Las resonancias del derrumbe

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 22 Marzo 2011
Filosofía y Letras está amordazada. Sin espacio físico para sus actividades académicas, los reclamos y la efervescencia estudiantil apenas se escucharon, si bien los rumores y la inquietud arrecian. En su sesión del jueves pasado, el Consejo Directivo de la Facultad aprobó la resolución para que no se acepten obras a construir con fondos de la minera Alumbrera (propuesta estudiantil) y también se exigió un cronograma académico: a causa del derrumbe del anfiteatro C, el 28 de febrero, no se sabe aún cuándo terminará el año lectivo 2010 ni cómo va a comenzar el de 2011.

Pedidos complicados


Ninguna de las pretensiones será satisfecha en lo inmediato. La actividad académica comienza a organizarse tímidamente, pero las autoridades de la facultad aún no saben con qué otras unidades académicas pueden contar. Han llevado algunas cosas a Ciencias Exactas y el Consejo sesionó en Educación Física, pero del uso de la cercana Facultad de Psicología nadie habla: aunque hay instalaciones nuevas, estas no fueron inauguradas porque carecen de equipamiento y porque hubo un derrumbe de cielos rasos que quedó acallado por el estruendo del anfiteatro C de Filosofía.

En cuanto al primer planteo (no construir con plata de la minería el nuevo anfiteatro, que ya fue anunciado y presupuestado en $6 millones), el rector de la UNT, Juan Cerisola, respondió que el Consejo Directivo de la Facultad no tiene competencia y que los fondos que llegan de la minera se manejan de acuerdo con una ley. Los estudiantes llevarán hoy ese reclamo para la sesión del Consejo Superior de la UNT (que en todo este mes ni se preocupó por el tema del derrumbe), pero este asunto no figura entre los temas a debatir, a menos que ingrese como "asunto entrado". Y aún así, el destino final del planteo es dudoso: el edificio derrumbado fue construido hace 13 años, antes de que la UNT comenzara a recibir las regalías mineras que tanta polémica provocan en la universidad.

Una anécdota

El caso de la caída del anfiteatro C no pasará de la anécdota: se hará una investigación administrativa para saber si hubo negligencia, dolo o culpa, que demorará al menos seis meses, y que determinará si hubo acaso una responsabilidad disciplinaria en personal de la UNT que intervino en la selección de la empresa para la obra y la ejecución del contrato. No hay responsabilidad penal en la empresa porque no hay heridos ni muertos, ni hay responsabilidad civil porque el plazo (10 años) ya prescribió.

Los estudiantes van a la sesión del Consejo Superior con un planteo idealista para enfrentar la postura pragmática de las autoridades, que ven obras por todas partes. Pero lo que no se está poniendo en la mesa -y que sí es lo que circula por debajo de las palabras oficiales- es la forma en que se hacen, controlan y mantienen las obras en la Universidad.

En malas condiciones


A nadie le llamó la atención hace un año, cuando se inundó una oficina y se mojaron 400 títulos en el Rectorado, causado -según explicó entonces la secretaria académica- por "desborde de las canaletas en el techo de este viejo edificio". El mismo viejo edificio en el que ahora -un año después- han sido trasladados 40.000 libros de la Biblioteca, a causa de roturas en el techo. Otro edificio, el teatro Alberdi, está casi sin utilizar (la orquesta Sinfónica da sus conciertos en la Catedral) porque no fue mantenido desde que se remodeló hace 25 años y está lleno de "ñañas", al decir de su director, "Oli" Alonso, quien reconoce que, además de problemas en los baños, tienen que resolver qué hacer con los techos y la fachada, "que nunca ha tenido mantenimiento ni una iluminación acorde con su importancia". Faltaría mencionar las "ñañas" del Centro Cultural, inundado y siempre en riesgo de clausura municipal porque no tiene una salida de emergencia; o el papelón de la escuela de Bellas Artes que arrancó las clases el lunes 14 con estudiantes sentados en los angostos pasillos y las terminó dos días después por el lamentable mantenimiento del edificio.

Por si faltaban detalles, el mismo informe de los peritos del Instituto de Estructura de la Facultad de Ciencias Exactas que están a cargo de la investigación del derrumbe -y de las condiciones de los anfiteatros A y B- puntualiza que no se cumple con las normas antisísmicas. ¿La UNT, que tiene los expertos consultados por la sociedad tucumana y por otras sociedades, no cumple las normas antisísmicas? ¿La institución que tiene una de las constructoras más grandes en cuanto a personal -Construcciones Universitarias- no da abasto para mantener sus edificios?

Ahora, tras haber estado al borde de la tragedia en febrero, se ha ordenado la creación de un equipo de especialistas que tendrá como tarea elaborar un plan sistemático de diagnóstico de todo el patrimonio edilicio de la UNT. Lástima que para esto hizo falta un gran derrumbe.

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