La educación, en terapia intensiva

Una herramienta de progreso para cualquier pueblo, que en nuestro país va cayendo en el olvido por parte de los políticos.

08 Junio 2003
Existen expresiones que se han incorporado al acervo de los pueblos porque conllevan una verdad universal. Así suele decirse, por ejemplo, que "la educación es la base para el progreso de una nación". Una persona educada tiene la capacidad de pensar por sí misma; un pueblo con educación puede aspirar a romper con el sometimiento o la esclavitud y crecer siendo dueño de su idiosincrasia, de sus proyectos y de sus esperanzas. Lo importante no es sólo la incorporación de estos pensamientos o verdades en la conciencia de los habitantes de una comunidad, sino la posibilidad de llevarlos a la práctica para que dejen de ser manifestaciones abstractas o simples palabras.
Estos pensamientos cobran vida cuando se los hace realidad. Sin embargo, hay comunidades, como la tucumana, donde los apotegmas se repiten a menudo pero quedan en letra muerta, a juzgar por los hechos de nuestra clase dirigente de los últimos lustros.
La carencia de políticas coherentes y de largo aliento ha colaborado para que el sistema educativo de la provincia sea cada vez más ineficiente, y lo preocupante es que el bajo nivel de enseñanza, las continuas huelgas y la grave situación económica han profundizado la deserción escolar y, en consecuencia, el analfabetismo.
En lugar de estar pensando constantemente en el diseño de un sistema educativo digno y progresista que surja de un consenso entre docentes, padres, Gobierno y gremialistas, el PE lleva más de dos semanas en un insólito enfrentamiento con los educadores privados porque se niega a abonarles un adicional no remunerativo de $ 40, pese a que la Fiscalía de Estado se pronunció a favor de ese desembolso, de acuerdo con las normativas vigentes.
Con la intención de arrimar más leña al fuego y de ahondar el conflicto, el ministro de Economía amenazó al sector privado con revisar la distribución de los aportes del Estado a los colegios, lo cual no fue cuestionado por Sadop, el gremio que nuclea a los docentes particulares, porque se sabe que hay numerosos establecimientos que siguen percibiendo subsidios estatales, pese a que no los necesitan desde hace muchos años, mientras hay otros que tienen problemas de funcionamiento. Pero este debate no debe generarse en momentos de tensión y la solución -para que tenga validez- debe surgir de un diálogo entre todas las partes y no de un circunstancial funcionario.
Si históricamente los gobiernos anteriores se hicieron cargo de los incrementos salariales de toda la docencia, no se entiende bien el empecinamiento del actual PE en no pagarles este adicional a los privados, que decidirán el martes si proseguirán con la huelga.
Mientras tanto, el sistema educativo sigue desquiciado: cientos de docentes sin trabajo; 40.000 alumnos abandonaron la escuela; 6.000 estudiantes secundarios -luego de haber sido aplazados en marzo- tuvieron recuperaciones de recuperaciones para poder pasar de curso y tampoco se evalúa la calidad de la enseñanza. Hace pocas semanas, en Entre Ríos, de los 1.296 docentes que se presentaron a rendir la prueba escrita del concurso convocado por el Consejo General de Educación para cubrir cargos de director y vicedirector en escuelas primarias y secundarias de la provincia reprobó un 42%. Sería más que interesante saber cuál es el nivel real de nuestros docentes. Este tipo de evaluaciones es imprescindible porque da no sólo una idea de la realidad educativa, sino que permiten luego mejorar el sistema donde hay déficit.
La clase gobernante de los últimos años y la actual, así como los 37.800 candidatos que aspiran hoy a adueñarse de una migaja de poder, son también una consecuencia de la pobreza educativa que azota a la provincia, donde una buena parte de sus leyes pareciera ser letra muerta. Si no llevamos a la práctica las verdades universales y no diseñamos un sistema de educación digno y eficiente, la corrupción y la desvergüenza seguirán horadando la esperanza y el progreso será entonces un sueño inalcanzable.

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