05 Junio 2003 Seguir en 
Al menos 22 de los 32 jóvenes que denunciaron malos tratos y condiciones de semiesclavitud en una finca de La Rioja están ya con sus familias. De a poco, y en grupos de dos o tres, fueron escapándose y, como pudieron, regresaron a Tucumán. Los que permanecen allí, estarían por su voluntad, ya que aparentemente la situación mejoró a raíz de la publicación de la denuncia en LA GACETA.
Miguel Albarracín, de 21 años, llegó el 23 de mayo junto con Gerardo Véliz y José Santos, luego de escaparse a las dos de la madrugada de la finca de Nonogasta, en esa provincia.
Inicialmente, los 32 tucumanos estuvieron en la localidad de Aguinal, donde cosecharon aceitunas. Pero el 20 de mayo, cuando los seis jóvenes que se escaparon hicieron la denuncia, llevaron al resto a Nonogasta.
Albarracín contó que estuvo tres días sin comer porque no le pagaban, que se enfermó y que, cuando estaba por engriparse, decidió fugarse con sus amigos del barrio San Fernando, donde fueron reclutados el 6 de mayo pasado por un hombre que los llevó a La Rioja.
"Cuando paró el colectivo en el barrio y nos ofrecieron trabajo, nos dijeron que iban a pagarnos $ 2,50 por bandeja de aceitunas; pero después nos daban sólo $ 1,40", dijo Albarracín. José Véliz, el primero en fugarse de la finca y quien denunció la situación, agregó: "acá habían dicho que eran bandejas de frutillas, que son más angostas, y allá nos dieron las que se usan para el limón, que son mucho más grandes". En promedio, cada joven llenaba 10 bandejas al día.
Malas condiciones
Véliz, al igual que Albarracín, se refirió a las comidas de mala calidad, al agua estancada en un piletón que debían consumir porque era la única, y al frío que pasaban en el galpón donde dormían -en el piso, entre chapas y hierros en desuso-. Sin embargo, aclaró que nunca fueron amenazados con armas. Véliz explicó que se enteró de que eso figuraba en su declaración judicial al leer LA GACETA.
"Eso me hizo agregar el abogado (Zenón Maldonado) porque decía que así nos iban a dar más bolilla; pero no era cierto", dijo. El letrado desmintió esa versión.El fiscal Gustavo Estofán y el secretario Daniel Clemente enviaron varios exhortos a la Justicia riojana para pedir informes sobre la situación, pero nunca obtuvieron respuestas.
No obstante, ante la publicación de la denuncia, la Secretaría de Trabajo de La Rioja, junto con representantes del gremio de los estibadores y cosecheros, inspeccionaron la semana pasada la finca sin encontrar ninguna irregularidad. Tampoco había cosecheros tucumanos. Los jóvenes dijeron que en ese momento ya estaban en Nonogasta. Según lo que ahora dijeron los jóvenes, se habría tratado de un engaño y de una supuesta estafa, pero no de un caso de esclavización compulsiva. Sin embargo, Albarracín, Santos y Gerardo Véliz trajeron un mensaje para José Véliz, hermano del anterior. "Nos dijeron que lo iban a matar por haberlos denunciado", dijeron.
Ello atemorizó a María Luisa Córdoba, madre de los Véliz. "Quiero levantar la denuncia porque tenemos miedo de que esta gente venga y nos haga algo. Se dicen muchas cosas, como que la Policía de La Rioja quiere detener a mis hijos, y esto ya no me gusta nada. Ellos sólo querían trabajar porque somos muy pobres...", aseguró.
Miguel Albarracín, de 21 años, llegó el 23 de mayo junto con Gerardo Véliz y José Santos, luego de escaparse a las dos de la madrugada de la finca de Nonogasta, en esa provincia.
Inicialmente, los 32 tucumanos estuvieron en la localidad de Aguinal, donde cosecharon aceitunas. Pero el 20 de mayo, cuando los seis jóvenes que se escaparon hicieron la denuncia, llevaron al resto a Nonogasta.
Albarracín contó que estuvo tres días sin comer porque no le pagaban, que se enfermó y que, cuando estaba por engriparse, decidió fugarse con sus amigos del barrio San Fernando, donde fueron reclutados el 6 de mayo pasado por un hombre que los llevó a La Rioja.
"Cuando paró el colectivo en el barrio y nos ofrecieron trabajo, nos dijeron que iban a pagarnos $ 2,50 por bandeja de aceitunas; pero después nos daban sólo $ 1,40", dijo Albarracín. José Véliz, el primero en fugarse de la finca y quien denunció la situación, agregó: "acá habían dicho que eran bandejas de frutillas, que son más angostas, y allá nos dieron las que se usan para el limón, que son mucho más grandes". En promedio, cada joven llenaba 10 bandejas al día.
Malas condiciones
Véliz, al igual que Albarracín, se refirió a las comidas de mala calidad, al agua estancada en un piletón que debían consumir porque era la única, y al frío que pasaban en el galpón donde dormían -en el piso, entre chapas y hierros en desuso-. Sin embargo, aclaró que nunca fueron amenazados con armas. Véliz explicó que se enteró de que eso figuraba en su declaración judicial al leer LA GACETA.
"Eso me hizo agregar el abogado (Zenón Maldonado) porque decía que así nos iban a dar más bolilla; pero no era cierto", dijo. El letrado desmintió esa versión.El fiscal Gustavo Estofán y el secretario Daniel Clemente enviaron varios exhortos a la Justicia riojana para pedir informes sobre la situación, pero nunca obtuvieron respuestas.
No obstante, ante la publicación de la denuncia, la Secretaría de Trabajo de La Rioja, junto con representantes del gremio de los estibadores y cosecheros, inspeccionaron la semana pasada la finca sin encontrar ninguna irregularidad. Tampoco había cosecheros tucumanos. Los jóvenes dijeron que en ese momento ya estaban en Nonogasta. Según lo que ahora dijeron los jóvenes, se habría tratado de un engaño y de una supuesta estafa, pero no de un caso de esclavización compulsiva. Sin embargo, Albarracín, Santos y Gerardo Véliz trajeron un mensaje para José Véliz, hermano del anterior. "Nos dijeron que lo iban a matar por haberlos denunciado", dijeron.
Ello atemorizó a María Luisa Córdoba, madre de los Véliz. "Quiero levantar la denuncia porque tenemos miedo de que esta gente venga y nos haga algo. Se dicen muchas cosas, como que la Policía de La Rioja quiere detener a mis hijos, y esto ya no me gusta nada. Ellos sólo querían trabajar porque somos muy pobres...", aseguró.
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