BUENOS AIRES.- "Algunos dicen que con usted se viene el zurdaje...", le dijo alguna vez a modo de pregunta sibilina Mirtha Legrand a Néstor Kirchner, quien sin prejuicios había ido a mostrarse en sus almuerzos antes de las elecciones de 2003. En esos tiempos de remar la imagen, esa mesa le podía aportar al candidato rating y conocimiento y, pragmático como era, allí estuvo.
Ni Néstor, ni sobre todo Cristina, ni por supuesto sus seguidores más radicalizados, jamás le perdonaron a la Legrand esa referencia tan peyorativa, aunque en ese momento el ex Presidente tragó saliva, respondió con una frase de circunstancias y siguió comiendo. Hoy, en contrapartida, la diva es tildada a diario como mínimo de "derechosa" por cuanto soldado K se refiere a ella con desprecio.
A la distancia, quizás la frase suene muy fuerte, aunque hasta ahora había quedado en la historia no como una referencia para demonizar al invitado ni para hacerle perder votos, sino como un apunte transgresor más de la tan vapuleada entrevistadora, quien se jacta de preguntar mejor que muchos periodistas, porque -dice ella- que se nutre de aquello que le genera inquietud a la gente. Para muchos peronistas que abominan de lo que llaman "el retorno de la setentización camporista", ocho años después aquella profecía hasta podría llegar a cumplirse.
Tras la muerte del ex Presidente, todo el universo kirchnerista comenzó a moverse inmediatamente. Ya desde la misma organización de la ceremonia fúnebre se observó cómo todos los que giraban alrededor del magnetismo político de Kirchner estaban tratando de buscar su nuevo lugar en el mundo, aun a costa de zancadillas internas o de alianzas impensadas, para ocupar espacios alrededor de su viuda, desde ese momento la persona con más poder del país.
En paralelo con el necesario reacomodamiento emocional de la Presidenta, dos grupos internos, de los que esta columna dio cuenta ya hace un par de meses, se fueron delineando, apresurados por la necesidad de ir preparando el terreno electoral. Uno de ellos, el sector más ideologizado y cercano a ideas más transversales que las tradicionales del PJ, se fue comiendo en escalera las piezas del otro grupo y ha quedado en claro que va por más, aun reconociendo que del otro lado están los votos.
Los críticos del peronismo y muchos de aquellos que están alineados en el PJ llamado disidente, de algún modo los más ortodoxos, se rasgan las vestiduras porque observan que se están reeditando dentro del partido de gobierno ciertas posiciones del pasado, ya que están jugando al unísono los más radicalizados, los intelectuales de Carta Abierta, el garantismo, los organismos de derechos humanos y los resabios de la izquierda peronista, enfrentados a los funcionarios de origen pejotista que aún guardan esperanzas de resultar un mal necesario, incluidos gobernadores e intendentes del Conurbano. Todos ellos hoy conviven con los sindicalistas más burocratizados, aunque por otro lado están los menos y, en conjunto, están todos subidos por ahora en el mismo barco donde viajan los muy activos militantes de la propaganda K y los arribistas de siempre, incluidos muchos personajes del mundo empresario, que no quieren perder por nada del mundo sus privilegios. Y con ellos, al decir de Perón, la "juventud maravillosa" que ha vuelto por su fueros con "La Cámpora".
Justamente, en los últimos días los observadores notaron un cambio importante en los discursos de Cristina, quien se había quedado muy impresionada por la juventud de muchos de quienes asistieron al velorio de Kirchner. En aquellos días, toda la propaganda oficial se encargó de resaltar que eran mayoría y hoy, en tiempos electorales, es un dato objetivo que los votantes menores de 35 años representan 20% del padrón. Quizás por eso, el coordinador de la Unidad Presidenta de la Casa Rosada, Rafael Follonier, ha dicho que muchos de esos jóvenes "no fueron a despedirlo, sino que fueron a encontrarse con Kirchner".
La propia Presidenta ha batido el parche al respecto en sus discursos y ha señalado que "este proyecto político hoy anida en el corazón de millones y millones de jóvenes... (quienes son) la garantía de que debe profundizarse y seguir avanzando, porque hay algo que está directamente vinculado a los jóvenes y es el espíritu de cambio, de transformación y de progreso".
Más allá de la seducciones del caso ("los jóvenes a mi espalda, cuidándome la espalda, aunque siempre van al frente"), Cristina ha considerado en estos días que uno de los logros más importantes de la era K es haber "vuelto a insertar en la política a miles y miles de jóvenes como no se veía desde décadas y décadas", aunque refirió que le resultaba importante pedirle a la clase política que "esa incorporación, esa militancia política juvenil no sea traicionada", a partir de seguir aplicando políticas que, de paso, calan muy bien entre los jóvenes, como las consignas anti Policía, Estados Unidos o FMI.
