BUENOS AIRES.- Pocas veces como en estas circunstancias, un nuevo gobierno se ha encontrado con una situación de caja tan desahogada para inaugurar su mandato. Lo habitual es que las administraciones choquen con una angustia fiscal de entrada, como le sucedió a De la Rúa en 1999.
Pero hoy el presidente Kirchner tiene con qué. Tanto es así, que Kirchner se enroló en una clara actitud gastista que le dio dividendos de entrada, pero que tiene filosas aristas en el mediano y en largo plazo. Entre Ríos, Formosa y el anticipo del medio aguinaldo a jubilados es prueba de ello. Hay que ver hasta cuándo se mantiene este estilo; seguramente, en tanto no se vacíen los cofres.
Bueno, por ahora está bien, tienen dinero, comenta la calle, porque la recaudación impositiva ha respondido con creces, y ha superado todas las expectativas. El sector tributario aspiró los fondos y garantizó el superávit fiscal para el primer semestre.
Pero la plata que recibió en carretilla el fisco se extrae del circuito económico, de la inversión y del consumo, y pone en duda que esta reactivación pueda continuar a ritmo intenso como lo refleja la continuidad en la caída de ventas en los supermercados.
Aun así, lo ocurrido en los primeros meses hasta mayo es demostrativo del triunfo de una estrategia dura dentro de la cual se convenció o se forzó a la gente a pagar más impuestos; porque el otro factor, consistente en el control de la evasión, hasta ahora no jugó un gran papel por más que algunos procedimientos recientes de la AFIP podrían estar marcando un cambio de tendencia.
Máxime cuando se decía que un dólar bajo y una inflación en retirada -casi una deflación- no constituían el marco más propicio para recaudar bien, porque los exportadores iban a dilatar las liquidaciones de divisas hasta tanto se forzara un mejor valor dólar y, por lo tanto, el Estado ingresaría menos retenciones.
En segundo lugar, hay que remarcar que con un marco de precios calmados la base contributiva se contrae y no sólo cae el IVA sino también el tributo al cheque.
Y en tercer lugar, se advertía que la catarata de recursos de amparo judiciales que beneficiaban a contribuyentes permitiéndoles aplicar el prohibido ajuste por inflación iba a redundar en un rendimiento menor que el estimado en el Impuesto a las Ganancias.
Pero nada de esto se consumó y el Lavagna que entregó Duhalde pudo proclamar "tarea cumplida". Mientras tanto el Lavagna que recibió Kirchner trata de acomodarse a este viento huracanado que viene del lejano sur.
Este mandatario vino con una actitud de gasto más fuerte, para no llamarla con los epítetos de keynesiana o neokeynesiana.
Y con un esquema de poder muy distinto, donde reparte los tantos para tener total protagonismo.
Por un lado, Lavagna perdió el poder que le sacaron para discutir las tarifas de servicios públicos y los planes de obras públicas, que quedaron en manos del ministro de Planificación e Infraestructura Julio de Vido.
El mercado cambiario
Por otro, ganó el poder que le sacó al presidente del Banco Central Alfonso Prat Gay al crear una comisión destinada a reconfigurar el sistema financiero y a decidir qué bancos merecen redescuentos y salvataje.
Esto, a su vez, motivó una espectacular reacción: Prat Gay calificó de disparate una sugerencia de Kirchner para poder disponer de un dólar a $ 3. Sin embargo, no es ningún capricho querer tener un tipo de cambio moderadamente alto pero estable. Nadie puede decir si el dólar está caro o barato si el que decide es un mercado en competencia perfecta. Pero eso no existe en la realidad porque dominan factores muy imperfectos, entre ellos, fondos "buitre" o inversores internacionales poderosísimos que andan de continente en continente manejando carteras de miles de millones de dólares. Su objetivo es tratar de sacar beneficios de diferenciales de tasas de interés y con eso provocan terremotos cambiarios y financieros imposibles de neutralizar. Así, se impone una actitud de vigilancia y regulación para lo cual el Estado tiene que disponer de fondos. (DyN)







