29 Mayo 2003 Seguir en 
La muerte violenta de una señora jubilada a manos de uno o varios desconocidos que ingresaron en su domicilio de Salta y Santa Fe, unida al hecho de similares características que tuvo por víctima a una docente retirada en 25 de Mayo al 900, en enero último, ya sería suficiente para llamar con fuerza la atención sobre la inseguridad que parece reinar en el Barrio Norte de nuestra ciudad. Pero aún corresponde agregar, de acuerdo con los testimonios vecinales, que todas las calles de esa área -incluyendo la plaza Urquiza- son teatro frecuente de la actividad de motoarrebatadores, así como de quienes se dedican a sustraer las ruedas de auxilio o los pasacintas de los automotores estacionados.
Hace mucho tiempo que esa parte de Tucumán se ha convertido en peligrosa, y no es extraño que así ocurra. Existen allí numerosos locales de diversión que durante las noches de los fines de semana son teatro habitual de borracheras de adolescentes, con las grescas y los escándalos que rodean a tales situaciones. Quienes allí habitan se hallan muchas veces con las puertas de sus domicilios bloqueadas por jóvenes en estado de euforia, que sólo a regañadientes aceptan franquearles el paso. La plaza Urquiza, por las noches y gracias a su tenue iluminación, es teatro de una serie de actividades antisociales o reñidas con la moral pública. La proximidad con la Brigada de Investigaciones y con la Policía Federal, como se advierte, no tiene ningún efecto disuasivo para esas conductas. Hace pocos días, en un pie de editorial consignábamos la temeraria realización de "picadas" de autos por la manzana rodeada por calles Marcos Paz, 25 de Mayo, Corrientes y Laprida. Y para completar el cuadro, el sufrido vecindario debe soportar durante los fines de semana toda esa clase de deprimentes espectáculos, así como el atronador barullo de los gritos destemplados, la música a todo volumen y los escapes libres de motocicletas.
Todos estos desbordes se desarrollan en la impunidad y sin duda crean el clima apto para hechos mayores. Parece evidente la perentoriedad de una efectiva presencia de la Policía en esta parte de San Miguel de Tucumán. No nos referimos al esporádico patrullaje, sino a agentes uniformados cuyo cometido conlleve la obligación de caminar permanentemente a lo largo de las cuadras. Que es, como se sabe, la única manera de mantener un razonable control sobre lo que está ocurriendo, y de ponerse en disposición de prevenir o de impedir actitudes delictivas o de contravención.
Cabe recordar que el Barrio Norte es un área residencial de nuestra capital, lo que quiere decir que allí se concentra una gran cantidad de casas de familia. Es lógico sostener que esas características tornan necesario que sus habitantes reciban, de parte del Estado, una protección que les permita circular por sus calles con confianza, o permanecer en sus domicilios sin la amenaza de un posible ingreso de asaltantes o de criminales.Para esto es fundamental allí la presencia de la Policía, por cierto que dotada de todos los medios necesarios para operar con la diligencia y con la eficacia deseables.
Agreguemos que el vecindario debe colaborar con dicha tarea, procediendo a la inmediata denuncia de toda actitud sospechosa o perturbadora del orden que advierta. Ello, además de tomar, en lo que a cada vivienda respecta, las medidas de seguridad indispensables. Hablamos de la presencia ininterrumpida de porteros en los departamentos, del cierre de la puerta principal de los edificios con llave, de la identificación de cualquier acceso que quiera hacerse usando el portero eléctrico, etcétera, para citar sólo algunas de esas precauciones. Por lo demás, es de esperar que la investigación policial acometa a fondo el esclarecimiento de los dos crímenes que se han cometido en el Barrio Norte en los últimos cinco meses, para devolver la tranquilidad al vecindario.
Hace mucho tiempo que esa parte de Tucumán se ha convertido en peligrosa, y no es extraño que así ocurra. Existen allí numerosos locales de diversión que durante las noches de los fines de semana son teatro habitual de borracheras de adolescentes, con las grescas y los escándalos que rodean a tales situaciones. Quienes allí habitan se hallan muchas veces con las puertas de sus domicilios bloqueadas por jóvenes en estado de euforia, que sólo a regañadientes aceptan franquearles el paso. La plaza Urquiza, por las noches y gracias a su tenue iluminación, es teatro de una serie de actividades antisociales o reñidas con la moral pública. La proximidad con la Brigada de Investigaciones y con la Policía Federal, como se advierte, no tiene ningún efecto disuasivo para esas conductas. Hace pocos días, en un pie de editorial consignábamos la temeraria realización de "picadas" de autos por la manzana rodeada por calles Marcos Paz, 25 de Mayo, Corrientes y Laprida. Y para completar el cuadro, el sufrido vecindario debe soportar durante los fines de semana toda esa clase de deprimentes espectáculos, así como el atronador barullo de los gritos destemplados, la música a todo volumen y los escapes libres de motocicletas.
Todos estos desbordes se desarrollan en la impunidad y sin duda crean el clima apto para hechos mayores. Parece evidente la perentoriedad de una efectiva presencia de la Policía en esta parte de San Miguel de Tucumán. No nos referimos al esporádico patrullaje, sino a agentes uniformados cuyo cometido conlleve la obligación de caminar permanentemente a lo largo de las cuadras. Que es, como se sabe, la única manera de mantener un razonable control sobre lo que está ocurriendo, y de ponerse en disposición de prevenir o de impedir actitudes delictivas o de contravención.
Cabe recordar que el Barrio Norte es un área residencial de nuestra capital, lo que quiere decir que allí se concentra una gran cantidad de casas de familia. Es lógico sostener que esas características tornan necesario que sus habitantes reciban, de parte del Estado, una protección que les permita circular por sus calles con confianza, o permanecer en sus domicilios sin la amenaza de un posible ingreso de asaltantes o de criminales.Para esto es fundamental allí la presencia de la Policía, por cierto que dotada de todos los medios necesarios para operar con la diligencia y con la eficacia deseables.
Agreguemos que el vecindario debe colaborar con dicha tarea, procediendo a la inmediata denuncia de toda actitud sospechosa o perturbadora del orden que advierta. Ello, además de tomar, en lo que a cada vivienda respecta, las medidas de seguridad indispensables. Hablamos de la presencia ininterrumpida de porteros en los departamentos, del cierre de la puerta principal de los edificios con llave, de la identificación de cualquier acceso que quiera hacerse usando el portero eléctrico, etcétera, para citar sólo algunas de esas precauciones. Por lo demás, es de esperar que la investigación policial acometa a fondo el esclarecimiento de los dos crímenes que se han cometido en el Barrio Norte en los últimos cinco meses, para devolver la tranquilidad al vecindario.







