12 Junio 2003 Seguir en 
Representarse en la fantasía imágenes o sucesos mientras se duerme; discurrir fantásticamente y dar por cierto y seguro lo que no lo es; o anhelar persistentemente una cosa son algunas de las definiciones del verbo soñar. Posiblemente, si no existieran los sueños -entendidos en este caso como deseos- la vida del hombre carecería de sentido o no se diferenciaría demasiado de la de los otros mamíferos. Se asocia, generalmente, la mediocridad a la persona que carece de sueños, de proyectos que lo hagan mejorar como ser humano o progresar materialmente. Existen también los sueños colectivos, que son los que hacen crecer a una comunidad. Los pueblos y las comunidades que han logrado progresar son aquellos que han hecho realidad sus deseos. Es ahí cuando el sueño deja de ser tal para transformarse en un hecho concreto.
En 1970 nació una idea y rápidamente se convirtió en un sueño que parecía realizable: la construcción de un imponente estadio en la zona de La Olla, camino a Horco Molle, en vistas a la posibilidad de ser subsede del Campeonato Mundial de Fútbol que se iba a realizar en la Argentina en 1978. La obra, según el anteproyecto, iba a realizarse en un predio de 40 hectáreas y contemplaba un estadio con capacidad para 70.000 personas sentadas, con una playa de estacionamiento para 10.000 vehículos. Las instalaciones deportivas iban a estar conformadas por cuatro canchas auxiliares para fútbol; igual cantidad de canchas para basquetbol; natatorios olímpicos y populares; canchas de voley, tenis y hockey; pistas de atletismo; velódromo y otras actividades. También se preveía una adecuada parquización con comodidades para camping de familias y de escuelas y la construcción de dos edificios que servirían de hospedajes de delegaciones deportivas y de escolares.
Se destacó en ese entonces la importancia de que Tucumán contara con una obra de gran envergadura a través de la cual no sólo podrían canalizarse actividades de índole deportiva local, nacional e internacional, sino que también se desarrollaría el turismo en gran escala.
Se armaron un comité subsede y comisiones de trabajo; se pidió el apoyo económico de la Nación, pero el sueño quedó trunco en 1974, cuando Tucumán quedó marginada como subsede del Mundial. Más allá del sentimiento de frustración y de la sensación de injusticia que imperó entonces entre los tucumanos, se señaló entre las causas que influyeron en la decisión, la inoperancia de los legisladores locales -existía el sistema bicameral- que no habían aprobado el proyecto con media sanción del Senado para darles carácter oficial a las gestiones del comité para lograr que Tucumán fuese subsede. Esta tardanza había entorpecido la gestión a nivel nacional. También se responsabilizó a dirigentes del fútbol tucumano y se cuestionó la falta de seriedad. Pese al fracaso, se insistió en la prosecución del proyecto, teniendo en cuenta los innumerables beneficios que traería para la provincia una obra de esa naturaleza.
Pasaron más de dos décadas desde entonces, y muchos gobiernos militares y democráticos, y todo quedó en la nada. Mientras tanto, nuestros vecinos, los salteños, no se quedaron atrás y en el último lustro construyeron un complejo polideportivo de gran nivel. Ello les permitió ser recientemente sede de dos mundiales -el Sub 20 de Fútbol y el de Voley- y colocar a su provincia en un lugar privilegiado, relegando a Tucumán, que alguna vez fue la capital del NOA.
Mientras Salta sigue haciendo realidad parte de sus sueños, nuestra provincia se debate estoicamente en medio de la desnutrición, del analfabetismo creciente, de la desocupación y de una clase gobernante que ha demostrado una sobrada incapacidad para hacer realidad los sueños colectivos a lo largo de tres décadas. Si no fuese así, Tucumán sería hoy sinónimo de constante progreso.
En 1970 nació una idea y rápidamente se convirtió en un sueño que parecía realizable: la construcción de un imponente estadio en la zona de La Olla, camino a Horco Molle, en vistas a la posibilidad de ser subsede del Campeonato Mundial de Fútbol que se iba a realizar en la Argentina en 1978. La obra, según el anteproyecto, iba a realizarse en un predio de 40 hectáreas y contemplaba un estadio con capacidad para 70.000 personas sentadas, con una playa de estacionamiento para 10.000 vehículos. Las instalaciones deportivas iban a estar conformadas por cuatro canchas auxiliares para fútbol; igual cantidad de canchas para basquetbol; natatorios olímpicos y populares; canchas de voley, tenis y hockey; pistas de atletismo; velódromo y otras actividades. También se preveía una adecuada parquización con comodidades para camping de familias y de escuelas y la construcción de dos edificios que servirían de hospedajes de delegaciones deportivas y de escolares.
Se destacó en ese entonces la importancia de que Tucumán contara con una obra de gran envergadura a través de la cual no sólo podrían canalizarse actividades de índole deportiva local, nacional e internacional, sino que también se desarrollaría el turismo en gran escala.
Se armaron un comité subsede y comisiones de trabajo; se pidió el apoyo económico de la Nación, pero el sueño quedó trunco en 1974, cuando Tucumán quedó marginada como subsede del Mundial. Más allá del sentimiento de frustración y de la sensación de injusticia que imperó entonces entre los tucumanos, se señaló entre las causas que influyeron en la decisión, la inoperancia de los legisladores locales -existía el sistema bicameral- que no habían aprobado el proyecto con media sanción del Senado para darles carácter oficial a las gestiones del comité para lograr que Tucumán fuese subsede. Esta tardanza había entorpecido la gestión a nivel nacional. También se responsabilizó a dirigentes del fútbol tucumano y se cuestionó la falta de seriedad. Pese al fracaso, se insistió en la prosecución del proyecto, teniendo en cuenta los innumerables beneficios que traería para la provincia una obra de esa naturaleza.
Pasaron más de dos décadas desde entonces, y muchos gobiernos militares y democráticos, y todo quedó en la nada. Mientras tanto, nuestros vecinos, los salteños, no se quedaron atrás y en el último lustro construyeron un complejo polideportivo de gran nivel. Ello les permitió ser recientemente sede de dos mundiales -el Sub 20 de Fútbol y el de Voley- y colocar a su provincia en un lugar privilegiado, relegando a Tucumán, que alguna vez fue la capital del NOA.
Mientras Salta sigue haciendo realidad parte de sus sueños, nuestra provincia se debate estoicamente en medio de la desnutrición, del analfabetismo creciente, de la desocupación y de una clase gobernante que ha demostrado una sobrada incapacidad para hacer realidad los sueños colectivos a lo largo de tres décadas. Si no fuese así, Tucumán sería hoy sinónimo de constante progreso.







