtud de los opositores. Pero, cuando se los compara con el oficialismo, surge una concesión obligada. La enclenque anticonstitución de 2006 y la dudosa convicción kirchnerista hace que el alperovichismo se encamine hacia las elecciones, más que nunca, flojo de papeles.