Así, se ha llegado ahora a un contexto radicalmente distinto al que existía a fines de octubre pasado, cuando Kirchner era el gran decisor. El avance del ala izquierda se ha dado con la gran excusa de que era lo que Néstor había decidido, cosa difícil de no creer ya que su propia esposa lo hubiese relativizado. El escenario giró mucho en la composición interna del partido de gobierno y no está claro hasta adónde seguirá ese avance, que durante la última semana tuvo claros signos de revulsión en la provincia de Buenos Aires, con un desembozado ataque del garantismo hacia la figura del ministro de Seguridad, Ricardo Casal.
La ofensiva tuvo lugar el miércoles pasado en las barbas del gobernador Daniel Scioli, nada menos que en el salón Ricardo Balbín de la Legislatura, en la ciudad de La Plata. Allí, el CELS que dirige el periodista Horacio Verbitsky, junto a la Comisión Provincial por la Memoria y la CTA, propiciaron el Documento del Acuerdo para la Seguridad Democrática, de tono muy crítico hacia la falta de "respuestas políticas" del gobierno provincial en materia de seguridad.
Según el duro manifiesto, la policía bonaerense "ejecutó a dos adolescentes en José León Suárez y a un joven en Baradero y disparó por la espalda a otro joven en Mar del Plata", sin que se hayan observado "respuestas estructurales y enérgicas del gobierno provincial que reemplacen de manera definitiva el modelo autoritario e ineficiente de autogestión policial". También rememorando otro dicho de Perón, y sin que se necesite ser demasiado perspicaz para observarlo, el sciolismo más puro dice que al pegarle a Casal le están tirando con munición gruesa al propio gobernador y aseguran que si Scioli entrega a su ministro, después irán por él. De allí, la apretada pública al bonaerense para que ejerza "la responsabilidad...de la conducción civil y estratégica de la policía, que supone el pleno control de la institución", del mismo modo en que Nilda Garré ha puesto bajo su férula a las fuerzas de seguridad nacionales.
La semana anterior, Scioli ya había cedido con un cambio de cúpula pedido desde la Nación, pero sin tocar a la conducción policial ni a su ministro. No obstante, el gesto no conformó a los más radicalizados, que fueron por más, ya que la línea que se trata de imponer pasa porque Scioli retorne a la llamada "reforma (León) Arslanián", quien fue dos veces responsable de la seguridad en el distrito y propulsor de una reforma policial que el propio gobernador mandó para atrás. Si bien el Documento resultó muy concreto, lo más interesante de la reunión estuvo en el auditorio, ya que en primera fila, cuentan los cronistas, estaba nada menos que Martín Sabbatella, el candidato que desde la izquierda se ha metido como una cuña en los planes de Scioli, a partir de lo que el kirchnerismo ortodoxo llama "listas de adhesión", nunca "colectoras", ya que se tratan de partidos diferentes, dicen. Si bien el sciolismo ya habrí
Ni Néstor, ni sobre todo Cristina, ni por supuesto sus seguidores más radicalizados, jamás le perdonaron a la Legrand esa referencia tan peyorativa, aunque en ese momento el ex Presidente tragó saliva, respondió con una frase de circunstancias y siguió comiendo. Hoy, en contrapartida, la diva es tildada a diario como mínimo de "derechosa" por cuanto soldado K se refiere a ella con desprecio.
A la distancia, quizás la frase suene muy fuerte, aunque hasta ahora había quedado en la historia no como una referencia para demonizar al invitado ni para hacerle perder votos, sino como un apunte transgresor más de la tan vapuleada entrevistadora, quien se jacta de preguntar mejor que muchos periodistas, porque -dice ella- que se nutre de aquello que le genera inquietud a la gente. Para muchos peronistas que abominan de lo que llaman "el retorno de la setentización camporista", ocho años después aquella profecía hasta podría llegar a cumplirse.
Tras la muerte del ex Presidente, todo el universo kirchnerista comenzó a moverse inmediatamente. Ya desde la misma organización de la ceremonia fúnebre se observó cómo todos los que giraban alrededor del magnetismo político de Kirchner estaban tratando de buscar su nuevo lugar en el mundo, aun a costa de zancadillas internas o de alianzas impensadas, para ocupar espacios alrededor de su viuda, desde ese momento la persona con más poder del país.
En paralelo con el necesario reacomodamiento emocional de la Presidenta, dos grupos internos, de los que esta columna dio cuenta ya hace un par de meses, se fueron delineando, apresurados por la necesidad de ir preparando el terreno electoral. Uno de ellos, el sector más ideologizado y cercano a ideas más transversales que las tradicionales del PJ, se fue comiendo en escalera las piezas del otro grupo y ha quedado en claro que va por más, aun reconociendo que del otro lado están los votos.
