26 Febrero 2011 Seguir en 
Tafí del Valle es, sin duda, el principal centro turístico de la provincia. Se accede al mismo por uno de los caminos más atractivos de nuestro territorio, ya que ofrece, a lo largo de su recorrido, un impresionante muestrario de la más frondosa selva tucumana.
Y, una vez llegado, el visitante se encuentra con la magnificencia del paisaje de altas montañas y de ríos, la bondad del clima, el nervio de una actividad permanente de negocios y de infinidad de locales de esparcimiento. En suma, sobran los ingredientes para una estadía inolvidable en el valle tafinisto. Así lo demuestra no sólo la cantidad de veraneantes, sino el público que arriba masivamente desde otros puntos de Tucumán y del país, dispuesto a regalarse con ámbitos tan atractivos.
En estos días concluye el álgido período veraniego. Sin duda habrá de aminorar drásticamente el bullicio, para renacer brevemente durante la próxima Semana Santa. Es oportuno, entonces, arrimar algunas reflexiones sobre ciertos aspectos de la vida cotidiana, para corregirlos en la próxima edición.
Parece evidente la necesidad de que, en la temporada venidera, Tafí del Valle organice de alguna manera distinta el caos del tránsito automotor por su zona céntrica, tránsito que va y viene por una arteria con estacionamiento a ambos lados y que, además, suele cortarse para instalar escenarios. Tiene que planificarse la vía alternativa, que haga esa circulación menos difícil y menos peligrosa que en la actualidad.
En materia de tránsito, urge también la intervención de la autoridad en el problema de los cuatriciclos, inestables vehículos que, conducidos por niños y adolescentes, se desplazan a gran velocidad a lo largo de las calles y de la ruta. Si felizmente no se sabe de accidentes graves, ellos podrían producirse en cualquier momento, y sería prudente prevenirlos. Se sabe que en otras localidades veraniegas -caso San Pedro de Colalao- se organizan recorridos por circuitos determinados con estos vehículos. Así como esta salida, hay muchas opciones para que los veraneantes puedan disfrutar de los cuatriciclos sin riesgos para ellos ni para otras personas.
Por otro lado, proliferan en toda el área los restaurantes, casas de comida y bares. No en todos ellos se observan los recaudos de higiene que deben ser obligatorios en estos casos, ni en el local, ni en las cocinas, ni en las instalaciones sanitarias. Una adecuada vigilancia municipal resultaría adecuada para corregir tales deficiencias. Y, dentro del mismo tema, pensamos que debiera existir algún tipo de control sobre las condiciones sanitarias de los alimentos que se expenden en la vía pública.
Sin duda que una villa veraniega es sitio de diversión, y eso supone la emisión de música. Pero, lógicamente, esta también debe ser sometida a algún tipo de pauta reglamentaria, ya que se propala a todas horas y con un volumen descontrolado, desde equipos existentes en las casas de comida y negocios en general. Ya se sabe que el ruido molesto conspira seriamente contra el descanso que se busca en un paraje veraniego.
El clima de esparcimiento se ve afectado asimismo por otras aristas. A pesar del control oficial sobre ingesta de bebidas en los locales, por las noches, especialmente durante los fines de semana, es visible la significativa cantidad de menores alcoholizados que circulan, solos o en grupo, por la vía pública. Es otro rubro donde tendría que existir una supervisión menos tolerante que la actual.
Afecta también la seguridad, la carencia de iluminación pública en muchos sectores de la villa de Tafí del Valle, y por los cuales el público se ve donde las personas se ve obligado a caminar en medio de la más absoluta oscuridad. Ni qué decir que es urgente la instalación de ese servicio elemental.
Y, una vez llegado, el visitante se encuentra con la magnificencia del paisaje de altas montañas y de ríos, la bondad del clima, el nervio de una actividad permanente de negocios y de infinidad de locales de esparcimiento. En suma, sobran los ingredientes para una estadía inolvidable en el valle tafinisto. Así lo demuestra no sólo la cantidad de veraneantes, sino el público que arriba masivamente desde otros puntos de Tucumán y del país, dispuesto a regalarse con ámbitos tan atractivos.
En estos días concluye el álgido período veraniego. Sin duda habrá de aminorar drásticamente el bullicio, para renacer brevemente durante la próxima Semana Santa. Es oportuno, entonces, arrimar algunas reflexiones sobre ciertos aspectos de la vida cotidiana, para corregirlos en la próxima edición.
Parece evidente la necesidad de que, en la temporada venidera, Tafí del Valle organice de alguna manera distinta el caos del tránsito automotor por su zona céntrica, tránsito que va y viene por una arteria con estacionamiento a ambos lados y que, además, suele cortarse para instalar escenarios. Tiene que planificarse la vía alternativa, que haga esa circulación menos difícil y menos peligrosa que en la actualidad.
En materia de tránsito, urge también la intervención de la autoridad en el problema de los cuatriciclos, inestables vehículos que, conducidos por niños y adolescentes, se desplazan a gran velocidad a lo largo de las calles y de la ruta. Si felizmente no se sabe de accidentes graves, ellos podrían producirse en cualquier momento, y sería prudente prevenirlos. Se sabe que en otras localidades veraniegas -caso San Pedro de Colalao- se organizan recorridos por circuitos determinados con estos vehículos. Así como esta salida, hay muchas opciones para que los veraneantes puedan disfrutar de los cuatriciclos sin riesgos para ellos ni para otras personas.
Por otro lado, proliferan en toda el área los restaurantes, casas de comida y bares. No en todos ellos se observan los recaudos de higiene que deben ser obligatorios en estos casos, ni en el local, ni en las cocinas, ni en las instalaciones sanitarias. Una adecuada vigilancia municipal resultaría adecuada para corregir tales deficiencias. Y, dentro del mismo tema, pensamos que debiera existir algún tipo de control sobre las condiciones sanitarias de los alimentos que se expenden en la vía pública.
Sin duda que una villa veraniega es sitio de diversión, y eso supone la emisión de música. Pero, lógicamente, esta también debe ser sometida a algún tipo de pauta reglamentaria, ya que se propala a todas horas y con un volumen descontrolado, desde equipos existentes en las casas de comida y negocios en general. Ya se sabe que el ruido molesto conspira seriamente contra el descanso que se busca en un paraje veraniego.
El clima de esparcimiento se ve afectado asimismo por otras aristas. A pesar del control oficial sobre ingesta de bebidas en los locales, por las noches, especialmente durante los fines de semana, es visible la significativa cantidad de menores alcoholizados que circulan, solos o en grupo, por la vía pública. Es otro rubro donde tendría que existir una supervisión menos tolerante que la actual.
Afecta también la seguridad, la carencia de iluminación pública en muchos sectores de la villa de Tafí del Valle, y por los cuales el público se ve donde las personas se ve obligado a caminar en medio de la más absoluta oscuridad. Ni qué decir que es urgente la instalación de ese servicio elemental.







