09 Marzo 2011 Seguir en 
Acaba de concluir un fin de semana realmente largo, y parece oportuno revisar algunas apreciaciones que han formulado a su respecto organismos representativos del comercio. Han menudeado las quejas por los días sin actividad. La Cámara de Artículos del Hogar afirma que han sufrido pérdidas no sólo monetarias sino competitivas, ya que mientras unos negocios deben cerrar, otros no lo hacen porque operan dentro de hipermercados y "shoppings" que tienen distinta modalidad horaria.
El Centro de Defensa del Comercio del Sur afirma que, tras una jornada sin actividad, la venta que debió realizarse ese día no se recupera en las jornadas posteriores.
El presidente de la Cámara de Comercio de Tucumán insistió en que es imposible tener un negocio cerrado durante cuatro días, porque se generan pérdidas difíciles de amortizar y que, si se quiere favorecer al comercio, parece curioso que "en una ciudad turística se cierren todos los comercios por ser feriado".
Un comerciante afirmó que los cuatro feriados del mes representan una baja del 20 por ciento en el volumen de ventas; lo que, dice, para un negocio mediano implica una pérdida de entre 8.000 y 1.000 pesos. Recordaron, además, que existen gastos, como los de personal y electricidad, que no pueden amortizarse con el local cerrado.
Ante la consulta periodística, por otro lado, propietarios de "drugstores" y personal de bares -que trabajaron normalmente- coincidieron en que no se vendió como esperaban, a pesar del largo feriado: sucedió que mucha gente viajó a los valles o a otros lugares de fuera de la capital.
El tema merece ser considerado con detención, dada la cantidad de jornadas inhábiles que presenta el calendario, y que en total ascienden a 17 feriados nacionales (14 inamovibles y tres transferibles) más otros 12 debidos a celebraciones religiosas. Y que esas interrupciones de la normalidad laboral, si bien pueden beneficiar a algunos rubros -el turismo, principalmente- no tienen el mismo resultado en los casos del comercio o de sitios no turísticos, ni tampoco con los taxis o empresas de ómnibus urbanos, o con las empresas que requieren la actividad del Estado.
La Federación Económica de Tucumán (FET) había planteado la posibilidad de establecer jornadas laborales optativas. Aunque la iniciativa no tuvo acogida oficial, nos parece que merecería ser considerada y discutida con más detención. Porque, aún cuando se acepte que los feriados benefician a varios sectores, sería poco equitativo no tomar en cuenta las situaciones, igualmente numerosas, en las cuales otros sectores se ven afectados, al contario, por un franco perjuicio.
La rama Comercio de la FET anticipó la realización de una reunión, para impulsar la revisión del calendario nacional de feriados. Esto porque, dijo la directiva, "se necesita trabajar y así poder vender, para que el pequeño y mediano comercio pueda cubrir los elevados costos, como el alquiler del edificio, y sobrellevar la presión fiscal".
Como se advierte, están sobre el tapete posturas que el poder público tiene el deber de atender. Especialmente en una época de dificultades económicas derivadas de la inflación, como la que atravesamos, no es posible ignorar la voz de quienes se sienten dañados en su actividad económica normal.
Como lo hemos hecho notar en otros casos, aquí debe manifestarse la tarea organizadora del Estado, a través de estrategias enderezadas a que, a la vez que se logren los efectos positivos de los feriados, no se produzca simultáneamente el perjuicio a otros intereses igualmente respetables.
El Centro de Defensa del Comercio del Sur afirma que, tras una jornada sin actividad, la venta que debió realizarse ese día no se recupera en las jornadas posteriores.
El presidente de la Cámara de Comercio de Tucumán insistió en que es imposible tener un negocio cerrado durante cuatro días, porque se generan pérdidas difíciles de amortizar y que, si se quiere favorecer al comercio, parece curioso que "en una ciudad turística se cierren todos los comercios por ser feriado".
Un comerciante afirmó que los cuatro feriados del mes representan una baja del 20 por ciento en el volumen de ventas; lo que, dice, para un negocio mediano implica una pérdida de entre 8.000 y 1.000 pesos. Recordaron, además, que existen gastos, como los de personal y electricidad, que no pueden amortizarse con el local cerrado.
Ante la consulta periodística, por otro lado, propietarios de "drugstores" y personal de bares -que trabajaron normalmente- coincidieron en que no se vendió como esperaban, a pesar del largo feriado: sucedió que mucha gente viajó a los valles o a otros lugares de fuera de la capital.
El tema merece ser considerado con detención, dada la cantidad de jornadas inhábiles que presenta el calendario, y que en total ascienden a 17 feriados nacionales (14 inamovibles y tres transferibles) más otros 12 debidos a celebraciones religiosas. Y que esas interrupciones de la normalidad laboral, si bien pueden beneficiar a algunos rubros -el turismo, principalmente- no tienen el mismo resultado en los casos del comercio o de sitios no turísticos, ni tampoco con los taxis o empresas de ómnibus urbanos, o con las empresas que requieren la actividad del Estado.
La Federación Económica de Tucumán (FET) había planteado la posibilidad de establecer jornadas laborales optativas. Aunque la iniciativa no tuvo acogida oficial, nos parece que merecería ser considerada y discutida con más detención. Porque, aún cuando se acepte que los feriados benefician a varios sectores, sería poco equitativo no tomar en cuenta las situaciones, igualmente numerosas, en las cuales otros sectores se ven afectados, al contario, por un franco perjuicio.
La rama Comercio de la FET anticipó la realización de una reunión, para impulsar la revisión del calendario nacional de feriados. Esto porque, dijo la directiva, "se necesita trabajar y así poder vender, para que el pequeño y mediano comercio pueda cubrir los elevados costos, como el alquiler del edificio, y sobrellevar la presión fiscal".
Como se advierte, están sobre el tapete posturas que el poder público tiene el deber de atender. Especialmente en una época de dificultades económicas derivadas de la inflación, como la que atravesamos, no es posible ignorar la voz de quienes se sienten dañados en su actividad económica normal.
Como lo hemos hecho notar en otros casos, aquí debe manifestarse la tarea organizadora del Estado, a través de estrategias enderezadas a que, a la vez que se logren los efectos positivos de los feriados, no se produzca simultáneamente el perjuicio a otros intereses igualmente respetables.







