La desaparición del Colegio Electoral sepultó el acuerdo de cúpulas como medio de acceso al poder, como ocurrió en el 87, cuando un pacto entre el segundo (José Domato) y el tercero (Osvaldo Cirnigliaro) relegó al primero (Rubén Chebaia). El cuarto fue Antonio Bussi. Esa gestión peronista terminó en la intervención federal
.Ser minoría tal vez fue una de las causas para ese final. Entonces comenzaron a preocupar las dificultades que sobrevienen a una administración que navega entre la legalidad constitucional y la ilegitimidad política. En adelante, la estrategia de la dirigencia se centró en privilegiar la polarización como medio de legitimación.
Un buen caudal de votos es un innegable aval político. Que lo diga Néstor Kirchner, que tiene que legitimarse en cada acto de gobierno. Nacer como minoría no es sano.
Esa polarización se concretó con éxito en 1991, cuando Ramón Ortega se impuso a Bussi con 280.000 votos. En el 99 se produjo una polarización sui generis, porque los dos primeros, Julio Miranda (217.000 sufragios) y Ricardo Bussi (211.000), fueron minorías. El tercero, Rodolfo Campero, consiguió 136.000 adhesiones.
Esta gestión también nació débil y, pese a que el mirandismo consolidó un esquema de poder que se ramificó hacia los organismos de control, la Legislatura, la Justicia y hasta en los partidos opositores y en el gremialismo, estallaron los hechos de corrupción y los dramas sociales.
Pelea subterránea
Polarizar también está hoy en la cabeza de los cuatro principales referentes: Cirnigliaro, Ricardo Bussi, Esteban Jerez y José Alperovich. Pero, en ese proceso de tratar de instalarse ante la sociedad como los mejores y más aptos, hay otra pelea subterránea y que es de a pares. Dos de ellos se disputan el voto peronista (Cirnigliaro y Alperovich) y otros dos el voto independiente (Jerez y Bussi).
Se aparean en esa pelea de minipolarización sectorial y se distancian para jugar el 29 convertidos en uno de los dos referentes finales. Es la única forma de no llegar al poder debilitados, siendo una de las minorías. Todos están en la misma jugada, pero cada uno con su esquema en este raro truco de a cuatro. Mentir es parte de este juego. El del truco, por supuesto, aunque en tiempos electorales no siempre se cantan verdades.
En la pelea por las voluntades del peronismo entre los ex ministros de Economía, los excesos verbales juegan en contra de Alperovich y en favor de Cirnigliaro. Tanto es así que el temor del mirandismo ya no pasa por atraer a los independientes -a lo que se apostó con Alperovich como el candidato del PJ-, sino por evitar la fuga de los peronistas. Renzo se sabe el destinatario de ese descontento ideológico, por lo que, al revés de Alperovich, ahora trata de seducir a los no partidarios.
Los hechos indican que es la hora para un mayor protagonismo de Fernando Juri. Para tratar de obrar como un dique de contención ante esa posible huida de peronistas. Tendrá que hacer pesar la historia de su apellido y hacer olvidar el pasado radical de Alperovich. Si el ex ministro de Gobierno no sale al ruedo, seguramente lo empujarán.
Verdadera alternativa
La otra minipolarización también es dramática. Jerez y Bussi pelean en el mismo espacio electoral. Los próximos días serán cruciales para convencer a la sociedad de que son la verdadera alternativa al oficialismo y que el voto debe canalizarse hacia uno de ellos y no en ambos, porque será un sufragio perdido y destinado a favorecer la continuidad del mirandismo.
Ganar esas batallas internas es decisivo para los cuatro. Si no, todos serán minorías. Y no habrá Colegio Electoral para alentar pactos.







