Lección de un triste caso

Los elementos pirotécnicos entrañan un peligrosidad que las autoridades deben controlar.

31 Mayo 2003
Hemos informado sobre el lamentable suceso ocurrido en Villa Mariano Moreno. Un niño encontró en la huerta de su escuela lo que parece haber sido una bomba de estruendo sin detonar. La llevó a su casa y, cuando junto con un amigo le prendieron fuego, el artefacto le estalló en la mano. Debieron amputarle totalmente dos dedos y tres en forma parcial.
El triste caso sirve, entre otras cosas, para poner en guardia sobre el enorme riesgo que representan esos elementos, y que contrasta con la ligereza con que son utilizados frecuentemente en actos y manifestaciones en la vía pública. A cada momento vemos que quienes activan estas bombas distan de hacerlo con el cuidado que exigiría su condición de poderosos explosivos y su capacidad de suscitar gravísimos daños en las personas o en las propiedades. Como puede advertirse, hasta existen irresponsables capaces de tirarlos intactos en la huerta de una escuela, con la posibilidad de que caiga en manos de un menor que ignora el peligro que encierra.
Nadie puede devolver la integridad de su mano al niño que se halló en tan desafortunada circunstancia. Pero el penoso acontecimiento debería servir, siquiera, para hacer reflexionar a quienes, en los actos callejeros, manipulan estos explosivos.

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