El Presidente y el PJ

El flamante mandatario excluyó de su discurso toda referencia del peronismo.

27 Mayo 2003
BUENOS AIRES.- El mensaje presidencial ha provocado en el partido oficialista algunas reflexiones que los más conservadores del viejo estilo tardarán en superar. Especialmente la exclusión de toda referencia o cita del PJ y de las consignas y nombres históricos, sin los cuales no había tradicionalmente certificado de origen y lealtad. Por añadidura, sólo hubo en el discurso un período concreto fuertemente descalificado, y fue el de Carlos Menem, de quien su rival máximo, Eduardo Duhalde, temía que pudiera imponerse en la interna partidaria y, por ello, maniobró para impedirlo y lo consiguió. Esa deliberada abstención de Néstor Kirchner, más su recurrencia predominante al modelo constitucional y a la seguridad jurídica como condicionantes de su gestión, han sido datos ausentes de la totalidad de análisis y comentarios leídos y escuchados. Al privilegiar el marco constitucionalista de sus futuras decisiones, el Presidente agregó otro matiz o advertencia que sus correligionarios deberán tener en cuenta. "Utilizaremos -dijo- los instrumentos que la Constitución y las leyes contemplan para construir y expresar la voluntad popular". Kirchner aludió con ello al mecanismo de la consulta popular previsto por el artículo 40 de la Ley Suprema, ante eventuales resistencias parlamentarias.

La otra presidencia
Otro punto inadvertido en los recientes días y que debe relacionarse con esos matices del mensaje, es el esperado acuerdo sobre la presidencia del PJ. Duhalde insistió una semana antes de dejar el gobierno en que no aceptaría cargos públicos ni partidarios de carácter ejecutivo en el futuro. Con anterioridad, su sucesor manifestó sin rodeos que no aspira a presidir el partido, porque lo considera perturbador de su gestión al frente del gobierno. Ambas funciones fueron tradicionalmente coincidentes desde el fundador del peronismo y, si bien la crisis forzó a Duhalde a tolerar la presencia de Menem en el Consejo Superior Justicialista, le impuso la fuerza del congreso partidario para anular todas sus decisiones. Este es un capítulo plagado de incógnitas que deberá resolverse mediante la rectificación de Duhalde o de Kirchner, pues en el justicialismo no es posible políticamente una jefatura delegada.

Distracción
La naturaleza política del personaje impidió que Fidel Castro respondiera en espacio abierto y franco a sus entusiastas admiradores. Vidrios polarizados y numerosos guardaespaldas cubanos desalentaron toda esperanza.
Quien tuvo más suerte fue el alcalde porteño, Aníbal Ibarra, que pudo condecorarlo y señalarle: "es uno de los hombres más respetados del mundo y tendrá siempre el reconocimiento de la Argentina".
Seguramente que ese discurso puede costarle algo al candidato Ibarra en el distrito federal, donde se impuso con holgura Ricardo López Murphy en la primera vuelta del ballottage. (De nuestra Sucursal)

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