BUENOS AIRES.- Obsesionado por mostrarse como un presidente con autonomía y poder, lejos de las pronosticadas "debilidades de origen" y "ataduras" de sus aliados, el presidente Néstor Kirchner actúa como una tromba, en busca de sus propios objetivos. Sabe que las mieles de la asunción no duran eternamente y que el terreno fértil que hoy transita puede convertirse en un pedregal en pocos meses.
Así, por la ansiedad, por sus propios ritmos y por la voluntad de "hacer", Kirchner echó mano, en menos de 15 días de gobierno, sobre temas tan profundos como riesgosos. En la segunda semana de gobierno, el santacruceño no se quedó atrás.
Sus primeros siete días estuvieron signados, entre otras situaciones, por la purga en las cúpulas militares. La semana que se va puso a la Corte en la cima de los hechos políticos oficiales. No son pocos los que se preguntan el porqué de los "apuros" del Presidente y sobre la conveniencia o no de abrir tantos frentes al mismo tiempo.
La buena imagen
Desde la Rosada justifican los movimientos y el ritmo no sólo en virtud del poder que confieren los primeros días de gestión y en la "buena imagen" que ha forjado por estas horas el mandatario, sino también en algunas cuestiones estratégicas.
Señalan, en ese plano, la raíz y el motivo de algunos movimientos. Y no disimulan que, la mayoría de los terrenos donde el jefe del Estado ha plantado su pie, son -aún hoy- reductos o ex reductos en los que anidan las ahora escuálidas y dispersas huestes del menemismo.
Por caso, señalan a algunos hombres de las ex cúpulas militares; a varios miembros de la Corte Suprema, identificados como la "mayoría automática"; a sectores enquistados en el maltrecho PAMI; a varios de los federales pasados a retiro e, incluso, a algunos dirigentes y gobernadores que imaginan al Consejo Nacional del PJ como refugio para el ex mandatario riojano.
Sea o no certera esta apreciación, lo cierto es que Kirchner, en 15 días, ha puesto varias mesas patas para arriba y, según promete, seguirá en ese trajín.Como lo anticipó en la mesa de Mirtha Legrand, como presidente electo, no dudó en utilizar la cadena nacional de radio y TV para denunciar presiones o extorsiones de miembros de la Corte, cargar sobre Julio Nazareno y a pedirle al Congreso que apure los procesos de juicio político que pueda para terminar con la actual composición del alto tribunal, tan polémica como desgastada.
La movida es riesgosa, pero Kirchner cree que este es su tiempo. Hoy, las mediciones le otorgan un 78 % de imagen positiva y sobre esos números se apoya para avanzar con convicción sobre temas que lo desvelan.
En la Rosada, la alerta respecto de la Corte es "naranja". El próximo miércoles, el alto tribunal podría abordar temas clave para la economía. La alternativa de un nuevo fallo redolarizador le pone a más de uno, incluido a Roberto Lavagna, los pelos de punta.
El proceso de juicio político abierto en Diputados contra Nazareno podría demorar varias semanas. Y en el oficialismo temen la posibilidad de "desventuras" desde lo más alto del tribunal. La oxigenación de la Corte es para el Ejecutivo una movida con riesgos, aunque tal vez no mayores que los que podría acarrearle la actual composición del cuerpo, regido por un hombre que no dudó en insinuar presiones.
Mientras Kirchner da duras batallas internas, el FMI audita las cuentas argentinas. El anuncio de que el director gerente del FMI, Horst Köhler vendrá al país generó euforia en el Gobierno, que sueña con un acuerdo de corto plazo primero y con un stand by después por tres o cuatro años.
El acuerdo con el Fondo
Las señales desde el FMI parecen ser halagüeñas. A los dichos oportunamente generados por Anne Krüger se sumaron en las últimas horas los de Anoop Singh, respecto de la evolución de la economía y de su crecimiento.
Un acuerdo de corto plazo le permitiría al gobierno de Kirchner refinanciar U$S6000 millones que vencen en agosto -cuando se cae el acuerdo vigente- y otra cifra similar que caduca entre setiembre y fin de año. Nada, claro está, será gratuito para la gestión de Kirchner ni para los argentinos. A las exigencias ya pautadas -reformulación de la banca, ejecuciones de deudores hipotecarios, la renegociación de la deuda y el aumento de tarifas- podrían sumarse otras que, en la actualidad, el país no está en condiciones de cumplir.
En síntesis, un acuerdo de largo plazo -posterior al que podría lograrse hasta diciembre-, implicaría más tiempo y más oxígeno para el Gobierno, pero también más condiciones y más ajustes.
Con este escenario iniciará su decimosexto día de gobierno. Pasará por el Salón de los Bustos imaginando su inminente viaje a Brasil, la reunión con Collin Powell, la visita de Köhler y su arribo a Washington. Pero Kirchner -y sólo él- sabe a ciencia cierta cuáles serán las nuevas jugadas que harán ruido "interno" en la tercera semana de gestión. (DyN)







