Se llamó a silencio y cada día que pasa está más oculto. No va a su despacho ni tiene agenda protocolar. En Buenos Aires se comenta que no está dentro del círculo más cercano al presidente Néstor Kirchner y en el que, por las crónicas que surgen desde la Casa Rosada, sólo aparecen Gildo Insfrán (Formosa), Eduardo Fellner (Jujuy) y Carlos Rovira (Misiones).
Julio Antonio Miranda comenzó a padecer el síndrome del fin de mandato. Su poder no es el mismo que aquel que lo ungió como gobernador de Tucumán. Su gabinete trata de disimular roces internos para que parezca un equipo de trabajo homogéneo. Paredes adentro de la Casa de Gobierno el mundo no es el de las maravillas novelescas; se asemeja, más bien, a enfrentamientos de culebrones.
Dos pruebas: las diferencias entre el ministro de Economía, José Alberto Cúneo Vergés, y el fiscal de Estado, Benito Garzón, por el dictamen de este último que habilitaba el cobro de un adicional al sector docente privado. La otra situación embarazosa para el PE fue la incomprensible separación de Santiago Reyes de la conducción de la Dirección de Estadísticas. Aunque ahora se habla de una revisión de la medida, lo cierto es que el desplazamiento de Reyes generó múltiples dudas acerca del manejo de los planes sociales. Sería bueno, para la cada vez menos iluminada imagen del Gobierno, que el polémico informe se haga público y que la población saque sus conclusiones.
En el plano político, la interna del domingo pasado dejó secuelas para el mirandismo. A la hora del balance, Miranda fue derrotado porque sus precandidatos no llegarán a junio. Las convicciones propias del electorado pudieron más que la inducción del voto y el peso del aparato oficial.
Un período tormentoso
En un mes, los tucumanos sabrán quién será el sucesor de Miranda. Los candidatos José Alperovich, Ricardo Bussi, Esteban Jerez y Osvaldo Cirnigliaro, por mencionar a algunos, tienen algo en común. Ninguno de ellos está dispuesto a contener políticamente al hasta ahora mandatario.
El imperio puede caer en agosto. En sus ansias por continuar con fueros a través de una banca senatorial, el gran objetivo de Miranda es rescatar la totalidad de los bonos. Se convertirá en una carta de presentación ante una sociedad desconcertada por las improlijidades que tuvo el plan de Unificación Monetaria. Pasó más de un mes y medio desde que Kirchner, en la tribuna política que se montó en territorio bandeño, anunció que, en 30 días, los Bocade desaparecerían. Hoy, con el bastón de mando, el Presidente prepara su desembarco en Tucumán para efectuar una serie de anuncios y, según comentan los alperovichistas, vendría también a apoyar al actual senador, nueve días antes de las elecciones del 29 de junio próximo.
La transición institucional puede ser más corta que lo que se estableció constitucionalmente. A Miranda le tocará atravesar un difícil momento entre junio y agosto, por la anunciada recesión económica que aparejaría el rescate de los Bocade. Con la lluvia de Santa Rosa, podría quedar definido el futuro del titular del Poder Ejecutivo, quien prometió, en reiteradas oportunidades, gobernar hasta el último día de mandato (29 de octubre), como también no postularse para ningún cargo.
El gobernador comenzó a replantear su futuro político. Puede suceder que continúe al frente del Partido Justicialista, pero de manera simbólica. El peronismo no le hará un desplante el 30 de setiembre (cuando se renueven autoridades), pero sus líneas internas le reclamarán participación en las decisiones de gobierno, si el candidato oficial llega al poder a fines de junio. Pero en el PJ, soplan aires de renovación total con un recambio integral de su dirigencia.







