La preocupación en nueve líneas

Juan Manuel Montero
Por Juan Manuel Montero 08 Marzo 2011
Una, lamentablemente, ya no podrá contarlo. El otro, seguramente, ya no querrá contarlo. Entonces sólo queda usar la imaginación y tratar de revivir ese momento como para entender la situación. Esa confianza normal antes de subir al auto, el pedido clásico de destino, la sorpresa ante la primera amenaza, la violencia del tironeo desmedido, el flash de esos últimos segundos, tal vez pensando en quienes ya no volvería a ver. Morir de miedo...

El deceso de Ester Rodríguez no es un hecho más. En realidad ninguna circunstancia similar debería serlo, pero lo que pasó con la jubilada de 84 años desnuda aún más las falencias de un sistema que parece destinado al archivo, aunque sus cultores insistan en que es el único que da resultados. A esta gestión de siete años del gobierno de José Alperovich se le agotó el crédito en materia de seguridad. No en plata, que es lo que aparentemente sobra teniendo en cuenta cómo se compra, sino en credibilidad.

Pero los que tienen que llevar adelante las políticas de seguridad parecen estar en otra. Da la sensación de que el horizonte está lleno de cámaras, de celulares, de vehículos. Pero que quienes padecen a diario la necesidad de sentirse seguros quieren otra cosa: contención.

A nadie parece haberle preocupado lo que dijeron más de 40 jubilados que fueron entrevistados luego de conocerse lo que le había pasado a Rodríguez. Salen de los bancos y están a merced de una runfla de delincuentes que, por la fuerza o el engaño, pretenden hacerse con el dinero que acaban de retirar. ¿Qué respuesta hubo para ellos? Ninguna. Este gobierno no contesta. Sería excelente que la respuesta fuera con hechos y no con palabras. Pero esto tampoco sucede.

Los aplausos vacíos

Para quienes estaban esperando algún tipo de señal de parte del gobernador, el discurso de apertura de las sesiones en la Legislatura les dejó, una vez más, un sabor amargo. El mandatario se explayó en logros y promesas, pero poco, muy poco, dijo en realidad de la seguridad. Advirtió que es un tema candente y que la lucha es diaria. Habló de las ya famosas cámaras y de la incorporación de personal para la fuerza. "Los índices delictivos decayeron en comparación con otros tiempos y la inseguridad es menor que en otros lugares del país. Pero sabemos que esto siempre resulta insuficiente cuando la sociedad sufre un ataque contra la vida o la propiedad de sus integrantes", afirmó, en una mención hacia la inseguridad que le demandó sólo nueve líneas. Cuando Alperovich leía su discurso, tanto afuera como adentro del recinto cientos de funcionarios y punteros políticos aplaudían a rabiar. Así debe ser muy difícil medir la realidad. Tantas loas obnubilan. Nadie se atreve a decirle: "José, ojo con esto. Hay que hacer algo".

Alperovich mostró buenos índices en cuanto a educación. Nuevas escuelas y crecimiento en los niveles de ingreso de alumnos. Esa es una gran noticia. Significa que dentro de un par de décadas los niveles de educación serán muy altos, y eso redundará en una mejor calidad de vida para todos y, por ende, en un descenso de los niveles de inseguridad. ¿Pero tenemos que esperar hasta 2030 para vivir más tranquilos?

Quienes peinan canas hablan con añoranza del policía de barrio. El único en el que confiaban, al que podían acudir ante un peligro, ya que estaba a pocos metros, y el que podía resolverlo. Era el que podía adelantarse al delincuente. Pero esa figura quedó en el olvido para la actual gestión. Prevenir caminando el delito es una quimera, insisten. Por eso, motos ágiles y autos veloces surcan la provincia....detrás de los delincuentes.

Virtudes y defectos

Tucumán tiene la particularidad de no tener bandas organizadas de asaltantes. Los que están, que son muchos, trabajan por lo general al voleo. O si hacen una planificación para un robo, se disuelven rápidamente y se cruzan todo el tiempo. No hay asaltos a bancos, secuestros ni "salideras" bancarias. Por eso justamente es que la preocupación para lo que siente el "votante" hablando el términos electorales, debería ser mayor. Porque la inseguridad golpea a todos, y nadie está exento de sufrirla en carne propia. Y la prevención debería ser la primera materia en aprobar. En Tucumán, en cambio, se prefiere la palabra represión. Detener, detener y detener. O sea, una vez que el delito se concretó.

Alperovich calificó de flagelo a la delincuencia en Tucumán. Una de las acepciones de esta palabra en el diccionario de la Real Academia Española es aflicción. Pero este gobierno en realidad no parece muy preocupado en eliminarla.

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