Sin piso para el dólar, sin techo para la preocupación

Se descarta ya definitivamente cualquier rebrote inflacionario. La reactivación depende del aporte de fondos públicos.

09 Junio 2003
Por Pablo Kandel

BUENOS AIRES.- El buen clima con el que el nuevo Gobierno arrancó su gestión se vio algo matizado, aunque no perturbado, por algunas notas discordantes.
El titular de la Unión Industrial Argentina, Alberto Alvarez Gaiani, dio la clave cuando dijo que con un dólar por debajo de los $ 3 la industria no puede funcionar adecuadamente y sufre desconciertos. Por ejemplo, la necesidad de pedir cláusulas de salvaguardia en un sinnúmero de productos que se traen de Brasil, a pesar de que con ese país hermano se está negociando una asociación económica mucho más estrecha. Esta postura de la UIA desagradó al Palacio de Hacienda, al punto que obligó a realizar aclaraciones y disipar tensiones, ya que se produce en un marco donde la central fabril apoya las políticas activas que está implementando el presidente Néstor Kirchner.
También el agro había expresado preocupaciones acerca de las repercusiones sobre la rentabilidad de un tipo de cambio fijo. A pesar de ser extremadamente competitivo, su productividad lo hace mucho más vulnerable a sufrir una fenomenal exacción de impuestos (retenciones) por parte del Gobierno, como se vio en la cifra de casi $ 1.000 millones que entregaron por ese concepto dentro de la recaudación impositiva récord de mayo.
Un productor decía días pasados que de cada tres camiones que cargan de soja, uno va para el Gobierno, y que esto no podía ser. Esta posición les valió a los hombres de campo ser calificados como angurrientos por el ministro Roberto Lavagna. Pero lleva al centro de atención el hecho de que con un dólar tan desinflado la parte productiva de la economía no puede funcionar adecuadamente.
Esta situación apoya la estabilización de precios y descarta cualquier rebrote inflacionario, puesto que más bien se está hablando ahora de deflación, aunque en el marco de un amesetamiento del ritmo de producción y de un nivel de consumo muy calmado, que no era lo que se esperaba.
Un primer indicio favorable lo dio la decisión empresaria de bajar las naftas, el gasoil y el gas de garrafa. Ahora la principal incógnita es cómo reactivar la industria automotriz, que es multiplicadora de puestos de trabajo y de inversiones intermedias, pero que exige decisiones muy cuidadosas ya que tienen un alto costo fiscal.
Kirchner había dejado trascender, apenas asumió su cargo, el anhelo de que el dólar se estabilizase en $ 3, un valor que se podría calificar de equilibrado puesto que no trae nuevas presiones inflacionarias, pero al mismo tiempo no es tan bajo que desestimule exportaciones o acarree una nueva ola de importación de bienes de consumo final sustitutivos de la producción nacional.
Pero esta posición del primer mandatario fue calificada de disparate por el presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay. A pesar de que este funcionario pidió varias veces disculpas -sin llegar a desdecirse- y de que quedaron todos amigos, el calificativo quedó grabado a fuego en la memoria de la gente. Simultáneamente surgió una investigación impositiva de Prat Gay, que venía de antes pero se publicitó justamente ahora.
Lo concreto es que en este momento el único que demanda dólares es el BCRA y que no hay interés de los importadores ni de los particulares, los cuales ya tienen suficientes dólares, entre 25.000 y 35.000 millones debajo del colchón o en la caja fuerte bancaria, sin importarles las pérdidas que han sufrido por sólo tenerlos guardados.
Esto inspiró el rumor de que la AFIP, en base a una circular del Central, iba a buscar los dólares de los evasores impidiéndoles el acceso a las cajas de seguridad bancarias, pero con el propósito oculto de obligarlos preventivamente a sacar la plata y gastarla.

Mucha oferta
A pesar de la baja en su cotización, la oferta de divisas por parte del campo no se ha detenido, quizás por temor a que baje aun más. Hay quienes dan otra interpretación que no convence del todo: que, dado que la mayoría de las exportaciones agrícolas se dirigen a Europa, a raíz de la suba del euro compensan lo que pierden con el dólar.
Lo único concreto es que el billete verde ya está instalado en forma perdurable -si no definitiva- por debajo de los $ 3, y si se confirman los pronósticos de que la cosecha del año que viene va a superar en forma sustancial a la de 2003, ya muy abultada, es posible que el dólar baje aún más.
Es que el campo, aun dentro de un apriete impositivo tan acuciante, tiene menores costos operativos que la industria; y como es el sector que provee más divisas -exporta el 80% de su producción, mientras la industria exporta solamente el 20%-, es el campo finalmente el que impone el tipo de cambio a la industria, o a la ciudad, con el riesgo de revivir un conflicto histórico siempre latente entre ambos pilares productivos de Argentina.
En este marco, las perspectivas de una reactivación un poco más rápida depende peligrosamente de los fondos públicos, los cuales, así como en este momento parecen abundantes, el día de mañana pueden evaporarse y no resultar ya significativos.
De ninguna manera pueden ser un sustituto para las corrientes inversoras empresarias, nacionales y multinacionales, que reviertan esta atonía en materia de planes de infraestructura y vivienda.
El meneado problema de la prórroga de las ejecuciones hipotecarias es un disuasivo para quienes quieren invertir en vivienda y la discusión general acerca de la reestructuración de deuda y las quitas que se apliquen tampoco anima a acercar capitales al país, salvo aquellos especulativos y de corto plazo comúnmente llamados buitres. (DyN)

Tamaño texto
Comentarios