12 Junio 2003 Seguir en 
JERUSALEN.- Con un total de 27 muertos entre ambos bandos, la escalada de violencia se acrecentó en las últimas horas en Medio Oriente tras un atentado suicida contra un ómnibus, en pleno centro comercial de Jerusalén, y dos posteriores ataques selectivos israelíes contra presuntos extremistas palestinos.
Diecisiete israelíes murieron y unos ochenta resultaron heridos luego de que un extremista palestino, vestido como judío ortodoxo, se voló dentro de un ómnibus en la Jaffa Street, la principal arteria comercial de Jerusalén. Izel Din al Qassam, el brazo armado de Hamas, se responsabilizó por el hecho. El ómnibus, que iba repleto de gente, quedó literalmente partido por la fuerza de la explosión.
Los misiles
Treinta minutos después, en el barrio densamente poblado de Sheyaya, en Ciudad de Gaza, el automóvil en el que viajaba el líder de Izel Dinal Qassam, Titi Massud, recibió cuatro impactos de misiles lanzados desde helicópteros Apache israelíes, en una operación de ataque mortal selectivo. Además de Massud, murieron otra persona que viajaba en el vehículo y seis transeúntes. Helicópteros israelíes volvieron a disparar sus misiles en la madrugada del jueves contra un automóvil que se desplazaba en el sector oriental de Ciudad de Gaza. Los dos ocupantes palestinos murieron. Fuentes palestinas dijeron que, previo a este hecho, dos cohetes Qassam de medio alcance habían sido disparados contra la ciudad israelí de Sderot desde Ciudad de Gaza. Los autores de ese ataque serían los ocupantes del automóvil destruido por los helicópteros.
La situación comenzó a deteriorarse el martes con un fallido intento de asesinato selectivo contra el líder de Hamas, Abdel Aziz Rantisi. En su lugar, murieron tres personas -entre ellas una mujer y su hija de diez años- y unas treinta resultaron heridas. Hamas anunció venganza. Desde la oposición y en todos los periódicos israelíes arreciaron las críticas contra el primer ministro israelí, Ariel Sharon, ya que el intento de asesinato golpeó contra los esfuerzos de reanudar el estancado proceso de paz, tras la histórica visita a la región del presidente de Estados Unidos, George W. Bush. "Nuestra política sigue siendo la misma. El Ejército continuará actuando en todas partes contra el terrorismo", respondió Sharon. En consonancia, Rantisi anunció nuevos atentados. El presidente palestino, Yasser Arafat, condenó los hechos de violencia y pidió a Estados Unidos que presione a Israel para que retome la "hoja de ruta". (Reuter/Télam)
ANALISIS
Al rojo vivo
Por Herbert Winkler
Washington.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ha caído rápida e inesperadamente de su nube de sueños de paz para Medio Oriente. No ha pasado ni una semana desde el histórico apretón de manos entre el primer ministro israelí, Ariel Sharon, y su colega palestino, Mahmud Abbas, y el nuevo brote de violencia. En Washington, el intento israelí de asesinar el líder de la organización radical palestina Hamas reeditó un fenómeno que se presentaba cada vez que Bill Clinton sufría un revés similar: los teléfonos ardieron. Los asesores de seguridad hablaron con árabes e israelíes. También lo hizo, desde Buenos Aires, el secretario de Estado, Colin Powell.
El juguete
Bush quiere mantener la "hoja de ruta". Pero en su entorno dominan el abatimiento y la indignación por el comportamiento israelí, en el que algunos vieron una afrenta abierta contra los intentos de Abbas de reconstruir sus fuerzas de seguridad. Con ello, se considera que Israel se convierte en un juguete de los palestinos más radicales, que también quieren hacer descarrilar el proceso de paz. Bush creía firmemente que, tras la guerra de Irak, se abría una puerta a la paz entre israelíes y palestinos. Pero la intención del mandatario de usar todo el peso de su cargo para impulsar el proceso de paz, se ha visto sacudida por esta nueva ola de violencia. (DPA)
Diecisiete israelíes murieron y unos ochenta resultaron heridos luego de que un extremista palestino, vestido como judío ortodoxo, se voló dentro de un ómnibus en la Jaffa Street, la principal arteria comercial de Jerusalén. Izel Din al Qassam, el brazo armado de Hamas, se responsabilizó por el hecho. El ómnibus, que iba repleto de gente, quedó literalmente partido por la fuerza de la explosión.
Los misiles
Treinta minutos después, en el barrio densamente poblado de Sheyaya, en Ciudad de Gaza, el automóvil en el que viajaba el líder de Izel Dinal Qassam, Titi Massud, recibió cuatro impactos de misiles lanzados desde helicópteros Apache israelíes, en una operación de ataque mortal selectivo. Además de Massud, murieron otra persona que viajaba en el vehículo y seis transeúntes. Helicópteros israelíes volvieron a disparar sus misiles en la madrugada del jueves contra un automóvil que se desplazaba en el sector oriental de Ciudad de Gaza. Los dos ocupantes palestinos murieron. Fuentes palestinas dijeron que, previo a este hecho, dos cohetes Qassam de medio alcance habían sido disparados contra la ciudad israelí de Sderot desde Ciudad de Gaza. Los autores de ese ataque serían los ocupantes del automóvil destruido por los helicópteros.
La situación comenzó a deteriorarse el martes con un fallido intento de asesinato selectivo contra el líder de Hamas, Abdel Aziz Rantisi. En su lugar, murieron tres personas -entre ellas una mujer y su hija de diez años- y unas treinta resultaron heridas. Hamas anunció venganza. Desde la oposición y en todos los periódicos israelíes arreciaron las críticas contra el primer ministro israelí, Ariel Sharon, ya que el intento de asesinato golpeó contra los esfuerzos de reanudar el estancado proceso de paz, tras la histórica visita a la región del presidente de Estados Unidos, George W. Bush. "Nuestra política sigue siendo la misma. El Ejército continuará actuando en todas partes contra el terrorismo", respondió Sharon. En consonancia, Rantisi anunció nuevos atentados. El presidente palestino, Yasser Arafat, condenó los hechos de violencia y pidió a Estados Unidos que presione a Israel para que retome la "hoja de ruta". (Reuter/Télam)
Al rojo vivo
Por Herbert Winkler
Washington.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ha caído rápida e inesperadamente de su nube de sueños de paz para Medio Oriente. No ha pasado ni una semana desde el histórico apretón de manos entre el primer ministro israelí, Ariel Sharon, y su colega palestino, Mahmud Abbas, y el nuevo brote de violencia. En Washington, el intento israelí de asesinar el líder de la organización radical palestina Hamas reeditó un fenómeno que se presentaba cada vez que Bill Clinton sufría un revés similar: los teléfonos ardieron. Los asesores de seguridad hablaron con árabes e israelíes. También lo hizo, desde Buenos Aires, el secretario de Estado, Colin Powell.
El juguete
Bush quiere mantener la "hoja de ruta". Pero en su entorno dominan el abatimiento y la indignación por el comportamiento israelí, en el que algunos vieron una afrenta abierta contra los intentos de Abbas de reconstruir sus fuerzas de seguridad. Con ello, se considera que Israel se convierte en un juguete de los palestinos más radicales, que también quieren hacer descarrilar el proceso de paz. Bush creía firmemente que, tras la guerra de Irak, se abría una puerta a la paz entre israelíes y palestinos. Pero la intención del mandatario de usar todo el peso de su cargo para impulsar el proceso de paz, se ha visto sacudida por esta nueva ola de violencia. (DPA)







