El estilo ejecutivo del presidente Néstor Kirchner sorprendió a la sociedad política. De hecho, el ex gobernador patagónico produjo fuertes cambios en ámbitos sensibles del poder, como son las Fuerzas Armadas, y se rodeó de colaboradores que ideológicamente marcan una ruptura acentuada con la década del menemismo. No reniegan del papel director del Estado en la esfera socioeconómica y abogan por una inserción autónoma de la Argentina en el proceso de globalización.
La modalidad intervencionista de Kirchner resolvió un prolongado conflicto educativo en Entre Ríos y se comprometió a apoyar el desarrollo socioeconómico de Formosa. En esta provincia, además, puso en marcha el proceso de rescate de los bonos locales. Con tono crítico se observan esas primeras medidas del santacruceño. En Entre Ríos, pasó por encima del gobierno radical pactando el arreglo con los docentes y adelantó el dinero que destrabó el pago de sueldos, partida que deberá ser reintegrada por la próxima administración.
En Formosa, ayudó al gobernador Gildo Insfrán, que necesita ganar la elección de convencionales constituyentes de hoy, para que se pueda reformar la Constitución y legalizar su tercera reelección. Insfrán se jugó por Kirchner y su rival Vicente Joga por Carlos Menem.
Los radicales objetan el tinte proselitista de ambos desplazamientos presidenciales. Por el lado del menemismo tampoco se escuchan aplausos. Desde allí acusan al nuevo jefe de Estado de "sobreactuar" en la cuestión entrerriana y de no desarrollar políticas que contengan a todo el peronismo. Le reprochan que, en cambio, procure alianzas fuera del propio PJ, con fragmentos del difunto Frepaso.
Las razones
Al sucesor de Eduardo Duhalde lo justifican sus defensores con otros argumentos. La construcción del espacio propio y la necesidad de diferenciarse de su predecesor se invocan como móviles primeros del dinamismo inicial.
Kirchner también tomó parte en el pleito doméstico. Apareció avalando al candidato oficialista José Alperovich. Esa actitud irritó a quienes creen que el Presidente debe mantenerse alejado de los conflictos provinciales, pero el peronismo suele manejarse con otros códigos políticos.
La injerencia presidencial aún no se sintió en forma efectiva en Tucumán. Sin embargo, se admite que Julio Miranda está lejos de suscitar entusiasmo en Kirchner, quien lo criticó ásperamente cuando incursionó por Tucumán, en julio de 2002.
En más de una ocasión, Kirchner trianguló su relación con Miranda a través del gobernador jujeño Eduardo Fellner. Alperovich es un candidato bendecido por el duhaldismo, que busca adaptarse a la era kirchnerista.
Los adeptos al santacruceño se reparten entre el Gobierno local, el movimiento Norte Grande -con presencia en 10 provincias-, el espacio de la Nueva Generación -con vinculaciones en las segundas líneas del oficialismo en el poder federal- y la Corriente que lidera la diputada Stella Maris Córdoba. Esta, por otra parte, por sus conexiones, no está alejada del eje Miranda-Alperovich-Antonio Guerrero.
El enorme desgaste de Miranda empezó a espantar a más de un oficialista. Alperovich habló de que en la provincia existe un estado de anarquía, con lo cual intentó despegarse del pasado.
El senador cogobierna en las sombras para asegurarse que el período de transición no se transforme en una bomba de tiempo que acabe prematuramente con el período de gracia que se otorga a los recién llegados a la Casa de Gobierno. Sin embargo, hacia afuera trata de remarcar las diferencias.
La elección primaria abierta del domingo pasado profundizó esa brecha. A Gerónimo Vargas Aignasse lo avaló Alperovich en la pelea por la intendencia de San Miguel de Tucumán porque el mirandista Enrique Romero no era una oferta electoral atractiva para el exigente mercado político de la capital. Hubo, no obstante, desprendimientos de la Casa de Gobierno en favor de Vargas Aignasse, como el liderado por Antonio Guerrero.
La otra mano que impulsó a Vargas Aignasse al triunfo fue la de Sisto Terán, que oxigenó con recursos a sublemas piloteados por legisladores (Juan Carlos Mamaní y Germán Alfaro). En medio de ese forcejeo de aparatos, Hugo Cabral -patrocinado por la Corriente kirchnerista- consiguió vencer dentro del casco de las cuatro avenidas y obtuvo más de 6.000 votos. "Si el PJ quería ganar la capital, debía dar apoyo a los tres candidatos", deslizó a sus operadores.
Terán jugó otras cartas en la elección del domingo pasado. En mancomunión de esfuerzos con el diputado Roque Alvarez y Juan Ruiz Olivares, hizo prevalecer a sus candidatos en cinco municipalidades del oeste y en 17 comunas rurales.Apuesta el vicegobernador a que el sublema de candidatos a legisladores sea el más votado en la sección oeste en la elección del domingo 29, perspectiva que lo llevaría a una situación de poder.Terán, en efecto, descuenta que eso efectivamente ocurrirá y se dice que ya adelantó su propósito de erigirse en el presidente subrogante de la Legislatura que asumirá el 29 de octubre. Ese anticipo trasunta una confianza absoluta en la victoria del mirandismo dentro de cuatro semanas.
La movida de Terán amenaza con descolocar a Fernando Juri, quien sería el presidente natural de la Legislatura si Alperovich reemplaza a Miranda, por resolución popular. Si este se aleja del escenario temporariamente para recomponer su figura con miras a las elecciones de legisladores nacionales de octubre, Terán lo sustituiría. El Senado podría ser el destino de Miranda.
Otra imagen para Jerez
Esteban Jerez emprende este mes una tarea ciclópea. Sus operadores del Frente Unión por Tucumán apuestan a mostrarlo como alguien capaz de gobernar en forma diferente al mirandismo. Se lo rodeará de un elenco de técnicos y políticos, que destierre la idea del llanero solitario que pronuncia discursos en diferentes actos.
Las idas y vueltas del ex fiscal con su renuncia minaron su imagen, pero en su entorno recuerdan que Antonio Bussi se recluyó en Buenos Aires cuando Oscar Paz venció en la elección primaria abierta de 1995 a Alberto Germanó. Esa indefinición no influyó luego en la chance del jefe de FR en la elección provincial de ese año. A Jerez cuestiona ahora con acritud el diputado José Falú, a causa de su renovada amistad con Alperovich y Miranda.
En FR esperan que el fuero contencioso administrativo confirme la habilitación del jefe partidario como candidato a intendente por la capital. Las organizaciones de derechos humanos obligaron a polemizar a Ricardo Bussi, en medio de la campaña. El problema está abierto.







