De pulpos y delfines

Temor al efecto menemizador del mirandismo.

04 Junio 2003
Por Juan Manuel Asis

Debe ser difícil para José Alperovich tratar de demostrar que no es más de lo mismo, cuando fue parte de eso que no quiere parecer. En su discurso, el candidato a gobernador del Frente Fundacional pone distancia de la gestión de Julio Miranda. Habla sin pudor de la necesidad de refundar y de sacar a Tucumán de la anarquía. Eso y decir que la provincia es un desquicio institucional y que carece de autoridad política es lo mismo. Cuida muy poco las formas. Además, no puede ser opositor el postulante oficialista. Quedó entrampado entre su paso por el gabinete -y la necesidad de devolverle favores al "pulpo" Miranda- y lo que debe decir a los independientes para seducirlos.
Lo usual es que el candidato oficialista se apoye en la gestión de gobierno para apuntalar su actividad proselitista. Eso no ocurre en este caso. El ex ministro de Economía no alude a ningún hecho de la administración mirandista, ni siquiera al rescate de los bonos, algo que Miranda anhela exponer como un logro personal cuando deje el cargo. Aún más, ni siquiera defiende al propio gobernador.
Todo responde a dos necesidades estratégicas: 1- de despegue. 2- de debilitamiento. Debe despegarse del lastre de surgir de una gestión signada por hechos de corrupción en temas sociales (muertes de niños por desnutrición) e institucionales (supuestas coimas en la Legislatura). Y debe debilitar el poder político de quien puede convertirse en una amenaza y complicar su gestión -si gana- desde el justicialismo: Miranda.
Pero hay más para leer. Alperovich debe temerle al efecto menemizador de la campaña por culpa del mirandismo. ¿Cómo es eso? Tal vez le preocupe que el concepto que se tiene sobre la actual administración -sospechada en lo social, lo político y lo económico- se proyecte hacia su persona, dañe su imagen y perjudique su candidatura.
Si el menemismo fue un concepto ligado a lo peor de la política -según se deduce de los resultados de la elección nacional del 27 de abril-, Alperovich teme que el mirandismo se convierta en un concepto con la misma interpretación. Guarecerse públicamente en ese paraguas no sería, entonces, la mejor opción para sostener su sueño de suceder precisamente al que lo eligió como heredero. Es el intríngulis alperovichista. Algo así como tratar de mostrar que no se contagió de la enfermedad de la que fue parte.
El candidato del Frente Fundacional apostó a sacudirse ese virus menemizador del mirandismo con un buen baño de inmersión kirchnerista. La purificación pasaría por estar más cerca de Néstor Kirchner y de parecer lo más alejado posible de Miranda. Es que, hoy por hoy, mirandismo y kirchnerismo son dos ideas contrapuestas en la interpretación de lo que es la acción política. Ya se habla de un estilo distinto cuando se alude al Presidente, por lo que para Alperovich es más redituable aparecer ante el electorado como el elegido del santacruceño antes que como el delfín de Miranda.
Pero, hasta el 29, el senador no tiene que correr el riesgo de enfurecer a Miranda, ya que hasta ese día el gobernador manejará toda la estructura estatal. Y Alperovich necesita del aparato del Estado para obtener sufragios.
Además, supone -equivocadamente- que tiene cautivo al voto peronista, que suma 180.000 voluntades. Por lo menos, la dirigencia está dispersa, lo que hace presuponer con cierta lógica que los peronistas no expresarán en las urnas el verticalismo que los caracteriza. Alperovich no está seguro sobre los números y sabe que el piso del PJ no le garantiza el triunfo. Tiene que distanciarse, pero todavía no puede separarse.
La historia de la alianza Miranda-Alperovich se escribirá de una forma hasta el 29, después -según el resultado-, comenzará otra. En política, las conveniencias destruyen sociedades. En poco tiempo veremos si la dieta de un delfín incluye pulpo, o si los tentáculos del molusco inmovilizan al pez.

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