Vidriera al desnudo

Punto de vista. Por Carlos Duguech - Analista internacional.

06 Febrero 2011
No todo estaba a la vista. Se sabe, la diplomacia de alto y riesgoso nivel no siempre se muestra en la vidriera. Son necesarios acuerdos secretos, compromisos en la relación biunívoca. Lealtades. Egipto era el eje de las dos hojas de la bisagra que unía el occidente y el Medio Oriente que tuvo como protagonista al egipcio Anuar el Sadat, a la sazón presidente de Egipto en la sucesión del megalómano Nasser (propulsor de la RAE, República Árabe Unida, con Siria de corta duración). Los acuerdos de paz entre Egipto e Israel, en 1978, dieron motivo para que fundamentalistas islámicos lo asesinaran en 1981. Era premio Nobel junto a Beguin, el premier israelí.

La vinculación bifronte con EE.UU. e Israel le asignaba al Egipto de Hosni Mubarack una posición relevante en la región. No pocas veces, cuando las relaciones palestino-israelíes se estancaban -casi una recurrencia de libreto- el presidente egipcio Mubarack (lo era desde 1981, ininterrumpidamente) era a quien debía convocarse. Muchas reuniones se hicieron entre dirigentes palestinos e israelíes en el territorio de las pirámides y los faraones. Hoy, con la gravísima crisis en El Cairo, aparecieron espontáneamente, como actores de reparto tras bambalinas a la espera de su turno, estadistas de EE.UU. y de varios países europeos. De todas partes provienen consejos que parecen mas mandatos que muestran la dilución en la que entienden y consienten se enmarca la soberanía de la nación egipcia, devenida por ello en una sucursal-colonia de intereses occidentales. Sin tapujos. Sin ocultamientos, a la luz del día y con el desparpajo de los poderosos que se saben tales mostrando su flanco más débil: la necesidad de un Egipto dócil, mediador, amortiguador en el caldero del Medio Oriente. Es probable -y deseable- que esta súbita sinceridad que muestran las relaciones habidas entre EE.UU., países de la UE y Egipto, vayan más allá del propio Mubarack y su suerte de treinta años. Hoy le sugieren, le imponen, democracia. La que existía se ve que no era del todo cierta, aunque convenientemente tolerada. ¡Vaya saludable apoyo de esos países a un Egipto desangrándose por tanta rebelión contenida! ¡Qué tarde llegaron, señores de Occidente!

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