23 Marzo 2011 Seguir en 
Los argentinos hemos adquirido fama de ser grandes improvisadores y de apelar con mucha frecuencia a los parches, en lugar de buscar soluciones definitivas. La frase "Dejad hacer, dejad pasar", dicha por el fisiócrata francés Jean-Claude Marie Vincent de Gournay, en el siglo XVIII, para pronunciarse contra el intervencionismo del gobierno en la economía, ganó popularidad como "mirar para otro lado", "patear la pelota para adelante" o "hacer la vista gorda", que reflejan la falta de compromiso o postergar la resolución de un problema.
Este verano no ha sido precisamente feliz para la Universidad Nacional de Tucumán, por lo menos, en materia edilicia. Las copiosas lluvias de enero, febrero y algunos días de marzo provocaron daños en varios inmuebles de la casa de altos estudios y desnudaron la falta de mantenimiento -en algunos casos de años, como el teatro Alberdi, según precisó su director.
En nuestra edición de ayer informamos que la Biblioteca Central de la UNT había cerrado su sala de lectura hasta tanto se solucionaran los inconvenientes edilicios que obligaron al traslado de unos 40.000 volúmenes, desde el depósito ubicado en el entrepiso hasta el salón de lectura en la planta baja. De acuerdo con lo informado, las precipitaciones de enero superaron la capacidad de desagote de los techos y se filtraron a través de las grietas, anegando el sector donde halla la mayoría de los libros de gran valor patrimonial.
La situación fue descubierta en febrero cuando el personal de la biblioteca se reintegró de su licencia. Según el secretario de Planeamiento de la UNT, el inmueble, que data de 1903, recibió mantenimientos parciales, pero nunca efectuados por especialistas, de modo que necesita una remodelación completa, que incluya techos, cielos rasos, desagües pluviales, instalaciones eléctricas y sistemas de iluminación a nuevo.
Al derrumbe del anfiteatro de la Facultad de Filosofía y Letras, que no tiene más de quince años, el mal estado de la sede de la Escuela de Bellas Artes, en Alberdi al 100, y del teatro Alberdi, cuyo sótano se inundó casi hasta la altura del escenario, se suma el antiguo edificio del diario El Orden, donde funciona el Centro Cultural Virla. Su directora explicó que "los desagües están por debajo del nivel de la calle, como en muchas construcciones de la ciudad, por lo que el agua no tiene salida. Eso hace que con las tormentas fuertes se inunde el edificio". La sede tiene problemas de humedad en los techos de la bandeja del lobby y en una sala del subsuelo; el inconveniente principal se ubica en los desagües que dan hacia la calle.
En el caso de la Biblioteca Central, nos parece grave que tan valioso patrimonio haya corrido peligro y pueda haberse deteriorado en parte. ¿Cómo es posible que su sede haya recibido mantenimientos parciales y nunca a cargo de expertos? Desde su reapertura en 1989, el teatro Alberdi tampoco tuvo la conservación que necesita un coliseo que el año que viene cumplirá su primer centenario. Lo paradójico es que la casa de Juan B. Terán cuenta con organismos, como Construcciones Universitarias, que deberían ocuparse en forma permanente del mantenimientos de los inmuebles, y con docentes especializados en Facultades como Ciencias Exactas y Arquitectura, que podrían brindar asesoramiento. Durante el receso de enero, debería haber una guardia permanente que se ocupara de verificar el estado de los edificios teniendo en cuenta las características de verano lluvioso en Tucumán.
Improvisar, parchar, mirar para otro lado, es lo contrario a organizar, prevenir, solucionar, responsabilidad que es lo que justamente se debe aprender en la casa de estudios. Si en la UNT no se toma conciencia de ello, seguiremos llorando sobre la leche derramada en materia edilicia y flaco favor se les hará a los futuros egresados.
Este verano no ha sido precisamente feliz para la Universidad Nacional de Tucumán, por lo menos, en materia edilicia. Las copiosas lluvias de enero, febrero y algunos días de marzo provocaron daños en varios inmuebles de la casa de altos estudios y desnudaron la falta de mantenimiento -en algunos casos de años, como el teatro Alberdi, según precisó su director.
En nuestra edición de ayer informamos que la Biblioteca Central de la UNT había cerrado su sala de lectura hasta tanto se solucionaran los inconvenientes edilicios que obligaron al traslado de unos 40.000 volúmenes, desde el depósito ubicado en el entrepiso hasta el salón de lectura en la planta baja. De acuerdo con lo informado, las precipitaciones de enero superaron la capacidad de desagote de los techos y se filtraron a través de las grietas, anegando el sector donde halla la mayoría de los libros de gran valor patrimonial.
La situación fue descubierta en febrero cuando el personal de la biblioteca se reintegró de su licencia. Según el secretario de Planeamiento de la UNT, el inmueble, que data de 1903, recibió mantenimientos parciales, pero nunca efectuados por especialistas, de modo que necesita una remodelación completa, que incluya techos, cielos rasos, desagües pluviales, instalaciones eléctricas y sistemas de iluminación a nuevo.
Al derrumbe del anfiteatro de la Facultad de Filosofía y Letras, que no tiene más de quince años, el mal estado de la sede de la Escuela de Bellas Artes, en Alberdi al 100, y del teatro Alberdi, cuyo sótano se inundó casi hasta la altura del escenario, se suma el antiguo edificio del diario El Orden, donde funciona el Centro Cultural Virla. Su directora explicó que "los desagües están por debajo del nivel de la calle, como en muchas construcciones de la ciudad, por lo que el agua no tiene salida. Eso hace que con las tormentas fuertes se inunde el edificio". La sede tiene problemas de humedad en los techos de la bandeja del lobby y en una sala del subsuelo; el inconveniente principal se ubica en los desagües que dan hacia la calle.
En el caso de la Biblioteca Central, nos parece grave que tan valioso patrimonio haya corrido peligro y pueda haberse deteriorado en parte. ¿Cómo es posible que su sede haya recibido mantenimientos parciales y nunca a cargo de expertos? Desde su reapertura en 1989, el teatro Alberdi tampoco tuvo la conservación que necesita un coliseo que el año que viene cumplirá su primer centenario. Lo paradójico es que la casa de Juan B. Terán cuenta con organismos, como Construcciones Universitarias, que deberían ocuparse en forma permanente del mantenimientos de los inmuebles, y con docentes especializados en Facultades como Ciencias Exactas y Arquitectura, que podrían brindar asesoramiento. Durante el receso de enero, debería haber una guardia permanente que se ocupara de verificar el estado de los edificios teniendo en cuenta las características de verano lluvioso en Tucumán.
Improvisar, parchar, mirar para otro lado, es lo contrario a organizar, prevenir, solucionar, responsabilidad que es lo que justamente se debe aprender en la casa de estudios. Si en la UNT no se toma conciencia de ello, seguiremos llorando sobre la leche derramada en materia edilicia y flaco favor se les hará a los futuros egresados.