Los críticos del peronismo y muchos de aquellos que están alineados en el PJ llamado disidente, de algún modo los más ortodoxos, se rasgan las vestiduras porque observan que se están reeditando dentro del partido de gobierno ciertas posiciones del pasado, ya que están jugando al unísono los más radicalizados, los intelectuales de Carta Abierta, el garantismo, los organismos de derechos humanos y los resabios de la izquierda peronista, enfrentados a los funcionarios de origen pejotista que aún guardan esperanzas de resultar un mal necesario, incluidos gobernadores e intendentes del Conurbano. Todos ellos hoy conviven con los sindicalistas más burocratizados, aunque por otro lado están los menos y, en conjunto, están todos subidos por ahora en el mismo barco donde viajan los muy activos militantes de la propaganda K y los arribistas de siempre, incluidos muchos personajes del mundo empresario, que no quieren perder por nada del mundo sus privilegios. Y con ellos, al decir de Perón, la "juventud maravillosa" que ha vuelto por su fueros con "La Cámpora".
Justamente, en los últimos días los observadores notaron un cambio importante en los discursos de Cristina, quien se había quedado muy impresionada por la juventud de muchos de quienes asistieron al velorio de Kirchner. En aquellos días, toda la propaganda oficial se encargó de resaltar que eran mayoría y hoy, en tiempos electorales, es un dato objetivo que los votantes menores de 35 años representan 20% del padrón. Quizás por eso, el coordinador de la Unidad Presidenta de la Casa Rosada, Rafael Follonier, ha dicho que muchos de esos jóvenes "no fueron a despedirlo, sino que fueron a encontrarse con Kirchner".
La propia Presidenta ha batido el parche al respecto en sus discursos y ha señalado que "este proyecto político hoy anida en el corazón de millones y millones de jóvenes... (quienes son) la garantía de que debe profundizarse y seguir avanzando, porque hay algo que está directamente vinculado a los jóvenes y es el espíritu de cambio, de transformación y de progreso".
Más allá de la seducciones del caso ("los jóvenes a mi espalda, cuidándome la espalda, aunque siempre van al frente"), Cristina ha considerado en estos días que uno de los logros más importantes de la era K es haber "vuelto a insertar en la política a miles y miles de jóvenes como no se veía desde décadas y décadas", aunque refirió que le resultaba importante pedirle a la clase política que "esa incorporación, esa militancia política juvenil no sea traicionada", a partir de seguir aplicando políticas que, de paso, calan muy bien entre los jóvenes, como las consignas anti Policía, Estados Unidos o FMI.
Así, se ha llegado ahora a un contexto radicalmente distinto al que existía a fines de octubre pasado, cuando Kirchner era el gran decisor. El avance del ala izquierda se ha dado con la gran excusa de que era lo que Néstor había decidido, cosa difícil de no creer ya que su propia esposa lo hubiese relativizado. El escenario giró mucho en la composición interna del partido de gobierno y no está claro hasta adónde seguirá ese avance, que durante la última semana tuvo claros signos de revulsión en la provincia de Buenos Aires, con un desembozado ataque del garantismo hacia la figura del ministro de Seguridad, Ricardo Casal.
La ofensiva tuvo lugar el miércoles pasado en las barbas del gobernador Daniel Scioli, nada menos que en el salón Ricardo Balbín de la Legislatura, en la ciudad de La Plata. Allí, el CELS que dirige el periodista Horacio Verbitsky, junto a la Comisión Provincial por la Memoria y la CTA, propiciaron el Documento del Acuerdo para la Seguridad Democrática, de tono muy crítico hacia la falta de "respuestas políticas" del gobierno provincial en materia de seguridad.
Según el duro manifiesto, la policía bonaerense "ejecutó a dos adolescentes en José León Suárez y a un joven en Baradero y disparó por la espalda a otro joven en Mar del Plata", sin que se hayan observado "respuestas estructurales y enérgicas del gobierno provincial que reemplacen de manera definitiva el modelo autoritario e ineficiente de autogestión policial". También rememorando otro dicho de Perón, y sin que se necesite ser demasiado perspicaz para observarlo, el sciolismo más puro dice que al pegarle a Casal le están tirando con munición gruesa al propio gobernador y aseguran que si Scioli entrega a su ministro, después irán por él. De allí, la apretada pública al bonaerense para que ejerza "la responsabilidad...de la conducción civil y estratégica de la policía, que supone el pleno control de la institución", del mismo modo en que Nilda Garré ha puesto bajo su férula a las fuerzas de seguridad nacionales.
La semana anterior, Scioli ya había cedido con un cambio de cúpula pedido desde la Nación, pero sin tocar a la conducción policial ni a su ministro. No obstante, el gesto no conformó a los más radicalizados, que fueron por más, ya que la línea que se trata de imponer pasa porque Scioli retorne a la llamada "reforma (León) Arslanián", quien fue dos veces responsable de la seguridad en el distrito y propulsor de una reforma policial que el propio gobernador mandó para atrás. Si bien el Documento resultó muy concreto, lo más interesante de la reunión estuvo en el auditorio, ya que en primera fila, cuentan los cronistas, estaba nada menos que Martín Sabbatella, el candidato que desde la izquierda se ha metido como una cuña en los planes de Scioli, a partir de lo que el kirchnerismo ortodoxo llama "listas de adhesión", nunca "colectoras", ya que se tratan de partidos diferentes, dicen. Si bien el sciolismo ya habrí







