Rosca libre

Los problemas de conducción política.

08 Junio 2003
Por Fabio Ariel Ladetto

Poco antes de concluir su mandato, el voluminoso Hugo Lazarte recostó toda su humanidad en el sillón de legislador que (por azar) le había tocado en el reparto de despachos. Como siempre, habló con tono doctoral y pedagógico, con esa voz que, de pronto, se transforma casi en un hilo delgado, a punto de romperse. Recordó, como quien da una clase magistral, los detalles del fracaso de una negociación entre peronistas y opositores, en las difíciles épocas de José Domato. "Entonces, rosca libre", sentenció como fin del relato barroco.
En política, rosca libre significa que cada uno hace su juego, ante la existencia de una conducción débil, superada o simplemente en retirada por alguna derrota. El instinto de autopreservación del político lo lleva, en ese instante, a tratar de obtener el máximo beneficio para su sector, aun a costa del bienestar, de las aspiraciones o de los principios de su partido o bloque parlamentario.
Cada figura mencionada sobre la conducción, a su vez, tiene implicancias propias. Una conducción débil puede ser útil para "roscar" por fuera; por lo tanto, es conveniente que no se la separe del ejercicio formal de un cargo. Una conducción superada en un momento determinado no implica que no pueda reconstruir su poder y volver a ejercerlo con firmeza. Esta situación sería, entonces, una coyuntura a aprovechar rápidamente. Y una conducción en retirada significa un cambio de los actores del poder, una transición que posibilita reposicionamientos, una oportunidad para establecer nuevas alianzas para estar en otro estadio. Y también el riesgo del fracaso en la estrategia elegida.
El régimen electoral de los sublemas permite y facilita el jolgorio de la rosca libre, y cada vez se conoce a más candidatos que salen por la suya, casi sin importarles el resto de la lista. Hoy, los problemas de conducción están relacionados con la falta de ligazón con la estructura partidaria madre, a la que algunos no quieren ni siquiera rendirle homenaje. La política para todos parece dejarle paso al objetivo individual de llegar a la banca.
Esta crisis no es patrimonio de un partido determinado. El justicialismo teme que un futuro gabinete de José Alperovich gobernador esté plagado de ex radicales, agrupados ahora en el Partido de los Trabajadores y con el liderazgo de Alfredo Neme Scheij, y piensa atrincherarse en la Legislatura. Aunque, como cada uno llegará por sus propios votos (y jamás reconocerán deberle nada a otro postulante), la relación interna será compleja. Fernando Juri será clave.
La otrora unívoca Fuerza Republicana se presenta a comicios con candidatos a legislador y a concejal oficiales y extraoficiales. Los primeros cuentan con el respaldo partidario, y aparecen en los afiches y actos con Ricardo Bussi. Los otros, se mueven por fuera de los favores formales. Pero, gracias a la Ley de Lemas, cualquiera puede llegar a una banca. Bussi (h) sostuvo que sólo responde por quienes bendice, pero todos llevan la sigla partidaria.
El Frente Unión por Tucumán logró lo impensable. Bajo su signo se reúnen rivales ideológicos irreconciliables de otras latitudes, como socialistas con liberales de Ricardo López Murphy; menemistas como Olijela Rivas y duhaldistas como Lito Mejías; o militantes del ARI y del Polo Social con ex bussistas. En el medio, radicales, democristianos y un multicolor cóctel de dirigentes varios que sólo quieren la foto con Esteban Jerez, quien debuta en la política con una prueba de fuego de tener que mostrar que es un líder. Para colmo, poca gracia le debe hacer que Alberto Espinosa siga con su candidatura a concejal por esta alianza, cuando él mismo lo investigó cuando era fiscal anticorrupción.
Desde octubre puede haber un carnaval de la rosca libre, como ejemplificó hace años Lazarte, quien ahora quiere volver a la Legislatura de la mano de Jerez.

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