Un Palacio que merece mejor destino

22 Marzo 2011
En el siglo II AC, se le atribuyó al matemático griego Arquímedes de Siracusa la expresión: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo". A lo largo de la historia, se registraron miles de casos en que a partir de un pequeño apoyo o de la confianza y disciplina, el ser humano llegó a concretar grandes proyectos. "Empezó con una mano atrás y otra adelante y mirá lo que logró", "No tenía dónde caerse muerto", son dos expresiones populares de la importancia del esfuerzo y la tenacidad para llegar al objetivo. Muchos de los inmigrantes que llegaron a nuestro país fueron un ejemplo de ello. Sin embrago, esa mentalidad de progreso parece haber cambiado y lo que levantaron generaciones anteriores, en muchos casos, corre el riesgo de desaparecer o se lo coloca en el espacio de la indiferencia para que el tiempo se ocupe de su destrucción. Algunos pueblos se quejan por sus carencias y otros que, al contrario, que disponen de recursos, no los aprovechan.

En nuestra edición del domingo, dedicamos un amplio espacio al Palacio de los Deportes, un elefante blanco que podría sumarse activamente a la cultura y a la actividad deportiva si se lo restaurara. El estadio ubicado en el parque 9 de Julio trae una historia desdichada desde su nacimiento. La construcción del complejo, con capacidad para 5.000 personas, se había iniciado en 1962 pero se paralizó. En agosto de 1976, el entonces gobernador Antonio Bussi ordenó que en 30 días la obra fuera concluida por personal civil y militar. La estructura del techado de 4.000 m2 se efectuó en apenas cuatro días. A partir de su inauguración, el 24 de setiembre de ese año, el Palacio funcionó en forma intermitente y tuvo largos períodos de abandono. En abril de 1989, el arquitecto Enrique Gallardo Vázquez, autor del proyecto del Anfiteatro Parque 9 de Julio -llamado luego Palacio de los Deportes- se quejó porque su iniciativa no había sido respetada con fidelidad. "Mi proyecto fue manoseado y maltratado por gente que no conocía absolutamente nada ni de diseño ni de construcción", dijo en esa ocasión. Indicaba además que debía resolverse el problema de la acústica.

En octubre de 1994 se anunció que un concesionario privado invertiría U$S 1,3 millón para remodelar y reactivar el complejo, pero nada sucedió. En 1999, en la gestión del intendente Oscar Paz, una firma propuso recuperarlo en ocho meses. El proyecto contemplaba también la erección de un centro de convenciones para 1.500 personas; todo quedó en una expresión de deseo. En junio de 2007, el bochorno se apoderó de los tucumanos cuando el show de despedida del bailarín Julio Bocca se suspendió porque había goteras en el techo del Palacio.

Según el director municipal de Deportes, en diciembre pasado, habían comenzado a efectuarse algunos arreglos en el inmueble. "El presupuesto que tenemos es bajo y se hace lo que se puede... Se cambiaron todas las bases eléctricas y habíamos colocado chapas en el techo pero la tormenta las hizo volar", dijo. Mientras que el subsecretario de Planificación Urbana dijo que para ponerlo en condiciones se necesitan $2 millones. "La idea es que allí se puedan realizar espectáculos de todo tipo, fundamentalmente culturales y deportivos. Pero para poder concretar esa idea se necesita mucho tiempo", afirmó.

Con frecuencia nos quejamos de que no tenemos estadios techados para espectáculos; sin embargo, los que tenemos están olvidados. En la actualidad, $2 millones no pareciera ser una cifra exorbitante; una política cultural en el Palacio no figura en las prioridades, como apuntó el funcionario. Arquímedes pedía en el siglo II AC un punto de apoyo para mover el mundo. Da la impresión de que en Tucumán no hay apoyo ni interés por modificar la realidad en esta materia pendiente.

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