18 Enero 2011 Seguir en 
Un hilo de esperanza se extiende en La Costanera, donde la droga hizo estragos los últimos años. En la Fundación Arboleda, un grupo de adolescentes halló en el deporte y en el arte un motivo para alejarse de las sustancias dañinas, esas que revientan y enloquecen la cabeza de los jóvenes. "Hoy sé que soy un adicto recuperado. Cuando me drogaba con pasta base o marihuana era una persona violenta", confiesa Sebastián Soberón, uno de los chicos que encontró una puerta de acceso a otra vida en la fundación. De todas manera, mucho resta por hacer para que el "paco" deje de matar el futuro.
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